martes, 19 de enero de 2016

Drama introspectivo; rara avis del cine mexicano


En ocasiones, los relatos cinematográficos ostentan su peso más en el “cómo” se cuentan que en el “qué” de las historias retratadas.

Por mencionar, me remonto al cine clásico de Hollywood y tomo como muestra El sueño eterno de Howard Hawks (1946), filme en el que se establece una intriga policiaca enredosa como pocas, que quizás como historia en bruto dejaría a más de uno confundido; pero es la manera en la que se abordan los hechos expuestos la que marca el punto y aparte que supone la cinta, con una armonía precisa que desemboca en lo que hoy conocemos como todo un clásico en la historia del cine negro, con deliciosos diálogos que encumbraron en la cima del género a los inimitables Humphrey Bogart y Lauren Bacall.

Contraponiéndose a lo anteriormente mencionado, retomo esa inmensa película que es Sueño de fuga (Frank Darabont, 1994), drama carcelario en donde los recursos estilísticos o propuestas formales se dejan un tanto de lado en nombre de la solvencia narrativa, en una sucesión de hechos que en sí mismos dan al espectador claves que paulatinamente ganan en transferencia de sentimientos y en magnetismo.
Carmín tropical

Luego de su estreno oficial en el Festival de Cine de Morelia 2014, este 2015 llegó a las salas de cine la cinta mexicana Carmín tropical, segundo largometraje de ficción del cineasta Rigoberto Perezcano.

En la cinta seguimos los pasos de Mabel (José Pecina), un muxe (expresión regional que hace referencia a los travestis o transexuales) que regresa a su pueblo natal Juchitán, Oaxaca, para dar seguimiento al violento asesinato de una entrañable amiga de su pasado. Sin embargo, el retorno de Mabel a su comunidad de origen representa también una vuelta a sus recuerdos, a retomar algunos de los episodios más relevantes que integran su formación vital.

Es posible que la premisa trazada en Carmín tropical nos invite a pensar que estaremos ante un thriller en estricto sentido. Sin embargo, los códigos del género lucen más como un pretexto para acompañar al protagonista en una suerte de periplo introspectivo, que nos irá brindando lo mismo una configuración antropológica de la cultura muxe que el desarrollo de un muy sutil drama personal, mostrándonos en paralelo la pesquisa que el personaje central realiza en torno al crimen mencionado.

Hay rigor por parte del director y guionista Perezcano en el establecimiento de una narración que no deja cabos sueltos, pero que tiene su principal virtud en las conseguidas atmósferas dadas principalmente por la quietud espacial retratada, junto con la profundidad existencial manifestada por un protagonista que brinda un trabajo inmejorable.

El fluir de la cinta se corresponde con la ópera prima del propio Perezcano, Norteado (2009), en aquella ocasión incursionando en las profundidades expresivas del ser a través del realismo cinematográfico, tendiendo en el caso de Carmín tropical a tocar fibras líricas a través de algunos aspectos cotidianos, junto con la reiterativa puesta en imagen de los recuerdos del protagonista.

El halo nostálgico y la voz en off constantes de la cinta me recuerdan en el mejor de los sentidos a algunas esencias propias de las películas de Wong Kar-wai (Happy Together, 1997), aunque enmarcándose dentro del filme en cuestión en el universo estrictamente personal del director.

Dado que en lo particular soy un espectador adepto a las estructuras propias del thriller, principalmente cuando éste se ciñe en torno a temáticas policíacas, he de decir que me quedé con ganas de más aspectos de la indagación del asesinato, reprochando también el que la gran sensación de suspenso conseguida en los minutos finales del filme no se prolongara durante más tiempo. Eso sí, yo no experimenté en todo caso sensaciones de traición dada alguna situación concluyente que parece haber causado polémica en los espectadores con quienes compartí sala.

Carmín tropical no es un filme estrictamente contemplativo, pero tampoco está sujeto exclusivamente al trazado de su historia; es más bien un drama introspectivo que queda circunscrito por el thriller, que termina recargándose más en el “cómo” que en el “qué”. Es una cinta que se encarama como una rara avis asentada con voz propia dentro de lo mejor que se ha filmado en el cine mexicano de los últimos años.

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