"El
beso en los labios, aterrador y fascinante, ardió en mi corazón y me hirió. Fue
mi primer beso aunque lo recibió otra". Brutales palabras
de una joven que está en la conversión de adolescente a mujer, dejando de lado
todos sus pensamientos fantasiosos e idílicos y conociendo la áspera realidad
que en el mundo se manifiesta con toda fuerza.
El entorno físico determina el
comportamiento y las costumbres de la gente: hay quienes dicen que en las zonas
heladas las personas se comporta tan frías y secas como el propio clima; en
cambio, en las zonas más calientes, los habitantes demuestran su calidez en
cada acto y tradición que llevan.
Harriet (Patricia Walters)
–adolescente de 14 años- vive en un pueblo de Bengala con sus padres y sus
cuatro hermanos (ella es la mayor). Son una familia inglesa que radica en la India ya que el padre de
Harriet es el encargado de una factoría de cáñamo en ese lugar. Está también
Valerie (Adrienne Corri), coetánea de Harriet y amiga de la familia (también
inglesa). Un buen día un amigo de la familia de Harriet, el Sr. John (Arthur
Shields), recibe la visita de un familiar, el capitán John (Thomas E. Breen),
al tiempo que la hija del Sr. John, Melanie (Radha Shri Ram), está de regreso
luego de ausentarse por cuestiones de estudios -quien, dicho sea de paso, es
huérfana de madre y aunque comparte tradiciones inglesas adoptadas a través de
la figura paterna, es claro que sus rasgos físicos corresponden a la ascendencia
de su mamá, quien era hindú. El capitán John viene a representar el objeto de
deseo de las tres adolescentes, Harriet, Valerie y Melanie, quienes ven
alterada su estabilidad vital al enamorarse por primera vez. Cada una, desde
luego, asume esta condición de manera distinta: Harriet es toda una poetisa,
una soñadora, aunque de alguna manera vive a la sombra de la belleza y simpatía
de Valierie, quien funge más bien como la figura banal entre tanto misticismo
indio; y Melanie, inmersa en un dilema cultural al encontrarse entre las
tradiciones paternas y maternas, también se enmarca en el encuentro con el
amor, aunque de manera más reservada. Sin embargo, así como las chicas se
encuentran en constante disputa con ellas mismas tratando de conquistar al visitante,
el capitán John, éste, por su parte, tiene que lidiar con su propia vida ya
que, tras ser participe activo en la guerra, se encuentra hundido y totalmente
desarraigado del mundo, siendo la pérdida de una de sus piernas un detonante de
esta condición.
Hasta aquí, aparentemente, estamos
ante un drama con cierta convencionalidad, tres mujeres que se disputan el amor
de un hombre, y un hombre que está en permanente lucha con el sentido vital,
como náufrago en medio de los mares.
No es un secreto que el director francés Jean
Renoir tenga en su genética trazos impresionistas, ya que éstos han sido
heredados directamente de su padre, el artista del pincel Pierre-Auguste
Renoir; también sabemos que el propio cineasta formó parte en la década de los 30
de una corriente de gran influencia artística, el realismo poético francés
(predecesor directo del neorrealismo italiano y de gran influencia para la nouvelle vague), con cintas como Toni (1935). Sin ser un especialista en
la obra de Jean Renoir, si me percato de que El Río es una obra capital, no sólo en su filmografía sino del arte
universal. Y es que la concatenación de forma y fondo le da brillantez al
relato ya que, por un lado, nos muestra un drama clásico con tintes
existenciales de tres adolescentes y un hombre que se enfrascan en constantes
dilemas vitales pero, por otro lado, en la cinta se nos muestran las costumbres
de los pobladores de aquel lugar que contextualizan nuestro drama; lo
estimulante que puede ser la vida en torno a un río (el Ganges) y cómo este
ecosistema va determinando sutilmente los caminos que han de tomar, no sólo los
protagonistas, sino todos quienes confluyen en ese espacio: los sabios, los
trabajadores del cáñamo, hombres, mujeres, niños, ancianos, comerciantes. La
película nos va relatando un documental sobre las tradiciones y la vida de la
gente que se desenvuelve en ese pueblo de Bengala, siempre con su río como
fondo, pero, paralelamente, nos cuenta una historia (ficticia) que igual va
transcurriendo bajo los tiempos dictados en la realidad de aquella región.
Paradójicamente, en los segmentos de la realidad (el documental) vemos como se
exaltan las figuras míticas en las festividades que se retratan, mientras que
en la ficción (el drama), se hacen presentes todas aquellas emociones que en la
vida diaria comprobamos permanentemente.
Es claro que en El Río, Jean Renoir manifiesta sus formas y temáticas de gran
autor; ese humanismo tan característico más la herencia impresionista,
adicionados del encanto como figura foránea que las añejas costumbres indias
influyeron sobre él. El Río es sin
duda una obra inclasificable, de gran influencia para el posterior desarrollo
artístico cinematográfico en la
India , particularmente para un cineasta del calibre de
Satyajit Ray (Pather Panchali, 1955).
Desde mi punto de vista, debiera ser considerada como la obra mayor de Jean
Renoir, incluso por arriba de La Gran Ilusión
(1937) y La Regla
del Juego (1939) —sin ser yo un especialista en la obra del cineasta
francés, repito.
Las vidas, los dramas y las costumbres
fluyen como un río, con altibajos y desviaciones en su camino. Cinta
inconmensurable, de múltiples lecturas e interpretaciones, obra imprescindible
para cualquier amante del cine, pero también para cualquiera que se haga llamar
“ser humano”. Mención honorífica para la voz en off que acompaña al relato,
dotando a la cinta de un ritmo tan acogedor como nostálgico.
El Río (The River)
Jean Renoir, 1951
Francia
/ India / Estados Unidos



me gusta!
ResponderEliminarinteresante critica, ahora solo falta consegir la pelicula
ResponderEliminarMuy buen film!!. Me parece humanamente atinado, con discretos tonos sobre la cultura de ese interesante y colorido país, buenas actuaciones, bella trama!!
ResponderEliminarChido
Maricihuatl