sábado, 19 de octubre de 2013

El romance más lírico que ha dado el cine


Hace unas semanas volví a ver el filme Chungking Expreess, del cineasta chino Wong Kar-Wai. Este hecho me motivó para darle nuevamente una revisada a su filmografía, que no es del todo prolífica (alcanza los 10 largometrajes en el trascurso de casi 20 años), pero que sí tiene un gran valor histórico-cinematográfico.

Si bien las películas de Wong Kar-Wai siempre tienen algún detalle que no les permite estar dotadas de redondez plena, sobre todo a nivel del guión (en la consistencia de la trama) y tomando como referencia los estándares narrativos más clásicos, su obra tiene peso y valía en cuanto a su propio universo, con ciertos códigos que hacen de este cineasta un artista auténtico.
Desde sus primeros largometrajes, con títulos como la violenta pero cadenciosa As Tears go By (1988) o la poética pero un tanto fría Days of Being Wild (1990), el cineasta desvelaba sus gustos temáticos, narrativos y formales, en principio disfrazados del cine más comercial de Hong Kong, aunque denotando un enfoque autoral perceptible. 1994 sería un año clave para Wong Kar-Wai pues llegó su primer fracaso comercial con el filme épico de artes marciales Ashes of Time, aunque, en ese mismo año, vio la luz su primera cinta que lo catapultó al espectro del cine internacional, la ya mencionada Chungking Expreess, con uno de los arranques más potentes que yo recuerde en la historia del cine (una persecución de un policía entre las calles del Hong Kong globalizado, con la premonición de una historia de amor profunda pero fugaz). Luego vendrían las cintas Fallen Angels (1995), estupendo thriller con mucha comedia contenida, así como el particularísimo drama romántico de dos chinos en Buenos Aires, Happy Together (1997).


El antes y el después en la filmografía de Wong Kar-Wai llegó en el año 2000, con el título In The Mood For Love (Deseando Amar en México) —obra en la que me detendré—, seguida de 2046 (2004), acaso su más grande propuesta estética; My Blueberry Nights (2007), su primera incursión en Hollywood; y su más reciente título, The Grandmaster, estrenado en el Festival de Cine de Berlín a mediados de este 2013.

Deseando Amar

«Ella, tímida, inclinaba la cabeza para que él se acercara. A él le faltaba valor. Ella dio media vuelta y se alejó».

Enseguida de los créditos iniciales, Wong Kar-Wai establece por completo el relato de la película, dejándonos en claro que la sucesión narrativa no será lo trascendente en esta obra, más bien lo que le interesa al director es desgarrarnos el alma a partir del «cómo» más que del «qué».

Deseando Amar nos ubica en el Hong Kong de los años 60, cuando el señor Chow (Tony Leung Chiu Wai) y su esposa se mudan a un edificio en el que coinciden en su llegada con la señora Chan (Maggie Cheung) y su marido. El señor Chow labora en la redacción de un periódico y la señora Chan es secretaria de una empresa exportadora. Sus respectivas parejas también trabajan, incluso más que ellos, por lo que prácticamente no se les ve ni el polvo. Sin embargo, tanto el señor Chow como la señora Chan sospechan prácticas de infidelidad por parte de esposa y esposo, respectivamente, y esta condición, más la proximidad de sus domicilios, hará que tengan encuentros en donde despejarán ciertas dudas conyugales, así como también encontrarán un romance puro pero limitado.


Todo es soberbio en Deseando Amar: las estelarísimas interpretaciones de Tony Leung y Maggie Cheung llenan la pantalla, te enamoran, te provocan todo tipo de emociones, hacen que te pongas en la piel de los protagonistas, con una contención precisa que en verdad te envuelve en el romance; la exhaustiva fotografía del australiano Christopher Doyle (habitual de Kar-Wai), que requirió una mano de Mark Li Ping-Bing debido a la depuración y perfección que la imagen requería, es una cátedra en cuanto a composición y retrato justo del color; el exquisito diseño de arte de William Chang también resalta, siempre respetando el universo ambiental propuesto por el director, en donde incluso las prendas de vestir de los protagonistas tienen un peso cronológico en la narración; la música, a cargo del estadounidense Michael Galasso, tiene un valor fundamental en lo que se está narrando (como en todas las películas del cineasta chino), sirviendo de elemento preponderante para exponer estados de ánimo y momentos específicos en las atmósferas de la película, con temas que quedan en la memoria del espectador y que te remiten a una nostalgia lacrimógena total, principalmente ese vals icónico de la cinta, Yumeji's Theme (original del compositor japonés Shigeru Umebayashi); finalmente, está desde luego la dirección del maestro Wong Kar-Wai, seduciéndonos con la cámara, poniendo el ojo del espectador desde perspectivas que lo hacen en momentos testigo (viendo a los personajes como si los estuviéramos espiando) así como también partícipe del romance, retratando excelsos planos detalle que nos posicionan en la intimidad de los protagonistas.

No hay duda que, hasta hoy, Deseando Amar es la obra capital del cineasta nacido en Shanghái, principalmente por su tremenda vanguardia lírica al momento de retratar el romance, perfectamente concatenando los recursos sonoros y visuales, poniendo en trance al espectador, ya no considerando reglas ortodoxas sobre lo que sería narrativamente correcto o incorrecto, más bien dejándose llevar por la poesía audiovisual que propone el director.

Deseando Amar es una de las mejores películas de la historia, para mí equiparable a monumentales dramas románticos de la talla de Lo que el Viento se Llevó (Victor Fleming, 1939), Casablanca (Michael Curtiz, 1942) o Los Puentes de Madison (Clint Eastwood, 1995).

Quizás la historia que nos cuenta Deseando Amar sea un tanto corta, una simple trama de amor no correspondido, pero —reitero— la forma en la que Wong Kar-Wai cuenta este breve relato me deja paralizado, con un hueco en el alma, con unas infinitas ganas de llorar ese desamor que marca las vidas de los protagonistas.

Como anotación final, tengo que exaltar esos preciosos planos panorámicos del templo de Angkor Wat, en Camboya, acompañados de un tan delicioso como sufrido vals que cierran una memorable película.

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