Tenía amplias expectativas
por ver la cinta Leviatán (Leviathan, 2014), pues cargaba consigo
el visto bueno de la crítica internacional (casi de manera unánime), además de
que había conseguido muchos reconocimientos en los certámenes en los que había
sido presentada y, sobre todo, porque en su ficha técnica aparece el nombre del
director Andrey Zvyagintsev, alguien que hace unos años me dejó la mejor impresión
con el filme Elena (2011), siendo
éste un drama familiar urbano de la Rusia contemporánea, en donde una madre era
puesta entre la espada y la pared, teniendo que decidir sobre el bienestar de
su pareja o el de su vago hijo, cinta cuya atmósfera parca y realista se iba
enturbiando cada vez más conforme avanzaba el metraje; película con formas “tarkovskianas”
y aires “shakesperianos” de fondo.
