Hablar de las películas
dirigidas por Alfonso Cuarón es inmiscuirse en una obra cuyos vasos
comunicantes son imperceptibles, en donde lo mismo te encuentras un título
fantástico que un drama dotado de realismo, sin temáticas ni formas fílmicas
que supongan una constante concreta. Al cineasta mexicano es imposible
inscribirlo en el llamado «cine de autor»; es más bien un director de esos que
no se ven, que han aprendido el oficio de dirigir cine pero que no tiene un
universo propio. A pesar de lo anterior, me parece que Cuarón es uno de esos creadores
que siempre llaman la atención, precisamente por las buenas hechuras de su
cine, al margen de cualquier tipo de experimentación o propuesta artística transgresora.
Gravedad
Estrenada en el Festival de
Cine de Venecia con un gran recibimiento por parte de la prensa especializada,
llegó a la cartelera mexicana la cinta Gravedad,
séptimo largometraje de ficción dirigido por Alfonso Cuarón.
La película sigue el periplo
espacial de los astronautas Stone (Sandra Bullock) y Kowalski (George Clooney),
trabajadores de la NASA que se ven inmiscuidos en aprietos ya que, mientras
reparaban algún satélite al exterior de su nave, una lluvia de fragmentos
espaciales compromete su integridad, dejándolos como seres perdidos en el
espacio, buscando sobrevivir con los pocos medios que les quedan.
Avance
cinematográfico de Gravedad
Veo como principales
virtudes de Gravedad la armonía entre
los elementos espaciales, la recreación del propio universo y el despliegue
coreográfico de las acciones, sumado a la intensidad narrativa que no decae a
pesar de que estamos durante la mayor parte del metraje en presencia sólo de una persona.
Los puntos adversos de la
cinta tienen que ver con los quemadísimos escenarios comunes del cine comercial:
en este caso en particular, me mosqueó mucho que haya sido la imprudencia de
los rusos la que provocó los desmanes cósmicos; que las letras chinas en una
nave espacial sean un elemento obstructor para las posibilidades de
sobrevivencia de la ingeniera Stone (estadounidenses buenos y los demás malos);
que se utilice el recurso onírico como un simple descanso para la trama (en detrimento
de la atmósfera conseguida); las constantes ganas de poner una moraleja como
sustento o fondo de la historia (que no invita a la reflexión sino que te dice
qué se debe hacer en la vida); junto con
el clásico final feliz que le quita, a mi juicio, ese rigor realista que
se había manejado durante toda la película. En otras palabras, una excelente
dirección con un guión bastante complaciente.
Otra circunstancia que me
fastidió fue el poco natural empleo del 3D, con planos y encuadres forzados,
con el único objetivo de que algunos objetos se vieran flotando en el espació
en dirección al espectador, como para que se aproveche esa nueva manera de
hacer/vender cine que es la tercera dimensión, un recurso que para mi gusto
está más ligado a una atracción propia de parques de diversiones que a la
esencia misma del cine. No he visto hasta hoy una película en la que esa
condición tecnológica haya hecho la diferencia.
Graveda
posee muchos referentes cinematográficos, entre los que destacan la lírica
estrictamente visual de obras cumbre como
2001: Odisea del espacio (Stanley
Kubrick, 1968), la tensión dramática espacial de Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979), la confrontación
del hombre contra la inmensidad natural retratada en Lawrence de Arabia (David Lean, 1962) o el ser humano inmerso en
situaciones límite como en Una aventura extraordinaria
(Ang Lee, 2012).
Lo que más gratamente me
dejó sorprendido en esta cinta fue el desenvolvimiento histriónico de Sandra
Bullock, una actriz que me caía mal hasta antes de Gravedad, la cual siempre me pareció inexpresiva, plástica, a quien
nunca le vi un papel memorable (y menos en esa panfletaria cinta por la cual
ganó el oscar: Un sueño posible,
2009). Acá desborda desesperación, sufrimiento, melancolía, sometimiento ante
la inmensidad del universo; realmente me enamora esa soledad que proyecta.
Desde luego, el trabajo en
la fotografía de Emmanuel Lubezki es perfecto, retrata inmejorablemente tanto
la tecnología como la inmensidad del espacio, la luz, la ausencia de luz y los
reflejos. La música de Steven Price también le da su toque envolvente a la
trama.
Seguramente, en Gravedad estamos ante grandes
acontecimientos tecnológicos en materia cinematográfica, pero lo que más
destaco es esa deliciosa narrativa que te mantiene atento durante toda la
película, contemplando la majestuosidad del espacio al mismo tiempo que recibes
en estado puro los estados de ánimo de la protagonista. Es la mejor película de
Alfonso Cuarón hasta hoy, no tengo duda.
Por cierto, no creo que Gravedad cumpla con las características
básicas para como para poderla nombrar en el género de la ciencia ficción, toda
vez que los elementos expuestos son ciencia pero no ficticia, es una
circunstancia que bien se podría experimentar en la realidad. Es un «drama del
espacio», en todo caso.

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