El cine producido en Corea
del Sur, por lo menos de 15 años a la fecha, me ha dejado el mejor sabor de
boca en tanto a la industria fílmica de ese país, compaginando las convenciones
probadas y funcionales del cine comercial estadounidenses, sumándose a ello la
capacidad artística que los propios realizadores dejan patente, acaso dando
cuenta del sentido espiritual y de un rigor en las formas de expresión emanadas
de la propia cultura surcoreana, mismas que dotan a las cintas filmadas en el
periodo referido (al menos las no muchas que este quien escribe ha visto) de una
genuina particularidad de vanguardia alejada de cualquier consideración superflua.
Traigo a la mesa títulos
como Old Boy (Park Chan-wook, 2003),
estilizado y potente thriller que
puso en la brújula del cine de culto a las producciones del país en cuestión, filme
aclamado y multipremiado por la crítica cinematográfica; The Host (Bong Joon-ho, 2006), relato de ciencia ficción en donde
también aparecen esencias del cine clásico de terror, todo contado en clave de
un delicioso realismo irónico; o El
bueno, el malo y el raro (Kim Jee-woon, 2008), un modernizado y poco
convencional western crepuscular encaramado como una satírica narración de
aventuras que a lo menos te divierte.
The
Chaser
Como parte de la revisión de
cintas que uno va dejando en la lista de pendientes, en recientes días me
deleite con el drama criminal The Chaser
(Chugyeogja. Na Hong-jin, 2008),
título que tras de sí llevaba algún premio menor del Festival de Cannes de su respectivo
año, así como la valoración casi unánime de la crítica especializada por su
calidad.
En The Chaser seguimos un proxeneta asentado en Seúl (Yun-seok Kim)
quien, de pronto, se encuentra con la particular circunstancia de que sus
empleadas comienzan a desaparecer una tras otra. Dando seguimiento al caso,
nuestro protagonista descubre que uno de sus clientes (Jung-woo Ha) es un
enfermo mental que se ha encargado de torturarlas y finalmente asesinarlas. Sin
embargo, la última prostituta secuestrada (Yeong-hie Seo) aún se encuentra
viva, por lo que será misión del personaje central ponerla a salvo.
Muy al estilo Hitchcock, el
cineasta Na Hong-jin acierta con dar pronta resolución al caso; es decir, uno
como espectador sabe quién es el culpable de los delitos y conoce el paradero
de la secuestrada, por lo que el relato, que arranca como un thriller clásico, pronto transmuta en
una narración más parecida al suspense,
dando réditos emocionales a uno como espectador, alejándose de efectismos y
situaciones de sorpresa efímera, priorizando un placentero sentido de permanente
intriga sobre aquello que pasará o no con las variables presentadas, jugando
así con un perfecto engranaje de elementos rodeados por una atmósfera visual y
sonora que realmente te envuelve, dotando de connotaciones líricas a aspectos
presentes en la “cotidianeidad” (como puede ser una persecución en medio de la lluvia
citadina).
Y no conforme el director y
coguionista de The Chaser con
regalarnos una cinta de género bien llevada, se da a la tarea de criticar a las
instituciones encargadas de procurar la justicia de su país, quedando
maltratados desde los agentes de a pie hasta el propio alcalde de la ciudad,
pasando por los fiscales, todos ellos comprometiendo el desahogo del caso en cuestión
en nombre de situaciones propias del cálculo político (que si no pueden
arrestar al probado culpable porque ya antes la misma administración lo había
dejado libre).
Mención honorífica también a
las labores del trazado de varios de los personajes principales; ahí está un
padrote que, inicialmente, vela por sus intereses estrictamente económicos,
progresivamente mostrando dejos de humanidad al saber que la prostituta
cautiva, aparte de ofrecer sexoservicio, ocupa el difícil rol de madre soltera
de una niña que, por su parte, se muestra encantadora en tanto a la intuición
que manifiesta desde su visión infantil en torno al corrompido mundo de los
adultos.
No diré que con The Chaser’me llevé una grata sorpresa
pues otros thrillers originados en
Corea del Sur ya antes me habían dejado muy buenas sensaciones, principalmente
aquella obra maestra titulada Memorias de
un asesino (Bong Joon-ho, 2003), aunque sí he de reconocer que, conforme
voy adentrándome a la filmografía de distintos creadores de aquel país, voy
quedando más enganchado a una forma de narrar el cine estrictamente de género
que, a su vez, destapa a grandes hacedores del arte de la imagen en movimiento.
Así, digo
con certeza que The Chaser es una obra mayor del cine
contemporáneo.

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