Cuando me enteré de que iban a llevar al cine la vida del astrofísico
británico Stephen Hawking, de inmediato me saltó a la mente la idea de que,
irremediablemente, se recurriría a la sensiblería, al biopic de
fácil salida, a lugares comunes, a esa exaltación del vomitivo tópico de la
superación personal, esto dadas las condiciones físicas del científico más
popular de las últimas décadas.
Me vinieron a la mente desde filmes tan tramposos como Forrest
Gump (Robert Zemeckis, 1994) o Yo soy Sam (Jessie
Nelson, 2001), en donde a partir de la apología a la discapacidad se daba
consecución a melodramas complacientes, hasta algún cortometraje que anda
circulando en fraudulentos simposios de desarrollo humano titulado El
circo de la mariposa (Joshua Weigel, 2009), en el que un tipo
desmembrado sale adelante por fuerza de voluntad y apoyo de sus amigos, no
logrando disimular un halo panfletario de cristianismo que, en lo personal, me
revienta.
La teoría del todo
Sin embargo, mis prejuicios se vinieron abajo cuando en los títulos de
crédito observé que el nombre del director de La teoría del todo (The
Theory of Everything, 2014) era James Marsh, alguien de quien tengo la
mejor referencia pues le recuerdo un documental titulado Man on Wire (2008),
en donde un célebre funámbulo ve materializado su más ferviente deseo al
caminar por un alambre colocado entre las hoy extintas Torres Gemelas de Nueva
York (los hechos ocurrían en la década del 70), plasmándose con inmejorable
ritmo narrativo esa obsesa pulsión de Philippe Petit, el equilibrista en
cuestión, por conseguir su objetivo; todo contado en clave de thriller.
Con La teoría del todo, el director nos lleva a conocer la
juventud universitaria de Stephen Hawking (Eddie Redmayne), justo en el momento
en el que su vida tomó cauces inesperados, tanto en términos de formación
científica de alto nivel, como desde el lado de su vida sentimental, cuando
conoció a quien fura su primera esposa, Jane (Felicity Jones), pasando por la
encarnación de aquella enfermedad neurodegenerativa que terminó por dejarle
inmóvil y postrado en una silla.
Estamos pues ante un drama romántico en todo rigor: ahí están los trazos
más melosos de la pareja enamorada, pero también se hace notar el contrapunto
que suponen los diferendos conyugales. Si bien la cinta trata de recoger
algunas consideraciones científicas que Hawking acuñó en torno a los anales del
universo, las variables del tiempo y el espacio, el contraste entre la teoría
de la relatividad y la física cuántica, así como su inicial ateísmo y posterior
reivindicación de la idea de un Dios cientificista, el peso narrativo sin duda
recae en los vericuetos emocionales de Stephen y Jane, así como también en la
aceptación de una enfermedad que cambió por completo sus perspectivas vitales.
Aunque La teoría del todo no pudo evitar la mosqueante
temática de la superación personal, acá uno como espectador identifica mucho de
autenticidad en la pretensión de exponer la historia de enfrentarse día a día
con las circunstancias de la vida, en principio porque sabemos que lo que se
nos cuenta sucedió en la realidad pero, más importante aún, porque no se
pretende hacer énfasis artificial de la superación de las adversidades que
atravesó el posteriormente disuelto matrimonio Hawking, exhibiendo cara y cruz
de lo que fue la moneda de una relación harto compleja.
Indudablemente que es profuso el soporte que dan al filme los
protagonistas, con un Eddie Redmayne que está excepcional dando vida a Stephen
Hawking, desmarcándose de cualquier dejo de caricaturización y apoyándose más
bien en un trabajo contencioso que sin duda ha de responder a una ardua labor
de preparación y conocimiento del personaje en cuestión. Y al mismo nivel de
Redmayne está Felicity Jones, sabiendo transmitir lo mismo enamoramiento y
compromiso que cierta depresión y hastío, reivindicando a un personaje
intachable desde su lado más humano.
James Marsh acertó en la mesura narrativa al componer La teoría
del todo, que no es un biopic plano, es un drama
conmovedor; no es una película facilona de superación personal, es un retrato
de lo bueno y lo malo que en el camino se encontró Stephen Hawking hasta llegar
a ser quien hoy es. En términos generales, es una cinta bien contada,
enternecedora, honesta y que no pretende llevarte a la lágrima fácil; algo que
mucho agradece este quien escribe.

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