viernes, 10 de julio de 2015

Obra mayor del cine contemporáneo


El cine producido en Corea del Sur, por lo menos de 15 años a la fecha, me ha dejado el mejor sabor de boca en tanto a la industria fílmica de ese país, compaginando las convenciones probadas y funcionales del cine comercial estadounidenses, sumándose a ello la capacidad artística que los propios realizadores dejan patente, acaso dando cuenta del sentido espiritual y de un rigor en las formas de expresión emanadas de la propia cultura surcoreana, mismas que dotan a las cintas filmadas en el periodo referido (al menos las no muchas que este quien escribe ha visto) de una genuina particularidad de vanguardia alejada de cualquier consideración superflua.
Traigo a la mesa títulos como Old Boy (Park Chan-wook, 2003), estilizado y potente thriller que puso en la brújula del cine de culto a las producciones del país en cuestión, filme aclamado y multipremiado por la crítica cinematográfica; The Host (Bong Joon-ho, 2006), relato de ciencia ficción en donde también aparecen esencias del cine clásico de terror, todo contado en clave de un delicioso realismo irónico; o El bueno, el malo y el raro (Kim Jee-woon, 2008), un modernizado y poco convencional western crepuscular encaramado como una satírica narración de aventuras que a lo menos te divierte.

The Chaser

Como parte de la revisión de cintas que uno va dejando en la lista de pendientes, en recientes días me deleite con el drama criminal The Chaser (Chugyeogja. Na Hong-jin, 2008), título que tras de sí llevaba algún premio menor del Festival de Cannes de su respectivo año, así como la valoración casi unánime de la crítica especializada por su calidad.

En The Chaser seguimos un proxeneta asentado en Seúl (Yun-seok Kim) quien, de pronto, se encuentra con la particular circunstancia de que sus empleadas comienzan a desaparecer una tras otra. Dando seguimiento al caso, nuestro protagonista descubre que uno de sus clientes (Jung-woo Ha) es un enfermo mental que se ha encargado de torturarlas y finalmente asesinarlas. Sin embargo, la última prostituta secuestrada (Yeong-hie Seo) aún se encuentra viva, por lo que será misión del personaje central ponerla a salvo.

Muy al estilo Hitchcock, el cineasta Na Hong-jin acierta con dar pronta resolución al caso; es decir, uno como espectador sabe quién es el culpable de los delitos y conoce el paradero de la secuestrada, por lo que el relato, que arranca como un thriller clásico, pronto transmuta en una narración más parecida al suspense, dando réditos emocionales a uno como espectador, alejándose de efectismos y situaciones de sorpresa efímera, priorizando un placentero sentido de permanente intriga sobre aquello que pasará o no con las variables presentadas, jugando así con un perfecto engranaje de elementos rodeados por una atmósfera visual y sonora que realmente te envuelve, dotando de connotaciones líricas a aspectos presentes en la “cotidianeidad” (como puede ser una persecución en medio de la lluvia citadina).

Y no conforme el director y coguionista de The Chaser con regalarnos una cinta de género bien llevada, se da a la tarea de criticar a las instituciones encargadas de procurar la justicia de su país, quedando maltratados desde los agentes de a pie hasta el propio alcalde de la ciudad, pasando por los fiscales, todos ellos comprometiendo el desahogo del caso en cuestión en nombre de situaciones propias del cálculo político (que si no pueden arrestar al probado culpable porque ya antes la misma administración lo había dejado libre).

Mención honorífica también a las labores del trazado de varios de los personajes principales; ahí está un padrote que, inicialmente, vela por sus intereses estrictamente económicos, progresivamente mostrando dejos de humanidad al saber que la prostituta cautiva, aparte de ofrecer sexoservicio, ocupa el difícil rol de madre soltera de una niña que, por su parte, se muestra encantadora en tanto a la intuición que manifiesta desde su visión infantil en torno al corrompido mundo de los adultos.

No diré que con The Chaser’me llevé una grata sorpresa pues otros thrillers originados en Corea del Sur ya antes me habían dejado muy buenas sensaciones, principalmente aquella obra maestra titulada Memorias de un asesino (Bong Joon-ho, 2003), aunque sí he de reconocer que, conforme voy adentrándome a la filmografía de distintos creadores de aquel país, voy quedando más enganchado a una forma de narrar el cine estrictamente de género que, a su vez, destapa a grandes hacedores del arte de la imagen en movimiento.

Así, digo con certeza que The Chaser es una obra mayor del cine contemporáneo.

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