Uno cuando piensa en ver un
«thriller» (suspenso/intriga/emoción/misterio) siempre tiene sus referencias
marcadas. Están títulos de antología, calibre Perdición (1944), una apoteósica incursión al mundo del misterio,
la intriga y el crimen por parte de uno de los más grandes realizadores que ha
registrado la historia del cine, Billy Wilder. Aquel título es modélico por
donde se le vea; su atmósfera, su guión, sus interpretaciones (Fred MacMurray,
Barbara Stanwyck y Edward G. Robinson) y
la gran capacidad del director para mantenerte expectante durante todo el
metraje (en un registro similar, y con también maravillosos resultados, está el
drama judicial de 1957 del mismo Wilder, Testigo
de cargo). En cuanto a clásicos, es evidente que tenemos que hablar del
maestro del suspense, Alfred Hitchcock, que en cuestiones de misterio-intriga
como nadie esculpía cada una de sus obras, destacando quizás el mejor «thriller-psicológico»
de la historia, la monumental Vértigo
(1958).
En años más recientes
(digamos los últimos 20), hay muy dignos y bien conseguidos «thrillers» que se
me han quedado en la memoria. No se pueden obviar los que para mí son los dos
mejores títulos del género en la década de los 90: ambas de 1995, Sospechosos Comunes (Bryan Singer) y Seven (1995), la segunda con una
atmósfera hipnótica, son cintas que tienen ciertos paralelismos en su realización;
primeramente, esos finales inesperados, de aquellos que gratamente te
sorprenden y, por otro lado, la preponderante y clave interpretación de ese
gran actor llamado Kevin Spacey en las dos películas (¿casualidad?). Todavía en
años más cercanos, por supuesto que sobresale la excepcional El Secreto de sus Ojos (Juan José
Campanella, 2009), obra hecha a la manera de los mejores clásicos, con una
depuradísima dirección, un guión de esos que aparecen una vez cada tantos años
y la soberbia interpretación del argentino Ricardo Darín.
El Cuerpo
Si bien hablando de los
grandes «thrillers» clásicos no tengo la menor duda de aquellos que considero
como los mejores, cuando me aparece en cartelera una película española de
suspenso sí que tengo que hacer un ejercicio de memoria intenso, puesto que las
películas de España que más tengo en la cabeza casi siempre son dramas o de
cine de autor. Sin embargo, entrando en mi laberíntica memoria, me llegan
buenos recuerdos de títulos como Tesis
(Alejandro Amenábar, 1996) o una que no parece tanto española pero que lo es, El Maquinista (Brad Anderson, 2004), un
par de obras bien estructuradas, con la suficiente emoción y suspenso como para
mantenerte todo el tiempo pegado al asiento (destacadísima la sutileza formal
de la segunda).
A pesar de lo anterior, con
el título El Cuerpo (2012) me podía
esperar lo que fuera: no tenía ningún antecedente de su director, Oriol Paulo,
y francamente tampoco la tenía en el radar de los festivales de cine.
El
Cuerpo sigue la pista de la misteriosa desaparición del cadáver
de una millonaria recién fallecida (Belén Rueda), mismo que fue sustraído una
noche de la morgue. La investigación del caso corre a cargo de un trastornado inspector
de policía (José Coronado), quien tiene en la mira como principal sospechoso
del hurto, y hasta de un posible asesinato de la mujer, al esposo recién
enviudado (Hugo Silva), quien, paralelamente, vive una secreta historia de amor
con su amante (Aura Garrido). Sin embargo, conforme se va desarrollando la
trama, cada vez resulta más coherente pensar que la inicialmente fallecida no
lo esté, y que los hechos acontecidos sean parte de un plan maestro, cuyo
responsable habrá de desenmascararse con uno de esos finales inesperados.
Avance cinematográfico de El Cuerpo
A mi juicio, la principal
virtud de El Cuerpo es ese ritmo y atmósfera
tan bien logrados, que te mantienen atento durante toda la proyección, con
muchos momentos de suspenso acertados, tejiéndose una historia de interés
total, soportada por una excelsa fotografía, interpretaciones a la medida y,
sobre todo, una destacadísima composición desde la dirección.
Es cierto que El Cuerpo sigue todos los pasos
metodológicos de un «thriller» convencional, pero precisamente es ese desarrollo clásico lo que
la hace destacable. A pesar de ello, ese convencionalismo que señalo como
virtud también puede ser una falencia, porque si bien lo que se cuenta nunca
desfallece en el interés, también nos encontramos con las prácticas más
convencionales del suspenso, utilizando esas prolongados sonidos mesurados
interrumpidos estrepitosamente por otros sonidos efímeros pero de mayor
intensidad, asustando de manera gratuita al espectador. Digamos que tiene lo
bueno y lo malo de los «thrillers» más destacados. Finalmente, creo que el
guión que no está resuelto de manera adecuada. Sí estamos ante un final
inesperado, pero es inesperado debido a que tramposamente no se te presentan
todos los elementos de la historia desde el principio, como para uno tener la
posibilidad de deducirlo. De todos modos me parece que esta condición no mengua
la riqueza del desarrollo, por lo que yo me puedo decir satisfecho después de
haber visto El Cuerpo.

Muy buena, hace mucho que no veía pelis en este género y que me dejaran satisfecha!!!
ResponderEliminarmuy buena entrada a ver si tengo oportunidad de ver el cuerpo :D
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