El cine que tengo como referente para tocar el tema
del amor es el de Ingmar Bergman. El cineasta sueco me ha repetido una y mil
veces que ese sentimiento tan complejo (sobre todo en las parejas) no es más
que una máscara social, una idea irreal a la cual uno se aferra pero sobre la
que no se tienen certezas (véase Secretos de un Matrimonio, 1973).
