martes, 19 de enero de 2016

Estimable y llano entretenimiento


Para algunos nostálgicos del cine con letras mayúsculas, la obra de Ridley Scott siempre quedará asociada a títulos clásicos como Alien, el octavo pasajero (1979) o Thelma & Louise (1991); qué decir de ese monumento a la ciencia ficción que representa Blade Runner (1982).

Sin embargo, en las más de veinte películas que componen el universo fílmico de Scott, se pueden encontrar cintas que a lo mucho causan indiferencia, como La caída del halcón negro (2002) o El abogado del crimen (2013).

De esta forma, uno cuando lee “la nueva película de Ridley Scott” sabe que se atiene a que el producto en cuestión pueda ser de una variedad muy amplia.
Misión rescate

Este año, el también director de ese título soporífero que me resultó Gladiador (2000) presentó al mundo su más reciente película, Misión Rescate (The Martian, 2015), filme en el que el cineasta británico retoma el tema de los viajes espaciales tras la muy mediana Prometeo (2012).

En Misión rescate seguimos a una expedición de la NASA que viaja al planeta Marte, sitio en el que, de manera accidental, uno de sus integrantes (Matt Damon) es dejado erróneamente por sus compañeros, quienes lo creían muerto. Ahí, el personaje principal -especialista en botánica- tendrá que ingeniárselas para sobrevivir en tanto se buscan los medios adecuados para rescatarlo desde la Tierra.

Así, la trama de la película se desarrolla a través de dos vías: por un lado, el ingenio que va demostrando el astronauta varado en territorio marciano para generar condiciones que le permitan sobrevivir (alimentos y un espacio propicio para desenvolverse); por otro lado, atendemos a una serie de problemáticas suscitadas desde los lares terrestres, en los que incidencias administrativas, políticas y técnicas habrán de ser superadas para salvar al personaje encarnado por Damon.

Más allá de ser estrictos con la verosimilitud que pudiera o no tener el texto fílmico (al final es una ficción y todo se vale), Misión rescate me dejó sensaciones ambivalentes; positivas, en tanto que fue una cinta que me mantuvo entretenido durante las más de dos horas que comprenden su metraje; y negativas, dada la carencia de profundidad de la narración.

Evidentemente nadie esperaba que en Misión rescate se plasmaran ideas tan reflexivas como aquellas que pueden encontrarse en cintas como 2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968) o Solaris (Andrei Tarkovsky, 1972), pero vaya que se echan de menos propuestas algo más introspectivas como lo sugerido en ese correcto filme que es Moon (Duncan Jones, 2009), en donde se exploraba el cariz solitario de un astronauta aislado de todo contacto humano y las repercusiones propiciadas a partir de esta situación.

Y es que precisamente el mal sabor de boca viene dado desde la incuestionable seguridad que tiene el personaje de Matt Damon sobre su propia salvación, obviando cualquier posibilidad de dudar por parte del espectador; y, más allá del “se salvará o no”, tampoco vemos alguna reacción psicológica del protagonista dada la situación límite que se plantea. En todo caso, la mayor dosis dramática que se presenta en la cinta son una serie de disyuntivas planteadas desde la propia NASA, en donde se orilla al personal a tomar una serie de decisiones que, si bien transgreden circunstancias operativas, éstas van de acuerdo a lo que moralmente cualquier persona con un ápice de humanidad resolvería (rescatar a un semejante); aderezado lo anterior con una serie de tópicos que coquetean con fastidiosos rasgos de superación personal, trabajo en equipo y demás convenciones. 

En otras palabras, no veo en Misión rescate una necesidad por escudriñar sobre un tema en concreto, simplemente percibo un ímpetu por relatar alguna anécdota que en sí es entretenida, pero que no va más allá de la superficialidad.


Acaso Misión rescate me plantea reflexiones que no tienen que ver directamente con lo que su origen establece, más bien provoca que me cuestione autodefiniciones sobre lo que debe o no ser la apreciación cinematográfica. Y, en este sentido, me respondo que tengo muy claro lo que busco al ver una película: reflexionar, emocionarme y, desde el punto de vista más banal, entretenerme. Pues esta cinta me entretuvo mucho, pero poco más.

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