Hay presencias
cinematográficas a las cuales uno siempre tenderá a seguir. Nombres que generan
una suerte de magnetismo, dejando como opción irremediable divisar todo aquello
en lo que participen.
En el rubro de las actrices,
tengo claro que siempre consumiré aquellas cintas en las que aparezcan a cuadro
intérpretes como Liv Ullmann (Persona,
1966), Isabelle Huppert (La comedia de la
inocencia, 2000) o Jessica Chastain (La
noche más oscura, 2012) que, más allá de cualquier otra característica que
juegue a favor o en contra de las cintas en las que intervengan, me será harto
atractivo el simple hecho de verlas en pantalla.
