Uno de los cineastas más
controvertidos, tanto por su trabajo estrictamente fílmico como por su
desenvolvimiento personal, es Lars von Trier. El cineasta danés dio de qué
hablar desde mediados de los años 90 cuando, en conjunto con su compatriota
Thomas Vinterberg y otros cineastas, hizo el manifiesto «Dogma 95», mismo que
enlistaba algunas reglas en cuanto a producción cinematográfica que habían de
seguirse para realizar cine en estado puro (según ellos). Finalmente, casi
nadie le dio continuidad al movimiento del «Dogma», pero sí quedó claro que von
Trier estaba destinado a transgredir las reglas y cánones del cine,
manifestándose como una secuela rupturista de lo que en su momento fue la
«Nueva Ola Francesa» (años 60).
De von Trier he revisado buena parte de su filmografía. Están sus obras iniciales, El Elemento del Crimen (1984) y Epidemic (1987), un par de thrillers muy particulares; el primero cuenta las peripecias de un detective de la policía que a partir de la hipnosis intenta dar respuesta a un asesinato y, en el segundo, damos seguimiento al proceso creativo de un guionista y un director de cine que de pronto ven sus ideas materializadas en la realidad. En 1996 presentó la que para mí fue una de sus obras más completas, Rompiendo las Olas, estremecedor drama romántico que entrecruza las líneas de la pasión con la divina devoción, filmado con cámara en mano (destaca enormemente la interpretación de Emily Watson). Luego vino un provocador experimento titulado Los Idiotas (1998), su única película «Dogma», que hace apología al lado bueno de la demencia, filmada con muy pocos recursos materiales; luz natural, cero efectos visuales ni maquillaje y en escenarios reales. No fue sino hasta el año 2000 cuando von Trier definitivamente irrumpió a nivel internacional, con el drama musical Bailando en la Oscuridad, obra que retrata acertadamente la desgracia de una emigrante europea en los Estados Unidos, protagonizada por la artista pop Björke; un filme que lo mismo te conmueve y te remueve. En orden cronológico, la siguiente película que he visto del director es Dogville (2003), obra que a sus seguidores les encanta por su «originalidad visual» (los espacios físicos están marcados con gis en el piso, a manera teatral), pero que a mí nunca me enganchó, a pesar de la muy buena interpretación de Nicole Kidman; y no he visto la secuela de Dogville, Manderlay (2005), que va más o menos de lo mismo.
Von Trier en estado de gracia
En 2009, Lars von Trier
irrumpió en el Festival de Cannes con la cinta «Anticristo», una obra que se
llevó muchos abucheos en aquel encuentro dadas las muy polémicas y sugerentes
imágenes que muestra el filme.
«Anticristo» trata de una
pareja (Willem Dafoe y Charlotte Gainsbourg) que, tras perder a su pequeño hijo, comienzan a asumir la etapa del
duelo. Él es psicólogo y trata de ayudar a su esposa que luce trastornada pero,
a medida que transcurre la película, la relación conyugal se va volviendo cada
vez más ríspida, por lo que deciden ir a una casa de campo en la que el
personaje que interpreta Dafoe buscará rehabilitar a Gainsbourg. Pero la mujer
comienza a dar signos de que su conducta no tiene que ver mucho con problemas
mentales, más bien se relaciona con un cambio de percepción sobre los valores,
fomentado esto a partir de una investigación que realizó sobre la violencia
contra las mujeres.
En esta cinta, von Trier te
altera, tanto con el poderío de sus imágenes como por el terrible planteamiento
sobre la violencia que hace, diciéndonos a los espectadores que podemos llegar
a tocar los límites más insospechados de la maldad. Y no estoy de acuerdo con
aquellos que tachan de pretencioso al director, ya que la película te va
mostrando sinérgicamente un progreso en la perversión del personaje femenino,
en la que tienen mucha cabida quizás las dos escenas más impactantes del filme:
cuando Dafoe eyacula sangre y cuando Gainsbourg se corta el clítoris con unas
tijeras. Eso sí, las mencionadas escenas contrastan con la belleza del prólogo
y epílogo de la película.
Luego de Anticristo, von Trier presentó en 2011 Melancolía, poniendo en la misma línea
el impacto psicológico y el visual. La película nos cuenta, de manera paralela,
la celebración de una boda (Kirsten Dunst se casa con Alexander Skarsgård), al
tiempo que un planeta (epónimo de la película) se acerca a la tierra, con un
inminente destino de colisión.
Melancolía
para mí es el cenit cinematográfico de Lars von Trier. El cineasta es capaz con
esta cinta de incomodarte, de maravillarte visualmente, de transmitirte todas
esas emociones que desprenden esas dos maravillosas actrices, Kirsten Dunst y
Charlotte Gainsbourg, que la hacen de hermanas; te crea una atmósfera de angustiosa
tensión, tanto por las relaciones personales como por el inminente apocalipsis
terrestre. El cineasta te hipnotiza por ese empleo acertado de todos los
recursos fílmicos; el casting, la fotografía, la música (hay piezas
maravillosas de Richard Wagner), los efectos especiales y la estilística
dirección. Para mí esta cinta se encuentra en lo más alto del cine.
En conjunto, veo que von
Trier, tanto con Anticristo como con Melancolía, a pesar de que la estaba
pasando muy mal a nivel personal (recayó en depresiones que sufre desde niño), refleja
una madurez creativa que poco tiene que ver con sus afanes rupturistas de hace
un tiempo, por más de que los temas que propone puedan ser en determinado
momento polémicos, pero que no apelan a una modernez superficial o a un deseo
de provocación banal.
Yo, por lo pronto, producto
del perdurable buen recuerdo que me han dejado Anticristo y Melancolía,
añoro ver su nueva cinta, Nymphomaniac,
misma que tendrá su estreno comercial en el mes de diciembre, en Dinamarca.


Horripilante película Anticristo , de pesadilla .
ResponderEliminarArmando .