sábado, 2 de noviembre de 2013

La mejor película de Alfonso Cuarón


Hablar de las películas dirigidas por Alfonso Cuarón es inmiscuirse en una obra cuyos vasos comunicantes son imperceptibles, en donde lo mismo te encuentras un título fantástico que un drama dotado de realismo, sin temáticas ni formas fílmicas que supongan una constante concreta. Al cineasta mexicano es imposible inscribirlo en el llamado «cine de autor»; es más bien un director de esos que no se ven, que han aprendido el oficio de dirigir cine pero que no tiene un universo propio. A pesar de lo anterior, me parece que Cuarón es uno de esos creadores que siempre llaman la atención, precisamente por las buenas hechuras de su cine, al margen de cualquier tipo de experimentación o propuesta artística transgresora.
De sus películas, tengo el recuerdo lejano de su ópera prima, Sólo con tu pareja (1991), filme que trataba el tema del SIDA en clave de comedia negra. También, en la infancia, me tocó ver La princesita (1995), un drama infantil fantástico que le seguía la pista a una niña en un orfanato, que antes había sido aristócrata y que después le tocó vivir lavando ajeno. En 2001 le llegó el éxito a Cuarón con Y tu mamá también, el «road movie» juvenil que consagró en México a la parejita de moda de la anterior década en el cine nacional, Gael García Bernal y Diego Luna, pero de la que recuerdo con más agrado a Maribel Verdú, en una comedia dramática que tiene momentos flojísimos y hasta pueriles, y otros tantos de buen drama existencial. Cinco años después filmó Niños del hombre (2006), cinta de ciencia ficción que retrata un futuro distópico en el que la problemática planteada radica en que el ser humano ha perdido la capacidad de procrear vida (filme de muchas lecturas, por demás interesante). Para sorpresa de muchos, Alfonso Cuarón dirigió un corto documental titulado La doctrina del shock (2007), denunciando junto a la autora Naomi Klein las estrategias gubernamentales para manejar las crisis sociales en detrimento de la ciudadanía (básicamente un documento audiovisual de denuncia). Por cierto, la película de Cuarón que nunca vi fue Harry Potter y el prisionero de Azkaban (2004) que, según cuentan, es la mejor película de la saga del mago de las gafas.

Gravedad

Estrenada en el Festival de Cine de Venecia con un gran recibimiento por parte de la prensa especializada, llegó a la cartelera mexicana la cinta Gravedad, séptimo largometraje de ficción dirigido por Alfonso Cuarón.

La película sigue el periplo espacial de los astronautas Stone (Sandra Bullock) y Kowalski (George Clooney), trabajadores de la NASA que se ven inmiscuidos en aprietos ya que, mientras reparaban algún satélite al exterior de su nave, una lluvia de fragmentos espaciales compromete su integridad, dejándolos como seres perdidos en el espacio, buscando sobrevivir con los pocos medios que les quedan.


Avance cinematográfico de Gravedad

Veo como principales virtudes de Gravedad la armonía entre los elementos espaciales, la recreación del propio universo y el despliegue coreográfico de las acciones, sumado a la intensidad narrativa que no decae a pesar de que estamos durante la mayor parte del metraje  en presencia sólo de una persona.

Los puntos adversos de la cinta tienen que ver con los quemadísimos escenarios comunes del cine comercial: en este caso en particular, me mosqueó mucho que haya sido la imprudencia de los rusos la que provocó los desmanes cósmicos; que las letras chinas en una nave espacial sean un elemento obstructor para las posibilidades de sobrevivencia de la ingeniera Stone (estadounidenses buenos y los demás malos); que se utilice el recurso onírico como un simple descanso para la trama (en detrimento de la atmósfera conseguida); las constantes ganas de poner una moraleja como sustento o fondo de la historia (que no invita a la reflexión sino que te dice qué se debe hacer en la vida); junto con  el clásico final feliz que le quita, a mi juicio, ese rigor realista que se había manejado durante toda la película. En otras palabras, una excelente dirección con un guión bastante complaciente.

Otra circunstancia que me fastidió fue el poco natural empleo del 3D, con planos y encuadres forzados, con el único objetivo de que algunos objetos se vieran flotando en el espació en dirección al espectador, como para que se aproveche esa nueva manera de hacer/vender cine que es la tercera dimensión, un recurso que para mi gusto está más ligado a una atracción propia de parques de diversiones que a la esencia misma del cine. No he visto hasta hoy una película en la que esa condición tecnológica haya hecho la diferencia.

Graveda posee muchos referentes cinematográficos, entre los que destacan la lírica estrictamente visual de obras cumbre como  2001: Odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968), la tensión dramática espacial de Alien, el octavo pasajero (Ridley Scott, 1979), la confrontación del hombre contra la inmensidad natural retratada en Lawrence de Arabia (David Lean, 1962) o el ser humano inmerso en situaciones límite como en Una aventura extraordinaria (Ang Lee, 2012).

Lo que más gratamente me dejó sorprendido en esta cinta fue el desenvolvimiento histriónico de Sandra Bullock, una actriz que me caía mal hasta antes de Gravedad, la cual siempre me pareció inexpresiva, plástica, a quien nunca le vi un papel memorable (y menos en esa panfletaria cinta por la cual ganó el oscar: Un sueño posible, 2009). Acá desborda desesperación, sufrimiento, melancolía, sometimiento ante la inmensidad del universo; realmente me enamora esa soledad que proyecta.

Desde luego, el trabajo en la fotografía de Emmanuel Lubezki es perfecto, retrata inmejorablemente tanto la tecnología como la inmensidad del espacio, la luz, la ausencia de luz y los reflejos. La música de Steven Price también le da su toque envolvente a la trama.

Seguramente, en Gravedad estamos ante grandes acontecimientos tecnológicos en materia cinematográfica, pero lo que más destaco es esa deliciosa narrativa que te mantiene atento durante toda la película, contemplando la majestuosidad del espacio al mismo tiempo que recibes en estado puro los estados de ánimo de la protagonista. Es la mejor película de Alfonso Cuarón hasta hoy, no tengo duda.

Por cierto, no creo que Gravedad cumpla con las características básicas para como para poderla nombrar en el género de la ciencia ficción, toda vez que los elementos expuestos son ciencia pero no ficticia, es una circunstancia que bien se podría experimentar en la realidad. Es un «drama del espacio», en todo caso.

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