Cuando entré a la sala de
cine para visualizar el filme Secretos Peligrosos (The Whistleblower, 2010), no
tenía ni la más remota idea, antecedente o elemento a priori para juzgar el
trabajo de la cineasta canadiense Larysa Kondracki, quien más tarde supe que
hacía su debut en largometrajes con la cinta mencionada. Sin embargo, al salir
de la proyección, me quedó una sensación de desasosiego y de impotencia por la
temática tratada en la película: el tráfico sexual. Platicando sobre el tema,
me hicieron recordar que este tipo de injusticias se pueden vivir no sólo en
Europa del este -en donde se ambienta el filme- sino en cualquier punto de la
geografía mundial, con mierdas que utilizan a las personas de cualquier género
y edad para satisfacer –sobre todo- su apetito económico. Y, como siempre, este
tipo de prácticas podridas existen principalmente porque también existe gente
que paga por servicios derivados de ese delito y por la omisión flagrante de
las autoridades jurídicas.
En el caso de Secretos Peligrosos,
lo vemos todo desde una adaptación de la realidad en donde la oficial de
policía oriunda de Nebraska, Kathryn Bolkovac (Rachel Weisz), acepta trabajar
contratada por la empresa transnacional Democra Security, en asociación con la ONU, en
calidad de policía internacional, en una misión que, aparentemente, tiene como
objetivo poner orden en la devastada Sarajevo, Bosnia, en 1999, luego de la
guerra de los Balcanes. El trabajo de Bolkovac destaca en aquella región,
favoreciendo el cumplimiento de los derechos humanos. Pero se topa con pared en
algún caso, el tráfico de un par de chicas ucranianas explotadas sexualmente y
aterradas porque las mismas autoridades encubren, promueven y lucran con dicha
actividad. Esta condición pondrá en situación límite el valor de la oficial,
quien siguiendo sus ideales no da marcha atrás, aunque finalmente queda
absorbida por un sistema mundial de encubrimiento e indiferencia. El desenlace
de la película pareciera que va ir cargado de justicia, pero cuando comprendes
que es una adaptación de la realidad, recuerdas que en este mundo los malos
siempre han salido ganando a final de cuentas, y te vas con una sensación de
asco por la humanidad, tanto por los que hacen como por los que somos
impasibles a este tipo de problemáticas.
Esta cinta en definitiva no me dejó realizar
un análisis artístico-cinematográfico pleno. Sí, me di cuenta que la película
tiene un inicio que pudiera facilitar el desinterés del espectador; también me
percaté de que no es pulcra en la composición de planos; evidentemente me di
cuenta de que el filme se suscribía a una suerte de formulismo cinematográfico
que seguramente la podría dejar como una cinta del montón; claramente percibí
que no se encontraba detrás de la cámara la nueva ‘Kubrick’, que le pudiera dar
la vuelta a un género y llevarlo hasta terrenos vanguardistas. ¿Pero qué carajo
importa? Esta obra sólo trata de exponer una problemática latente y vigente,
sin ninguna otra pretensión ni pose. Kondracki, junto con la co-guionista Eilis
Kirwan, destinaron dos años de sus vidas para escribir el guión del presente
filme –y eso vale mucho-, escuchando el trágico periplo que experimentó Kathryn
Bolkovac; y lo plasmaron de la manera más objetiva posible, sin ninguna
pretensión mayor.
Eso sí, hay que destacar a la enorme Rachel
Weisz (El Jardinero Fiel, 2005), que, plenamente comprometida con
el proyecto, se luce delante de la cámara y te estremece por su gran calidad
como artista: esta cinta le queda perfecta, la hace relucir en su máxima
expresión y te hace querer apoyarla para que no claudique en su misión.
Está claro que es una obra tan necesaria como
sentida, aunque no debe juzgarse en cuanto a su relevancia artística –que
tampoco está por los suelos- y sí por su total compromiso con las causas justas.
Todo se resume con una frase que dice –si no
me equivoco y parafraseándola- Paula Schramm (quien interpreta a Luba, una
joven ucraniana que ha sido raptada y explotada sexualmente en Bosnia): “Cuando
nos transportaban por la frontera, observé que un hombre vestido de azul se
acercó a nosotros, era un policía, quien pensé que sería un ángel bajado del
cielo para ayudarme; pero cuando me di cuenta de que era socio de mis
secuestradores, sentí la más grande impotencia”.


Pues la veré para compartir comentarios ya que has llamado mi atención con tu análisis!!
ResponderEliminarSaludos
Maricihuatl
MUY BUENA, CON LA LÁGRIMA Y EL CORAJE TODO EL TIEMPO.SALUDOS
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