miércoles, 8 de febrero de 2012

‘La Invención de Hugo Cabret’: la cinta más personal de Scorsese


Cuando uno mira la filmografía de Martin Scorsese encuentra evidentes vasos comunicantes entre cada película: la violencia, la realidad urbana, los trastornos mentales de los protagonistas,  la degradación social y, hasta hace muy poco, su predilección por utilizar la ciudad de Nueva York como fondo de sus tramas, ocupándose argumentalmente de narrar situaciones ocurridas en momentos históricos puntuales.
Y llegó Hugo Cabret

A finales del año pasado salió al público la primera película de Scorsese “para niños”, La Invención de Hugo Cabret (Hugo, 2011), hecho inusitado dado el tipo de cine al que nos ha acostumbrado el autor de Taxi Driver (1976) desde hace aproximadamente cuarenta años. Y bueno, algunos amantes del cine clásico pensábamos que sería otro resbalón más en su filmografía, algo parecido a lo ocurrido con la cinta Kundun (1997), película que más allá de ser buena o mala, se aleja claramente de su faceta de autor para establecerse como un filme “bien hecho” pero plano.

Personalmente no me había empapado de la trama que encierra La Invención de Hugo Cabret, con lo cual sólo tenía esa esperanza de que, por ser una película de Scorsese, más allá de ser un filme infantil, algo especial debería tener. Y transcurrió el primer cuarto de la película, decepcionante, parecía más bien una cinta bochornosa para un artista cuya obra comprende títulos tan grandes como Toro Salvaje (1980) o el remake de Cabo de Miedo (1991).

(Spoiler)Al fin el autómata dibujó.


La Invención de Hugo Cabret nos presenta la historia de un huérfano, Hugo Cabret (Asa Butterfield), encargado de dar cuerda a los relojes de una estación de trenes en París, más o menos por los años 30 del siglo pasado. Hugo posee un muñeco mecánico, un autómata, al que le faltan algunas piezas y que el infante se ha propuesto reparar ya que intuye posee un mensaje de su fallecido padre. Para dicho trabajo roba piezas de los diferentes juguetes mecánicos que un viejo de nombre Georges (Ben Kingsley) vende en su tienda, también ubicada dentro de la estación parisina. Un buen día Georges descubre a Hugo mientras le intenta robar una de sus figuras y, como castigo, le quita un pequeño cuadernillo en donde el chico tiene anotado el instructivo de funcionamiento del autómata. Extrañamente Georges se altera al observar las anotaciones referentes al muñeco mecánico. Con la ayuda de la niña Isabelle (Chloe Moretz), quien es hija adoptiva de Georges, Hugo descubrirá el enigma que encierra el autómata. Cuando por fin logran activar al muñeco mecánico, observan que está diseñado para que realice un dibujo; y lo que dibuja el artefacto es nada más y nada menos que uno de los fotogramas más famosos en la historia del cine: un rostro simulando la luna llena con un cohete espacial enterrado en uno de sus ojos, en otras palabras, el fotograma icónico de la película Viaje a la Luna (1902), de Georges Méliès. A partir de ese instante llega lo realmente importante del filme: una revisión a la historia seminal del cine.


Ya no contaré más de la trama porque merece la pena el visionado de esta cinta (a quienes no la han visto vale la pena no perderse una serie de gratas sorpresas).

Para Martin Scorsese La Invención de Hugo Cabret representa su cinta más personal, no porque aluda a temáticas relativas a sus obras anteriores, más bien por representar esa faceta no tan mediática que ostenta el cineasta, siendo, primero que nada, un amante irredento del cine, además de conservador y restaurador de películas a nivel profesional. Como ya más de un crítico o sesudo escritor de cine lo habrá mencionado, este filme se erige como una declaratoria de amor del neoyorquino al arte de la imagen en movimiento.

Mientras avanza la película, Socorsese muestra paulatinamente imágenes de los filmes más trascendentes que se realizaron en la época silente de la cinematografía. Y representa un placer impagable ver en pantalla a los grandes clásicos del cine, mismos que siguen emocionando al espectador no obstante las décadas que han transcurrido: vemos la mítica cinta inaugural del arte del cinematógrafo, La Llegada del Tren a la Estación de La Ciotat (1895), realizada por los hermanos Lumière; El Hombre Mosca (Fred C. Newmeyer / Sam Taylor. 1923), con la ya mítica secuencia de Harold Lloyd trepándose a un edificio, terminando colgado de las manecillas de un enorme reloj; y, por supuesto, la mencionada Viaje a la Luna. También nos presenta una serie de fragmentos de cintas míticas, haciendo un repaso por otros grandes títulos históricos como Intolerancia (D.W. Griffith, 1916), El Gabinete del Doctor Caligari (Robert Wiene, 1920), El Chico (Charles Chaplin, 1921), El Ladrón de Bagdad (Raoul Walsh, 1924), El Maquinista de la General (Buster Keaton / Clyde Bruckman, 1926) y La Caja de Pandora (G.W. Pabst, 1928). -Cintas más, cintas menos, son las que me parece haber distinguido-. Sumado a esto, también se muestran algunos fragmentos de otros filmes de Méliès, de los cuales sólo recuerdo o reconocí Évocation Spirite (1899), El Melómano (1903) y  Veinte Mil Leguas de Viaje Submarino (1907).

 Avance cinematográfico de La Invención de Hugo Cabret

La anécdota y el tratamiento de la cinta no son precisamente brillantes, sin embargo, la devoción de Scorsese por un arte que a muchos nos apasiona es claramente lo que hace destacar a esta obra.

Qué placer debe suponer para un niño observar esta cinta, demostrando que el cine infantil o familiar no tiene necesariamente que estar relacionado con lo cursi, melifluo o idiota; Martin Scorsese realiza una obra muy sentida, que no es lo mismo a una obra maestra.


Los puntos flacos del filme radican en lo plano de algunos de sus personajes: Butterfield, el protagonista, cae en el escenario de niño en permanente sufrimiento, lo cual no aporta en la afinidad que se pudiera sentir por él, a lo mucho se manifiesta la pena ajena. También hay un personaje de un inspector de policía, interpretado por el molesto Sacha Baron Cohen, que vendría siendo el antagonista, pero también la parte de comicidad del filme a todas luces fallida; queda claro que los gags visuales ni lejos son algo que sepa manejar Scorsese. En la contraparte, me parece que Ben Kingsley hace un trabajo digno, como casi todo lo que realiza; y quien definitivamente destaca en el reparto es la antes promesa y hoy realidad Chloe Moretz, encantadora niña que nos transmite su amor por la literatura.


Finalmente, estoy en contra de aquellos que indican que el 3D en esta película está “muy bien llevado”: a mí sigue sin gustarme, más bien me estorba –como en todas las películas en este formato-, siento que por mucho manejo de efectos, diseño de producción y dirección de arte, lo mejor de la película son precisamente las secuencias de los filmes antiguos, por supuesto en 2D.

Sin duda es el largometraje de ficción más logrado de Scorsese en los últimos seis o siete años. Una película que me parece irá creciendo conforme pase el tiempo. Un filme que bien podría estar en cualquier academia de cine, a manera de introducción.

La Invención de Hugo Cabret (Hugo)
D.  Martin Scorsese
R. Asa Butterfield, Chloe Moretz, Ben Kingsley, Sacha Baron Cohen, Jude Law
Estados Unidos, 2011

2 comentarios:

  1. Sin duda es una de las películas que no hay que perderse. Gracias por la recomendación y mi hijo lo agradecerá más.

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  2. Es una forma de inventar otro cine, de suministrarse el gozo de narrar un cuento con pasión, ilusiones, fantasías, sueños por cumplir y de como hallar tu vía, todo ello en un engranaje casi perfecto en manos de un gran artista.

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