En ocasiones, los relatos
cinematográficos ostentan su peso más en el “cómo” se cuentan que en el “qué”
de las historias retratadas.
Por mencionar, me remonto al
cine clásico de Hollywood y tomo como muestra El sueño eterno de Howard Hawks (1946), filme en el que se
establece una intriga policiaca enredosa como pocas, que quizás como historia
en bruto dejaría a más de uno confundido; pero es la manera en la que se abordan
los hechos expuestos la que marca el punto y aparte que supone la cinta, con
una armonía precisa que desemboca en lo que hoy conocemos como todo un clásico
en la historia del cine negro, con deliciosos diálogos que encumbraron en la
cima del género a los inimitables Humphrey Bogart y Lauren Bacall.
Contraponiéndose a lo
anteriormente mencionado, retomo esa inmensa película que es Sueño de fuga (Frank Darabont, 1994), drama
carcelario en donde los recursos estilísticos o propuestas formales se dejan un
tanto de lado en nombre de la solvencia narrativa, en una sucesión de hechos
que en sí mismos dan al espectador claves que paulatinamente ganan en
transferencia de sentimientos y en magnetismo.
Carmín tropical
Luego de su estreno oficial en
el Festival de Cine de Morelia 2014, este 2015 llegó a las salas de cine la
cinta mexicana Carmín tropical,
segundo largometraje de ficción del cineasta Rigoberto Perezcano.
En la cinta seguimos los
pasos de Mabel (José Pecina), un muxe
(expresión regional que hace referencia a los travestis o transexuales) que
regresa a su pueblo natal Juchitán, Oaxaca, para dar seguimiento al violento asesinato
de una entrañable amiga de su pasado. Sin embargo, el retorno de Mabel a su
comunidad de origen representa también una vuelta a sus recuerdos, a retomar
algunos de los episodios más relevantes que integran su formación vital.
Es posible que la premisa
trazada en Carmín tropical nos invite
a pensar que estaremos ante un thriller
en estricto sentido. Sin embargo, los códigos del género lucen más como un
pretexto para acompañar al protagonista en una suerte de periplo introspectivo,
que nos irá brindando lo mismo una configuración antropológica de la cultura muxe que el desarrollo de un muy sutil drama
personal, mostrándonos en paralelo la pesquisa que el personaje central realiza
en torno al crimen mencionado.
Hay rigor por parte del
director y guionista Perezcano en el establecimiento de una narración que no
deja cabos sueltos, pero que tiene su principal virtud en las conseguidas
atmósferas dadas principalmente por la quietud espacial retratada, junto con la
profundidad existencial manifestada por un protagonista que brinda un trabajo
inmejorable.
El fluir de la cinta se
corresponde con la ópera prima del propio Perezcano, Norteado (2009), en aquella ocasión incursionando en las
profundidades expresivas del ser a través del realismo cinematográfico,
tendiendo en el caso de Carmín tropical
a tocar fibras líricas a través de algunos aspectos cotidianos, junto con la
reiterativa puesta en imagen de los recuerdos del protagonista.
El halo nostálgico y la voz en
off constantes de la cinta me recuerdan en el mejor de los sentidos a algunas
esencias propias de las películas de Wong Kar-wai (Happy Together, 1997), aunque enmarcándose dentro del filme en
cuestión en el universo estrictamente personal del director.
Dado que en lo particular
soy un espectador adepto a las estructuras propias del thriller, principalmente cuando éste se ciñe en torno a temáticas policíacas, he de decir que me quedé con ganas de más aspectos de la indagación
del asesinato, reprochando también el que la gran sensación de suspenso
conseguida en los minutos finales del filme no se prolongara durante más tiempo.
Eso sí, yo no experimenté en todo caso sensaciones de traición dada alguna situación
concluyente que parece haber causado polémica en los espectadores con quienes
compartí sala.
Carmín tropical no es un filme estrictamente
contemplativo, pero tampoco está sujeto exclusivamente al trazado de su
historia; es más bien un drama introspectivo que queda circunscrito por el thriller, que termina recargándose más
en el “cómo” que en el “qué”. Es una cinta que se encarama como una rara avis asentada con voz propia dentro
de lo mejor que se ha filmado en el cine mexicano de los últimos años.

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