sábado, 21 de diciembre de 2013

Onanismo, sexo y soledad


En mi recorrido por la cartelera comercial me encontré con la cinta Un atrevido Don Juan (Don Jon), ópera prima del actor estadounidense Joseph Gordon-Levitt, un histrión que no necesariamente es mal intérprete pero al que no aguanto mucho tiempo en pantalla, principalmente por ese matiz de joven simpático que permanentemente expresa, algo que concretamente le vi en la sobrevalorada película 500 días con ella (Marc Webb, 2009). De hecho, los trabajos en los que me parece que está mejor es en los que aparece como actor de reparto, en títulos como El origen (Christopher Nolan, 2010) o Lincoln (Steven Spielberg, 2012), en donde su exposición en pantalla no llega a empalagarme.

Por lo anterior y con un nulo conocimiento sobre el argumento de Un atrevido Don Juan, mis expectativas sobre la cinta escrita, dirigida y protagonizada por Gordon-Levitt no eran buenas; me esperaba en términos generales un filme edulcorado y con mucho protagonismo suyo.

Un atrevido Don Juan

La película trata de un joven treintañero, Jon (Gordon-Levitt), que vive solo en su departamento, que sale con sus amigos, que tiene sus encuentros con mujeres que le agradan (de ahí que se le tache de Don Juan) y que aparentemente materializa todos los sueños mundanos de la juventud; aunque, sumado a lo anterior, tiene una obsesión: los videos porno. El tipo (siempre en voz en off) nos va contando, a manera de revelación del «Ello» psicoanalítico, todas sus opiniones sobre el sexo, las razones por las cuales prefiere masturbarse viendo videos pornográficos en vez de tener relaciones sexuales con personas reales.  Sin embargo, se encontrará con dos mujeres antitéticas: una que simboliza la superficialidad y la más banal de las cosmovisiones de la realidad (Scarlett Johansson), y otra que representa el despojo por todo aquello socialmente impuesto, la contraparte de la belleza masivamente establecida (Julianne Moore). Jon irá descubriendo a través de ellas su lado más humano.


Inevitablemente, la historia de Un atrevido Don Juan me llevó a recordar ese desgarrador título dirigido por el cineasta británico Steve McQueen, Shame (2011), en donde estábamos también ante la figura de un solitario joven con una vida aparentemente modélica (departamento en Nueva York, un buen trabajo, atractivo), interpretado de manera soberbia por Michael Fassbender, igualmente obsesionado con el sexo, aunque en este caso sobrepasaba el visionado de pornografía en Internet, estábamos ante un hombre que expresaba su condición lujuriosa en el trabajo, en el metro, en antros de todo tipo y en el baño de su casa.

Shame, un inevitable referente

Un atrevido Don Juan» y Shame, utilizando formas distintas, nos hablan del hombre de hoy, de la juventud tendiente a hacerse cada vez más solitaria, a desmoralizar y retirar cualquier interpretación simbólica del sexo, quedando este acto como una mera expresión del deseo carnal.

En Un atrevido Don Juan, Joseph Gordon-Levitt nos presenta a su personaje adicto al porno en tono de la comedia romántica, haciendo una revisión introspectiva y sobre todo honesta (quién sabe si proyectándose él mismo o haciendo consciencia de la realidad social), con una agilidad narrativa notable que demuestra que en la dirección hay una persona que sabe del lenguaje fílmico, también con un ritmo en el montaje destacado. Este filme de Gordon-Levitt también me recuerda un poco a Sofía Coppola (Perdidos en Tokio, 2000), sobre todo a una película suya que vi este mismo año, Ladrones de la fama (The Bling Ring), en donde igualmente se exponía a la juventud (en este caso a una juventud adolescente) desde el punto de vista de sus intereses y sus modos de vida, en donde también la existencia de las redes sociales y en general del Internet jugaban un papel clave, teniendo similitudes en su forma de narrar, poniendo en pantalla indiscriminadamente elementos populares de la vida contemporánea, más allá de que en el caso de la película de Coppola no me interesara mucho el universo del cual me hablaba.

Contrario a los elementos formales de Un atrevido Don Juan, en Shame el director Steve McQueen (no confundir con el actor estadounidense protagonista de Los siete magníficos) se esmera en mostrar imágenes perfectas en su composición, con una estilización simétrica de cada plano, ocupándose más en hacernos sentir el drama de su protagonista con momentos de mucha potencia emocional, mostrándonos alguna tragedia existencial que el personaje central comparte con su hermana (Carey Mulligan), mujer que también deja ver signos de tortura vital. En lo personal me parte el alma la secuencia en la que Mulligan canta New York, New York, alternando imágenes de los rostros quebrados de esos dos hermanos, hasta que el personaje al que da vida Fassbender derrama alguna lágrima, lo cual nos indica que esa fijación al sexo del personaje central debe tener orígenes no necesariamente agradables.


Prefiero Shame sobre Un atrevido Don Juan porque, aparte de contarme competentemente esa enfermiza obsesión por el sexo de su protagonista, hace que me broten muchas emociones, principalmente de tristeza, algo por lo cual amo al cine. Asimismo, el magnetismo de Michael Fassbender como actor me parece superior al sobre retratado Joseph Gordon-Levitt. Eso sí, Un atrevido Don Juan revela que Gordon-Levitt es un hombre que tiene cosas que contar y que lo sabe hacer a través de la imagen en movimiento; probablemente sea más afín a su talento como director que como actor.

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