domingo, 6 de noviembre de 2011

Fluyendo entre documental y ficción: ‘El río’


"El beso en los labios, aterrador y fascinante, ardió en mi corazón y me hirió. Fue mi primer beso aunque lo recibió otra". Brutales palabras de una joven que está en la conversión de adolescente a mujer, dejando de lado todos sus pensamientos fantasiosos e idílicos y conociendo la áspera realidad que en el mundo se manifiesta con toda fuerza.
El entorno físico determina el comportamiento y las costumbres de la gente: hay quienes dicen que en las zonas heladas las personas se comporta tan frías y secas como el propio clima; en cambio, en las zonas más calientes, los habitantes demuestran su calidez en cada acto y tradición que llevan.

Harriet (Patricia Walters) –adolescente de 14 años- vive en un pueblo de Bengala con sus padres y sus cuatro hermanos (ella es la mayor). Son una familia inglesa que radica en la India ya que el padre de Harriet es el encargado de una factoría de cáñamo en ese lugar. Está también Valerie (Adrienne Corri), coetánea de Harriet y amiga de la familia (también inglesa). Un buen día un amigo de la familia de Harriet, el Sr. John (Arthur Shields), recibe la visita de un familiar, el capitán John (Thomas E. Breen), al tiempo que la hija del Sr. John, Melanie (Radha Shri Ram), está de regreso luego de ausentarse por cuestiones de estudios -quien, dicho sea de paso, es huérfana de madre y aunque comparte tradiciones inglesas adoptadas a través de la figura paterna, es claro que sus rasgos físicos corresponden a la ascendencia de su mamá, quien era hindú. El capitán John viene a representar el objeto de deseo de las tres adolescentes, Harriet, Valerie y Melanie, quienes ven alterada su estabilidad vital al enamorarse por primera vez. Cada una, desde luego, asume esta condición de manera distinta: Harriet es toda una poetisa, una soñadora, aunque de alguna manera vive a la sombra de la belleza y simpatía de Valierie, quien funge más bien como la figura banal entre tanto misticismo indio; y Melanie, inmersa en un dilema cultural al encontrarse entre las tradiciones paternas y maternas, también se enmarca en el encuentro con el amor, aunque de manera más reservada. Sin embargo, así como las chicas se encuentran en constante disputa con ellas mismas tratando de conquistar al visitante, el capitán John, éste, por su parte, tiene que lidiar con su propia vida ya que, tras ser participe activo en la guerra, se encuentra hundido y totalmente desarraigado del mundo, siendo la pérdida de una de sus piernas un detonante de esta condición.


Hasta aquí, aparentemente, estamos ante un drama con cierta convencionalidad, tres mujeres que se disputan el amor de un hombre, y un hombre que está en permanente lucha con el sentido vital, como náufrago en medio de los mares.  

No es un secreto que el director francés Jean Renoir tenga en su genética trazos impresionistas, ya que éstos han sido heredados directamente de su padre, el artista del pincel Pierre-Auguste Renoir; también sabemos que el propio cineasta formó parte en la década de los 30 de una corriente de gran influencia artística, el realismo poético francés (predecesor directo del neorrealismo italiano y de gran influencia para la nouvelle vague), con cintas como Toni (1935). Sin ser un especialista en la obra de Jean Renoir, si me percato de que El Río es una obra capital, no sólo en su filmografía sino del arte universal. Y es que la concatenación de forma y fondo le da brillantez al relato ya que, por un lado, nos muestra un drama clásico con tintes existenciales de tres adolescentes y un hombre que se enfrascan en constantes dilemas vitales pero, por otro lado, en la cinta se nos muestran las costumbres de los pobladores de aquel lugar que contextualizan nuestro drama; lo estimulante que puede ser la vida en torno a un río (el Ganges) y cómo este ecosistema va determinando sutilmente los caminos que han de tomar, no sólo los protagonistas, sino todos quienes confluyen en ese espacio: los sabios, los trabajadores del cáñamo, hombres, mujeres, niños, ancianos, comerciantes. La película nos va relatando un documental sobre las tradiciones y la vida de la gente que se desenvuelve en ese pueblo de Bengala, siempre con su río como fondo, pero, paralelamente, nos cuenta una historia (ficticia) que igual va transcurriendo bajo los tiempos dictados en la realidad de aquella región. Paradójicamente, en los segmentos de la realidad (el documental) vemos como se exaltan las figuras míticas en las festividades que se retratan, mientras que en la ficción (el drama), se hacen presentes todas aquellas emociones que en la vida diaria comprobamos permanentemente.


Es claro que en El Río, Jean Renoir manifiesta sus formas y temáticas de gran autor; ese humanismo tan característico más la herencia impresionista, adicionados del encanto como figura foránea que las añejas costumbres indias influyeron sobre él. El Río es sin duda una obra inclasificable, de gran influencia para el posterior desarrollo artístico cinematográfico en la India, particularmente para un cineasta del calibre de Satyajit Ray (Pather Panchali, 1955). Desde mi punto de vista, debiera ser considerada como la obra mayor de Jean Renoir, incluso por arriba de La Gran Ilusión (1937) y La Regla del Juego (1939) —sin ser yo un especialista en la obra del cineasta francés, repito.

Las vidas, los dramas y las costumbres fluyen como un río, con altibajos y desviaciones en su camino. Cinta inconmensurable, de múltiples lecturas e interpretaciones, obra imprescindible para cualquier amante del cine, pero también para cualquiera que se haga llamar “ser humano”. Mención honorífica para la voz en off que acompaña al relato, dotando a la cinta de un ritmo tan acogedor como nostálgico.

El Río (The River)
Jean Renoir, 1951

Francia / India / Estados Unidos

3 comentarios:

  1. interesante critica, ahora solo falta consegir la pelicula

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  2. Muy buen film!!. Me parece humanamente atinado, con discretos tonos sobre la cultura de ese interesante y colorido país, buenas actuaciones, bella trama!!

    Chido

    Maricihuatl

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