No es un desvarío que la
crítica y el propio cineasta David Fincher relacionen su trabajo con el cine
del mítico Alfred Hitchcock. Ambos directores son representantes de una cinematografía
que combina inmejorablemente historias interesantes para el público masivo con
un trabajo técnico altamente profesional, escondiendo bajo esa solvencia
superficial (que no es poca cosa) turbadores entramados que demandan al
espectador un gozoso ejercicio en el descubrimiento de significantes implícitos.
