Hace unas semanas volví a ver
el filme Chungking Expreess, del
cineasta chino Wong Kar-Wai. Este hecho me motivó para darle nuevamente una
revisada a su filmografía, que no es del todo prolífica (alcanza los 10
largometrajes en el trascurso de casi 20 años), pero que sí tiene un gran valor
histórico-cinematográfico.
Si bien las películas de
Wong Kar-Wai siempre tienen algún detalle que no les permite estar dotadas de redondez plena,
sobre todo a nivel del guión (en la consistencia de la trama) y tomando como
referencia los estándares narrativos más clásicos, su obra tiene peso y valía
en cuanto a su propio universo, con ciertos códigos que hacen de este cineasta
un artista auténtico.
El antes y el después en la filmografía
de Wong Kar-Wai llegó en el año 2000, con el título In The Mood For Love (Deseando
Amar en México) —obra en la que me detendré—, seguida de 2046 (2004), acaso su más grande
propuesta estética; My Blueberry Nights
(2007), su primera incursión en Hollywood; y su más reciente título, The Grandmaster, estrenado en el
Festival de Cine de Berlín a mediados de este 2013.
Deseando
Amar
«Ella, tímida, inclinaba la
cabeza para que él se acercara. A él le faltaba valor. Ella dio media
vuelta y se alejó».
Enseguida de los créditos
iniciales, Wong Kar-Wai establece por completo el relato de la película,
dejándonos en claro que la sucesión narrativa no será lo trascendente en esta
obra, más bien lo que le interesa al director es desgarrarnos el alma a partir
del «cómo» más que del «qué».
Deseando
Amar
nos ubica en el Hong Kong de los años 60, cuando el señor Chow (Tony Leung Chiu
Wai) y su esposa se mudan a un edificio en el que coinciden en su llegada con la
señora Chan (Maggie Cheung) y su marido. El señor Chow labora en la redacción
de un periódico y la señora Chan es secretaria de una empresa exportadora. Sus
respectivas parejas también trabajan, incluso más que ellos, por lo que
prácticamente no se les ve ni el polvo. Sin embargo, tanto el señor Chow como
la señora Chan sospechan prácticas de infidelidad por parte de esposa y esposo,
respectivamente, y esta condición, más la proximidad de sus domicilios, hará
que tengan encuentros en donde despejarán ciertas dudas conyugales, así como
también encontrarán un romance puro pero limitado.
Todo es soberbio en Deseando Amar: las estelarísimas
interpretaciones de Tony Leung y Maggie Cheung llenan la pantalla, te enamoran,
te provocan todo tipo de emociones, hacen que te pongas en la piel de los protagonistas,
con una contención precisa que en verdad te envuelve en el romance; la
exhaustiva fotografía del australiano Christopher Doyle (habitual de Kar-Wai), que
requirió una mano de Mark Li Ping-Bing debido a la depuración y perfección que la imagen requería, es una cátedra en cuanto a composición y retrato justo del color; el
exquisito diseño de arte de William Chang también resalta, siempre respetando el
universo ambiental propuesto por el director, en donde incluso las prendas de
vestir de los protagonistas tienen un peso cronológico en la narración; la
música, a cargo del estadounidense Michael Galasso, tiene un valor fundamental en lo que se está
narrando (como en todas las películas del cineasta chino), sirviendo de elemento preponderante para exponer estados de ánimo y momentos específicos en las atmósferas de la película, con temas que quedan en la memoria
del espectador y que te remiten a una nostalgia lacrimógena total,
principalmente ese vals icónico de la cinta, Yumeji's Theme (original del compositor japonés Shigeru Umebayashi);
finalmente, está desde luego la dirección del maestro Wong Kar-Wai,
seduciéndonos con la cámara, poniendo el ojo del espectador desde perspectivas
que lo hacen en momentos testigo (viendo a los personajes como si los estuviéramos
espiando) así como también partícipe del romance, retratando excelsos planos detalle que nos posicionan en la intimidad de los
protagonistas.
No hay duda que, hasta hoy, Deseando Amar es la obra capital del
cineasta nacido en Shanghái, principalmente por su tremenda vanguardia lírica
al momento de retratar el romance, perfectamente concatenando los recursos sonoros y visuales, poniendo en trance al espectador, ya no
considerando reglas ortodoxas sobre lo que sería narrativamente correcto o
incorrecto, más bien dejándose llevar por la poesía audiovisual que
propone el director.
Deseando
Amar
es una de las mejores películas de la historia, para mí equiparable a
monumentales dramas románticos de la talla de Lo que el Viento se Llevó (Victor Fleming, 1939), Casablanca (Michael Curtiz, 1942) o Los Puentes de Madison (Clint Eastwood,
1995).
Quizás la historia que nos
cuenta Deseando Amar sea un tanto
corta, una simple trama de amor no correspondido, pero —reitero— la forma en la
que Wong Kar-Wai cuenta este breve relato me deja paralizado, con un hueco en el
alma, con unas infinitas ganas de llorar ese desamor que marca las vidas de los
protagonistas.
Como anotación final, tengo
que exaltar esos preciosos planos panorámicos del templo de Angkor Wat, en
Camboya, acompañados de un tan delicioso como sufrido vals que cierran una
memorable película.



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