Cuando
uno mira la filmografía de Martin Scorsese encuentra evidentes vasos
comunicantes entre cada película: la violencia, la realidad urbana, los
trastornos mentales de los protagonistas, la degradación social y, hasta
hace muy poco, su predilección por utilizar la ciudad de Nueva York como fondo
de sus tramas, ocupándose argumentalmente de narrar situaciones ocurridas en
momentos históricos puntuales.
Y llegó Hugo Cabret…
A finales del año pasado salió al público la primera
película de Scorsese “para niños”, La
Invención de Hugo Cabret (Hugo, 2011),
hecho inusitado dado el tipo de cine al que nos ha acostumbrado el autor de Taxi Driver (1976) desde hace aproximadamente
cuarenta años. Y bueno, algunos amantes del cine clásico pensábamos que sería
otro resbalón más en su filmografía, algo parecido a lo ocurrido con la cinta Kundun (1997), película que más allá de ser
buena o mala, se aleja claramente de su faceta de autor para establecerse como
un filme “bien hecho” pero plano.
Personalmente no me había empapado de la trama que
encierra La
Invención de Hugo Cabret, con lo cual sólo tenía esa esperanza de que, por ser una película
de Scorsese, más allá de ser un filme infantil, algo especial debería tener. Y
transcurrió el primer cuarto de la película, decepcionante, parecía más bien
una cinta bochornosa para un artista cuya obra comprende títulos tan grandes
como Toro Salvaje (1980) o el remake de Cabo de Miedo (1991).
La Invención de
Hugo Cabret nos presenta
la historia de un huérfano, Hugo Cabret (Asa Butterfield), encargado de dar
cuerda a los relojes de una estación de trenes en París, más o menos por los
años 30 del siglo pasado. Hugo posee un muñeco mecánico, un autómata, al que le
faltan algunas piezas y que el infante se ha propuesto reparar ya que intuye
posee un mensaje de su fallecido padre. Para dicho trabajo roba piezas de los
diferentes juguetes mecánicos que un viejo de nombre Georges (Ben Kingsley)
vende en su tienda, también ubicada dentro de la estación parisina. Un buen día
Georges descubre a Hugo mientras le intenta robar una de sus figuras y, como
castigo, le quita un pequeño cuadernillo en donde el chico tiene anotado el
instructivo de funcionamiento del autómata. Extrañamente Georges se altera al
observar las anotaciones referentes al muñeco mecánico. Con la ayuda de la niña
Isabelle (Chloe Moretz), quien es hija adoptiva de Georges, Hugo descubrirá el
enigma que encierra el autómata. Cuando por fin logran activar al muñeco mecánico,
observan que está diseñado para que realice un dibujo; y lo que dibuja el
artefacto es nada más y nada menos que uno de los fotogramas más famosos en la
historia del cine: un rostro simulando la luna llena con un cohete espacial
enterrado en uno de sus ojos, en otras palabras, el fotograma icónico de la
película Viaje a la
Luna (1902),
de Georges Méliès. A partir de ese instante llega lo realmente importante del
filme: una revisión a la historia seminal del cine.
Ya no contaré más de la trama porque merece la pena el
visionado de esta cinta (a quienes no la han visto vale la pena no perderse una
serie de gratas sorpresas).
Para Martin Scorsese La
Invención de Hugo Cabret representa su cinta más personal, no porque aluda a temáticas
relativas a sus obras anteriores, más bien por representar esa faceta no tan
mediática que ostenta el cineasta, siendo, primero que nada, un amante
irredento del cine, además de conservador y restaurador de películas a nivel
profesional. Como ya más de un crítico o sesudo escritor de cine lo habrá
mencionado, este filme se erige como una declaratoria de amor del neoyorquino
al arte de la imagen en movimiento.
La anécdota y el tratamiento de la cinta no son precisamente
brillantes, sin embargo, la devoción de Scorsese por un arte que a muchos nos
apasiona es claramente lo que hace destacar a esta obra.
Qué placer debe suponer para un niño
observar esta cinta, demostrando que el cine infantil o familiar no tiene
necesariamente que estar relacionado con lo cursi, melifluo o idiota; Martin
Scorsese realiza una obra muy sentida, que no es lo mismo a una obra maestra.
Los puntos flacos del filme radican en
lo plano de algunos de sus personajes: Butterfield, el protagonista, cae en el
escenario de niño en permanente sufrimiento, lo cual no aporta en la afinidad
que se pudiera sentir por él, a lo mucho se manifiesta la pena ajena. También
hay un personaje de un inspector de policía, interpretado por el molesto Sacha
Baron Cohen, que vendría siendo el antagonista, pero también la parte de
comicidad del filme a todas luces fallida; queda claro que los gags visuales ni
lejos son algo que sepa manejar Scorsese. En la contraparte, me parece que Ben
Kingsley hace un trabajo digno, como casi todo lo que realiza; y quien
definitivamente destaca en el reparto es la antes promesa y hoy realidad Chloe
Moretz, encantadora niña que nos transmite su amor por la literatura.
Finalmente, estoy en contra de aquellos que indican que el 3D
en esta película está “muy bien llevado”: a mí sigue sin gustarme, más bien me
estorba –como en todas las películas en este formato-, siento que por mucho
manejo de efectos, diseño de producción y dirección de arte, lo mejor de la
película son precisamente las secuencias de los filmes antiguos, por supuesto
en 2D.
Sin duda es el largometraje de ficción
más logrado de Scorsese en los últimos seis o siete años. Una película que me
parece irá creciendo conforme pase el tiempo. Un filme que bien podría estar en
cualquier academia de cine, a manera de introducción.
La Invención de Hugo Cabret (Hugo)
D. Martin Scorsese
R. Asa Butterfield, Chloe Moretz, Ben Kingsley,
Sacha Baron Cohen, Jude Law




Sin duda es una de las películas que no hay que perderse. Gracias por la recomendación y mi hijo lo agradecerá más.
ResponderEliminarEs una forma de inventar otro cine, de suministrarse el gozo de narrar un cuento con pasión, ilusiones, fantasías, sueños por cumplir y de como hallar tu vía, todo ello en un engranaje casi perfecto en manos de un gran artista.
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