martes, 19 de enero de 2016

Shyamalan sólo se lleva con el suspenso


Con las películas autorales del cineasta indio M. Night Shyamalan, no obstante que siempre conllevan un ajuste a las fórmulas más convencionales del cine de carácter estrictamente comercial, me ocurre que siempre logran dejarme una muy buena sensación tras su respectivo visionado.

Considero que el punto más alto de su filmografía –que aún no he revisado completamente- se dio con la cinta La aldea (2004), obra en la que el director dejó patente toda su sapiencia en el manejo del suspenso, con la óptima construcción de atmósferas lo mismo turbadoras que magnéticas, en un relato situado dentro de una localidad estadounidense que, deliberadamente, nos confundía sobre el leitmotiv de los acontecimientos sucedidos en el lugar, teniendo como premisa general el que los habitantes permanentemente se encontraban a la defensiva, so pretexto de la amenaza propiciada por seres extraños presentes en los bosques que rodeaban aquel sitio. Y, como en todo lo que he visto del director de Señales (2002), aparecía su famosa “vuelta de tuerca” desconcertante que, en el caso particular del también creador de El sexto sentido (1999), aprecio como un elemento orgánico dentro de sus narraciones (nada gratuito, en otras palabras).
Los huéspedes

Con la promesa del regreso de Shyamalan al género del suspenso, tras un bochornoso paso por obras muy menores como El ultimo maestro del aire (2010) o Después de la Tierra (2013), llegó este 2015 a las salas de cine su más reciente filme Los huéspedes (The Visit).

En Los huéspedes seguimos a un par de niños (Olivia DeJonge y Ed Oxenbould) quienes por primera vez irán de visita a la casa de sus abuelos (Deanna Dunagan y Peter McRobbie), viaje en la que no son acompañados por su madre (Kathryn Hahn), pues años atrás, cuando ésta se “independizó”, terminó mal con los viejos. La estadía de los chicos en la granja de los ancianos comienza a evolucionar en términos de la “normalidad”, pues los menores advierten que sus veteranos familiares padecen de sus facultades físicas y mentales de forma intermitente.

Prácticamente la totalidad de la narración está contada a partir de un documental que en la ficción filma la hermana mayor, fungiendo esta condición como vehículo para la reflexión y el jugueteo de M. Night Shyamalan, a propósito de las formas que se utilizan para realizar una película efectiva (“pon así la cámara; acá le metemos algo de música para enfatizar”; algo así dice la chiquilla). Y el ejercicio a ratos se aprecia como una buena broma del director que llega a cansar en lo sucesivo.

Los huéspedes tiene su principal virtud en el hecho de que es una película a lo peor entretenida, que te regala algunos sustos propios de las convenciones del género al que pertenece (el terror), que sobre la parte final la cinta entrega la esperada “vuelta de tuerca” marca registrada de su director. Sin embargo, lo menos plausible del filme -por no decir lo realmente despreciable- es ese regodeo que muestra Shyamalan al saberse dominante de su obra, permitiéndose cosas como que el niño protagonista componga algunas piezas de rap que resultan tan pueriles como cargantes, momentos que representan en la cinta verdaderos quebrantos que dan al traste con todas las virtudes que ciertamente la película posee.

Salvo el personaje del niño, el resto del reparto me parece correcto, particularmente lo hecho por Deanna Dunagan, quien lo hace inmejorablemente cuando de asustar se trata, con una muy adecuada caracterización de vieja enferma de la cabeza (hay algún plano en la que aparece de espaldas, desnuda, rascando una puerta cual gato; mi momento favorito).

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