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viernes, 3 de abril de 2015

Perturbadora tragedia sobre males sistémicos


Tenía amplias expectativas por ver la cinta Leviatán (Leviathan, 2014), pues cargaba consigo el visto bueno de la crítica internacional (casi de manera unánime), además de que había conseguido muchos reconocimientos en los certámenes en los que había sido presentada y, sobre todo, porque en su ficha técnica aparece el nombre del director Andrey Zvyagintsev, alguien que hace unos años me dejó la mejor impresión con el filme Elena (2011), siendo éste un drama familiar urbano de la Rusia contemporánea, en donde una madre era puesta entre la espada y la pared, teniendo que decidir sobre el bienestar de su pareja o el de su vago hijo, cinta cuya atmósfera parca y realista se iba enturbiando cada vez más conforme avanzaba el metraje; película con formas “tarkovskianas” y aires “shakesperianos” de fondo.

sábado, 10 de septiembre de 2011

‘Alexander Nevsky’ y ‘La soga’: dos reflexiones acerca del montaje


Dos de los más grandes directores de la historia del cine orientaron sus prácticas artísticas al desafío y análisis técnico de un arte en continuo proceso evolutivo.

Sergei M. Eisenstein y Alfred Hitchcock, cada uno desde un polo industrial e ideológico, heterogéneo en materia de producción cinematográfica, lograron ajustarse a los parámetros establecidos en sus contextos respectivos para dotar a cada una de sus obras de esas inquietudes y conceptualizaciones que les generaba el arte de la imagen en movimiento (todavía en formación), hasta convertirse en dos creadores seminales de lo que hoy vemos en nuestras pantallas, no sólo en la industria del cine, sino en el todo audiovisual. Eisenstein, permanentemente acotado por los ministros de cine en el ya establecido régimen estalinista, y Hitchcock, ajustado a una industria hollywoodense que le exigía tener el tacto preciso para que sus cintas fueran del agrado masivo, superaron sus respectivos obstáculos, aunque el soviético menos prolífico que el británico.