El cine producido en Corea
del Sur, por lo menos de 15 años a la fecha, me ha dejado el mejor sabor de
boca en tanto a la industria fílmica de ese país, compaginando las convenciones
probadas y funcionales del cine comercial estadounidenses, sumándose a ello la
capacidad artística que los propios realizadores dejan patente, acaso dando
cuenta del sentido espiritual y de un rigor en las formas de expresión emanadas
de la propia cultura surcoreana, mismas que dotan a las cintas filmadas en el
periodo referido (al menos las no muchas que este quien escribe ha visto) de una
genuina particularidad de vanguardia alejada de cualquier consideración superflua.
