domingo, 22 de enero de 2012

Dos tratados sobre la memoria: ‘Rashomon’ y ‘El año pasado en Marienbad’


Distanciados por casi una década, ambos filmes suponen en alguna de sus múltiples lecturas una revisión a la mente humana, centrándose en los laberínticos caminos que la memoria ostenta, pero desde dos visiones distintas.
Rashomon (Akira Kurosawa, 1950)


En esta cinta Kurosawa nos da conocer ciertos datos objetivos que, posteriormente, serán susceptibles a la interpretación de cuatro personas distintas. La obra se desarrolla en un tiempo presente planteado en la antigua Kioto, en la puerta de Rashomon, cuando un leñador (Takashi Shimura), un monje (Minoru Chiaki) y un peregrino (Kichijirô Ueda) se resguardan de una torrencial lluvia en aquel sitio. Consternados por un juicio en el que tanto el leñador como el monje han sido participes, comienzan a narrar los hechos sucedidos, en donde tenemos claro que el proceso judicial se llevó a cabo por el presunto asesinato de un samurái (Masayuki Mori)  y la violación de su esposa (Machiko Kyô). Los hechos fueron atestiguados por el leñador, el presunto criminal (Toshirô Mifune), un samurái asesinado y la mujer de éste.


Primero tenemos la versión del leñador, que posee –en apariencia- poca información, estando sólo consiente de que encontró el cuerpo de un hombre muerto, así como el sombrero de una mujer y la ropa de un samurái; más tarde el propio leñador confiesa que el bandido asesinó al samurái, esto después de que la mujer los incitó a que lucharan por su amor. En segundo lugar conocemos la versión del maleante, Tajomaru, quien se declara culpable de haber matado al samurái incitado por la propia mujer. Después declara la mujer, quien se dice la asesina de su propio esposo, el samurái, alentada por la indiferencia y el desprecio que éste le demostró tras ser atacada por Tajomaru (quizás aquí presenciemos la mirada más desconcertante en la historia del cine, la del samurái interpretado por Mori). Finalmente, el propio samurái narra los hechos ocurridos a través de una vidente, declarando que más bien fue un suicidio, esto causado por la terrible deshonra que supone el hecho de que su mujer le pide a Tajomaru que lo mate.


Un hecho claro, irrefutable, pero desde la perspectiva de cuatro personas. Quizás nadie tenga la razón, quizás la tengan todos: es una clara postura acerca de la subjetividad, la capacidad que tiene la mente de deformar un hecho conciso, los múltiples puntos de vista acerca de la vida; la capacidad de variación de la memoria en cada persona, en cada ser que transforma los hechos a su propia conveniencia, desde el punto de vista que los conoció o dándole más importancia a algún elemento y desechando otros.


Avance cinematográfico de Rashomon

Evidentemente Rashomon es un gran clásico por muchas más razones (la temporalidad  narrativa, lo metafórico de su mensaje final, las inmensas interpretaciones de los actores, el trabajo de iluminación en el bosque), pero es el aspecto de la memoria uno de los sustentos que conducen el propio relato y que sin duda es enriquecedor considerar para posteriores reflexiones sobre el tema.

El año pasado en Marienbad (L'annèe Dernière à Marienbad. Alain Resnais, 1961)


Dar reseña de El Año Pasado en Marienbad pudiera verse como un asunto sencillo: en un majestuoso hotel de campo, un hombre (Giorgio Albertazzi) persuade a una mujer (Delphine Seyrig) para que deje a su marido (Sacha Pitoeff) y se vaya con él, esto luego de que un año antes, en ese mismo lugar, ellos dos concertaron reunirse para escapar juntos. Sin embargo, la mujer no tiene conocimiento de ello, no tiene registro alguno en su memoria siquiera de haberle conocido y menos aceptado. Así transcurre la trama (si se le puede llamar de esa forma), entre recuerdos y afirmaciones, entre hechos sucedidos que son refutados por uno y por otro, en una atmósfera contagiada de absurdo pero también de claustrofobia aristocrática, en un mismo lugar (el château), muy en la línea de películas posteriores como El Ángel Exterminador (1962) o El Discreto Encanto de la Burguesía (1972) de Luis Buñuel, y el referente en el espacio físico que más tarde tomaría El Resplandor (1980) de Stanley Kubrick.


La cinta es absorbente, no deja lugar a la especulación ni a la reflexión inmediata del espectador, sólo está presente la idea de que la memoria es un elemento perdido, se carece de ella y no hay forma de probar lo contrario, con dos seres incapaces de llegar a un acuerdo de los hechos sucedidos. Pero algo sí es seguro: ambos estuvieron el año anterior en Marienbad (nombre de la mansión), eso sí es consistente. Incluso en El Año Pasado en Marienbad la memoria del espectador se pone a prueba; algunos de los que han apreciado la cinta dirán que presenciaron un continuum en el limbo; otros indicarán que fueron presas de la mente de dos personas, siendo llevados a resquicios inexplicables; algunos más puede que traten de dar una explicación compacta y objetiva, pero inútil a fin de cuentas, porque sería una visión particular, diferente a la de los demás. En esta cinta, más allá de la subjetividad, se pone de manifiesto lo infinitamente imposible que resulta tener comprensión de la mente humana y, por ende, dotar de lógica a la memoria que parece transcurrir de manera impredecible, como si tuviera la capacidad de seleccionar de forma autónoma situaciones para conservarlas o desecharlas. Un llamado claro al subconsciente.


Avance cinematográfico de El Año Pasado en Marienbad


Rashomon es concebida la primera ventana global del cine japonés; que sí, que trata de samuráis, de retomar un pasado que sirve de base a una patria, pero que también trata temas universales, que encanta con sus imágenes tan precisas y nos lleva a través de técnicas sofisticadas a conocer un mundo que hubiera parecido pertenecerle sólo al lejano oriente, pero con el que a partir de esta obra todos nos sentimos identificados. Finalmente, El Año Pasado en Marienbad supone un puente entre la nueva ola francesa (Godard, Truffaut, Rohmer) y el cine de autor más personal y vanguardista (Bresson, Marker), siendo muy probablemente la cinta que mejor enmarque el concepto de película de culto.

La memoria estudiada desde el punto de vista de Kurosawa, con una postura que incita a la idea de la subjetividad de las personas; la memoria analizada por Resnais, siendo ésta separada de la lógica, incluso de la realidad, perteneciente sólo a eso tan complejo que tenemos los seres humanos: la mente (consciente o inconsciente).


Un par de cintas sencillamente antológicas e imprescindibles.

2 comentarios:

  1. lo objetivo carece de color pero no por eso se descubre innecesario, lo objetivo arroja posibles creaciones, arte en bruto, es la fuerza de igual energia que la subjetividad pero no son separadas. Estan unidas

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Son dos maneras de sumergirse a ese laberinto lleno de complejidades llamado mente. Dos formas distintas de abordar la memoria que, sin embargo, no se contradicen. Saludos!

      Eliminar