martes, 8 de marzo de 2016

Correcto pero limitado drama


El tema de las desapariciones forzadas en el cine ha propiciado que se realicen algunas de las mejores películas de la historia, casi siempre inscribiéndose dicha temática en claves que conducen por los caminos del suspenso. Está desde aquel gran western poético titulado Más corazón que odio (John Ford, 1956) hasta ese perfecto relato psicológico-criminal que supuso El silencio de los inocentes (Jonathan Demme, 1991), pasando por el poliédrico drama policiaco El infierno del odio (Akira Kurosawa, 1963), filmes que estaban narrados desde el punto de vista de aquel que busca al raptado. Asimismo, en la cinematografía también se ha recreado la perspectiva del secuestrado, llegándome a la mente aquella intriga envuelta por una lírica de violencia tan singular como fue la surcoreana Old Boy (Park Chan-wook, 2003).
La habitación

Este año llegó a salas mexicanas la cinta La habitación (Room, 2015), quinto largometraje del cineasta irlandés Lenny Abrahamson, un director del que sólo tengo presente el filme Frank (2014), comedia dramática en la que un joven se integraba a un grupo musical por lo menos atípico, en donde el principal compositor y vocalista (interpretado por Michael Fassbender) resaltaba por utilizar permanentemente la cabeza de una botarga, en un relato tan irónico como inconsistente.

La habitación es una película que adapta a la novela homónima de 2010 escrita por la literata irlandesa Emma Donoghue, quien funge a la vez como guionista del texto fílmico. La cinta cuenta la historia de una joven veinteañera (Brie Larson), quien junto con su hijo Jack (Jacob Tremblay) vive recluida en una habitación, sin que a ciencia cierta se sepa el porqué de esta circunstancia. La narración está contada desde el punto de vista del chico, alguien que considera como la totalidad de su universo las delimitaciones espaciales que comprenden al pequeño cuarto. Hasta aquí, todo lo que vemos es el día a día en el que se desenvuelven madre e hijo, quienes eventualmente reciben la visita de un misterioso hombre.

Para dar continuidad a esta crítica, inevitablemente he de revelar algún aspecto importante de la narración, por lo que en lo sucedáneo apelaré a que quienes sigan leyendo el presente texto hayan visto con antelación la cinta referida, o por lo menos asuman que serán revelados datos importantes de la trama.

Y es que justo a la mitad del metraje damos cuenta de la huida emprendida por Jack, lo que propiciará posteriormente el fin del cautiverio de su madre. Así, La habitación pasa de ser un drama que retrataba la cotidianidad de los protagonistas secuestrados a mostrar el proceso de adaptación de los mismos en el mundo exterior.

Considerando al filme de Abrahamson como un relato interesante, mucho me temo que se siente un bajón pronunciado cuando las acciones de la narración salen justamente de la habitación y es que, una vez libres los protagonistas, sólo me resulta interesante el matiz expuesto en la figura del niño, alguien que en algún momento echa de menos aquel universo limitado que compartía con su madre, viendo poco explotadas las consideraciones del personaje al que encarna Brie Larson, lo mismo en torno a su familia que al tiempo que estuvo secuestrada y al hecho de haber procreado a un hijo que presumiblemente fue producto de una violación. En este sentido, el trabajo en el guión de Emma Donoghue resulta muy poco prolijo, presentándose inicialmente elementos que invitaban más a la sugerencia de lo que se veía en pantalla, pues en principio no se tenía claras las razones por las cuales los protagonistas estaban cautivos (lo que me pareció acertado), transitando el relato en una libertad conseguida de manera atropellada y hasta inverosímil, resultando inocuo lo mostrado en la segunda mitad de la cinta.

En el terreno de las actuaciones, debo decir que soy un tanto alérgico a la enfatización de los niños en el cine, resultándome el trabajo de Jacob Tremblay a ratos correcto (cuando se trataba de mostrar desconcierto desde el gesto mínimo) y en otros momentos insoportable (sobre todo cuando se ponía a reflexionar en plan poético). En lo que corresponde a Brie Larson, su aparición a cuadro me pareció correcta a secas, teniendo en este caso un déficit más por el trazado del personaje que –en mi parecer— debió haber sido explotado con mayor profundidad. Como nota al pie, mencionar las desperdiciadas presencias de los muy buenos actores de soporte que son William H. Macy (Magnolia. P. T. Anderson, 1999) y Joan Allen (Siempre a tu lado. Lasse Hallström, 2009), quienes tenían el rol de los padres del personaje de Larson pero que, a final de cuentas, brillaron por su irrelevancia.

Pese a todo, puede que el ejercicio de reclusión expuesto por Lenny Abrahamson en la primera parte de La habitación sea suficiente como para considerar al filme de manera positiva, mostrando una lectura fresca y original a la realidad de aquellos que viven privados de su libertad, resultando como un ejercicio que da otra lectura a lo que en el pasado ya habían presentado películas con premisas similares como El castillo de la pureza (Arturo Ripstein, 1972), la propia Old Boy y, más recientemente, Canino (Yorgos Lanthimos, 2009), aunque quedándome la sensación de que el desenvolvimiento del argumento se queda limitado.

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