Distanciados
por casi una década, ambos filmes suponen en alguna de sus múltiples lecturas
una revisión a la mente humana, centrándose en los laberínticos caminos que la
memoria ostenta, pero desde dos visiones distintas.
Rashomon (Akira Kurosawa, 1950)
En esta cinta Kurosawa nos da conocer ciertos datos objetivos
que, posteriormente, serán susceptibles a la interpretación de cuatro personas
distintas. La obra se desarrolla en un tiempo presente planteado en la antigua
Kioto, en la puerta de Rashomon, cuando un leñador (Takashi Shimura), un monje
(Minoru Chiaki) y un peregrino (Kichijirô Ueda) se resguardan de una torrencial
lluvia en aquel sitio. Consternados por un juicio en el que tanto el leñador
como el monje han sido participes, comienzan a narrar los hechos sucedidos, en
donde tenemos claro que el proceso judicial se llevó a cabo por el presunto
asesinato de un samurái (Masayuki Mori) y la violación de su esposa
(Machiko Kyô). Los hechos fueron atestiguados por el leñador, el presunto
criminal (Toshirô Mifune), un samurái asesinado y la mujer de éste.
Primero tenemos la versión del leñador, que posee –en
apariencia- poca información, estando sólo consiente de que encontró el cuerpo
de un hombre muerto, así como el sombrero de una mujer y la ropa de un samurái;
más tarde el propio leñador confiesa que el bandido asesinó al samurái, esto
después de que la mujer los incitó a que lucharan por su amor. En segundo lugar
conocemos la versión del maleante, Tajomaru, quien se declara culpable de haber
matado al samurái incitado por la propia mujer. Después declara la mujer, quien
se dice la asesina de su propio esposo, el samurái, alentada por la
indiferencia y el desprecio que éste le demostró tras ser atacada por Tajomaru
(quizás aquí presenciemos la mirada más desconcertante en la historia del cine,
la del samurái interpretado por Mori). Finalmente, el propio samurái narra los
hechos ocurridos a través de una vidente, declarando que más bien fue un
suicidio, esto causado por la terrible deshonra que supone el hecho de que su
mujer le pide a Tajomaru que lo mate.
Un hecho claro, irrefutable, pero desde la perspectiva de
cuatro personas. Quizás nadie tenga la razón, quizás la tengan todos: es una
clara postura acerca de la subjetividad, la capacidad que tiene la mente de
deformar un hecho conciso, los múltiples puntos de vista acerca de la vida; la
capacidad de variación de la memoria en cada persona, en cada ser que
transforma los hechos a su propia conveniencia, desde el punto de vista que los
conoció o dándole más importancia a algún elemento y desechando otros.
Avance cinematográfico de Rashomon
Evidentemente Rashomon es un gran clásico por muchas más
razones (la temporalidad narrativa, lo metafórico de su mensaje final,
las inmensas interpretaciones de los actores, el trabajo de iluminación en el
bosque), pero es el aspecto de la memoria uno de los sustentos que conducen el
propio relato y que sin duda es enriquecedor considerar para posteriores
reflexiones sobre el tema.
El año pasado en
Marienbad (L'annèe Dernière à Marienbad. Alain
Resnais, 1961)
Dar reseña de El Año Pasado en Marienbad pudiera verse como un asunto sencillo:
en un majestuoso hotel de campo, un hombre (Giorgio Albertazzi) persuade a una
mujer (Delphine Seyrig) para que deje a su marido (Sacha Pitoeff) y se vaya con
él, esto luego de que un año antes, en ese mismo lugar, ellos dos concertaron
reunirse para escapar juntos. Sin embargo, la mujer no tiene conocimiento de
ello, no tiene registro alguno en su memoria siquiera de haberle conocido y menos
aceptado. Así transcurre la trama (si se le puede llamar de esa forma), entre
recuerdos y afirmaciones, entre hechos sucedidos que son refutados por uno y
por otro, en una atmósfera contagiada de absurdo pero también de claustrofobia
aristocrática, en un mismo lugar (el château), muy en la línea de películas
posteriores como El Ángel
Exterminador (1962) o El Discreto Encanto de la Burguesía (1972) de Luis Buñuel, y el referente
en el espacio físico que más tarde tomaría El
Resplandor (1980) de Stanley
Kubrick.
La cinta es
absorbente, no deja lugar a la especulación ni a la reflexión inmediata del
espectador, sólo está presente la idea de que la memoria es un elemento
perdido, se carece de ella y no hay forma de probar lo contrario, con dos seres
incapaces de llegar a un acuerdo de los hechos sucedidos. Pero algo sí es
seguro: ambos estuvieron el año anterior en Marienbad (nombre de
la mansión), eso sí es
consistente. Incluso en El Año Pasado en
Marienbad la memoria del
espectador se pone a prueba; algunos de los que han apreciado la cinta dirán
que presenciaron un continuum en el limbo; otros indicarán que
fueron presas de la mente de dos personas, siendo llevados a resquicios
inexplicables; algunos más puede que traten de dar una explicación compacta y
objetiva, pero inútil a fin de cuentas, porque sería una visión particular,
diferente a la de los demás. En esta cinta, más allá de la subjetividad, se
pone de manifiesto lo infinitamente imposible que resulta tener comprensión de
la mente humana y, por ende, dotar de lógica a la memoria que parece
transcurrir de manera impredecible, como si tuviera la capacidad de seleccionar
de forma autónoma situaciones para conservarlas o desecharlas. Un llamado claro
al subconsciente.
Avance cinematográfico de El Año Pasado en Marienbad
Rashomon es concebida la primera ventana global del cine japonés; que
sí, que trata de samuráis, de retomar un pasado que sirve de base a una patria,
pero que también trata temas universales, que encanta con sus imágenes tan
precisas y nos lleva a través de técnicas sofisticadas a conocer un mundo que
hubiera parecido pertenecerle sólo al lejano oriente, pero con el que a partir
de esta obra todos nos sentimos identificados. Finalmente, El Año Pasado en Marienbad supone un puente entre la nueva ola francesa (Godard, Truffaut, Rohmer) y el
cine de autor más personal y vanguardista (Bresson, Marker), siendo muy
probablemente la cinta que mejor enmarque el concepto de película de culto.
La memoria estudiada desde el punto de vista de Kurosawa, con
una postura que incita a la idea de la subjetividad de las personas; la memoria
analizada por Resnais, siendo ésta separada de la lógica, incluso de la
realidad, perteneciente sólo a eso tan complejo que tenemos los seres humanos:
la mente (consciente o inconsciente).
Un par de cintas sencillamente antológicas e imprescindibles.



lo objetivo carece de color pero no por eso se descubre innecesario, lo objetivo arroja posibles creaciones, arte en bruto, es la fuerza de igual energia que la subjetividad pero no son separadas. Estan unidas
ResponderEliminarSon dos maneras de sumergirse a ese laberinto lleno de complejidades llamado mente. Dos formas distintas de abordar la memoria que, sin embargo, no se contradicen. Saludos!
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