Cuando me enteré de que iban a llevar al cine la vida del astrofísico
británico Stephen Hawking, de inmediato me saltó a la mente la idea de que,
irremediablemente, se recurriría a la sensiblería, al biopic de
fácil salida, a lugares comunes, a esa exaltación del vomitivo tópico de la
superación personal, esto dadas las condiciones físicas del científico más
popular de las últimas décadas.
Me vinieron a la mente desde filmes tan tramposos como Forrest
Gump (Robert Zemeckis, 1994) o Yo soy Sam (Jessie
Nelson, 2001), en donde a partir de la apología a la discapacidad se daba
consecución a melodramas complacientes, hasta algún cortometraje que anda
circulando en fraudulentos simposios de desarrollo humano titulado El
circo de la mariposa (Joshua Weigel, 2009), en el que un tipo
desmembrado sale adelante por fuerza de voluntad y apoyo de sus amigos, no
logrando disimular un halo panfletario de cristianismo que, en lo personal, me
revienta.
