El tema de las desapariciones forzadas en el cine ha
propiciado que se realicen algunas de las mejores películas de la historia,
casi siempre inscribiéndose dicha temática en claves que conducen por los
caminos del suspenso. Está desde aquel gran western
poético titulado Más corazón que odio
(John Ford, 1956) hasta ese perfecto relato psicológico-criminal que supuso El silencio de los inocentes (Jonathan
Demme, 1991), pasando por el poliédrico drama policiaco El infierno del odio (Akira Kurosawa, 1963), filmes que estaban
narrados desde el punto de vista de aquel que busca al raptado. Asimismo, en la
cinematografía también se ha recreado la perspectiva del secuestrado, llegándome
a la mente aquella intriga envuelta por una lírica de violencia tan singular
como fue la surcoreana Old Boy (Park
Chan-wook, 2003).
