El
thriller es quizá el género
cinematográfico que más se apoya en las formas para cautivar al espectador. Y
cuando esas formas van acompañadas de estructuras narrativas a lo menos
interesantes, los resultados llegan a ser más que buenos.
Así,
tengo en mi podio personal de cintas de suspenso a obras mayores de la
cinematografía que habrán de perdurar a lo largo de la historia como máximos
referentes. Primeramente identifico al thriller
psicológico Vértigo (1958),
dirigido por el maestro del género Alfred Hitchcock, en donde se retrataba una
suerte de ensoñación por parte de un detective retirado al que daba vida James
Stewart, quien seguía los pasos de una misteriosa mujer (Kim Novak), a la que vería
“morir y renacer”, generándose una intriga tan turbia como hipnótica, que no deja
lugar al respiro. Trasladándonos a tiempos más recientes y haciendo hincapié en
el componente narrativo, he de decir que Seven
(1995) de David Fincher es también una de esas cintas a las que procuro
recurrir cada determinado tiempo, pues su atmósfera inquietante y la original
historia sobre dos detectives (Brad Pitt y Morgan Freeman) en busca de un tan
creativo como despiadado asesino serial, me parece de un goce irresistible. Y a
la lista podría añadir títulos por decenas que me parecen igualmente grandiosos
como El salario del miedo (H.G.
Clouzot, 1953), Rififi (Jules Dassin,
1955), El infierno del odio (Akira
Kurosawa, 1963), Tiempo de revancha
(Adolfo Aristarain, 1981) o Memorias de
un asesino (Bong Joon-ho, 2003) –por mencionar.
Este
año llegó a los cines el primer largometraje del actor, director y guionista australiano
Joel Edgerton titulado El regalo (The Gift. Estados Unidos, 2015).
En
la cinta seguimos a un matrimonio que se muda de ciudad para iniciar una nueva
etapa de vida. Apenas comienzan a asentarse en su nuevo lugar de residencia y
el marido (Jason Bateman) se reencuentra con un olvidado compañero de escuela (el
propio Edgerton), quien posteriormente y de forma paulatina comienza a realizar
diversos obsequios a la pareja, particularmente mostrando un extraño interés por
la esposa (Rebecca Hall). Así, el binomio comienza a desarrollar una aséptica
cuan hipócrita amistad con el “tercero abordo”, quien parece esconder una serie
de secretos así como ostentar una particular fijación con los personajes
principales.
El regalo es un thriller
en todo rigor; hay una permanente capa de suspenso que se sostiene durante la
más de hora y media de metraje de la película, concentrándonos en primera
instancia en el extraño actuar del personaje al que da vida Edgerton,
posteriormente abriéndose serias dudas con el aparentemente ejemplar hombre de
negocios encarnado por Bateman, teniendo como punto ancla a la mujer
interpretada por Hall, compartiendo el público con ella la perspectiva en torno
a sus dudas y miedos.
Aunque
en principio todo parece regirse por códigos que implican más misterio que otra
cosa, hay un punto coyuntural en el relato que fungirá como un antes y un después,
en donde la trama se concentrará en desmenuzar algunas implicaciones relativas
al hoy tan referido tema del bullying,
alejándose de cualquier tópico en su tratamiento, reflexionando y poniendo en
perspectiva el carácter de “abusador”, muy factible de ser sostenido en
distintas etapas de la vida. De paso, los giros narrativos propuestos en el
filme van desarrollando un tono de suspenso tanto en el lado narrativo como en
el plano psicológico de los personajes.
Más
allá de cualquier consideración temática, he de decir que El regalo debe mucho de su encanto a la atmósfera conseguida por un
Joel Edgerton (Warrior. Gavin
O'Connor, 2011) verdaderamente sorpresivo en el rol de director, quien atina en
proponer una fotografía pulcra y se vale de algunos emplazamientos de cámara
que involucran al espectador en el interior de la casa de los protagonistas,
espacio en el que se desarrolla el grueso de la película, haciendo que uno como
receptor capte las sensaciones que progresivamente van envolviendo al personaje
de Rebeca Hall que, como todo lo que he visto de esta muy buena actriz (Atracción peligrosa. Ben Affleck, 2010),
lo hace de forma impecable.
Acaso
los puntos más flacos de El regalo tengan
que ver con ese ímpetu por poner trampas al espectador, desde algunos efímeros
sustos hasta confusiones de sueño/realidad, además de que los giros
argumentales pudieran verse desde una apreciación subjetiva un tanto
inverosímiles, aunado esto a que determinadas secuencias se prolongan más de lo
que deberían. Pese a ello, creo que se termina soslayando cualquier
consideración negativa de la cinta, pues el goce de apreciar un thriller tan diáfano bien merece alguna
que otra concesión.
Si
bien El regalo no es un filme que
quedará inscrito en mi lista de cintas más entrañables dentro del género
referido, sí lo veo como un título que carga dignamente con el estandarte del
“buen suspenso”, una película que se deja ver y gozar sin la mayor pretensión,
que lo suyo es sugestionar, entretener y dar paso a alguna reflexión. En última
instancia, es un texto fílmico contado por alguien que tenía algo que contar y
que supo cómo hacerlo. Al pendiente
quedo de lo que en el futuro vuelva a realizar ese buen director que resultó
ser Joel Edgerton.

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