En un universo
cinematográfico en el que los nuevos realizadores generalmente buscan irrumpir
con sorpresivas obras que terminan por no sorprender a nadie, es oxigenante el
que alguna película de la cual no se tienen muchas expectativas termine cautivando
a uno como escéptico espectador.
Fue el caso de la cinta Una chica regresa sola a casa de noche (A Girl Walks Home Alone at Night. Ana Lily Amirpour. Estados Unidos, 2014).
Una chica regresa sola a casa de noche
Este 2015 algunas salas
cinematográficas en México recibieron la ópera prima de la cineasta
iraní-estadounidense Ana Lily Amirpour: Una
chica regresa sola a casa de noche.
El filme nos ubica en la
ficticia ciudad iraní de Bad City, en
donde un joven (Arash Marandi), tras meterse en líos económicos con un
traficante (Dominic Rains), conoce a una misteriosa mujer de “vampiresas
características” (Sheila Vand), con quien eventualmente quedará enganchado.
La trama de la cinta resulta
más que sencilla desde el punto de vista de lo que se cuenta, pudiendo ser observada
como la condensación de aquellas dificultades que impiden la realización del
amor entre dos jóvenes. Sin embargo, en un pulcro cuan conciso ejercicio
narrativo, la también guionista Amirpour suelta una serie de subtextos que
enriquecen al filme. Ahí está la incomprensión existencial subyacente en los
personajes principales, quienes prácticamente viven apartados de la sociedad,
que es retratada en la cinta a partir de un universo mínimo de actantes, apenas
exponiéndose a un número de personas que se cuentan con los dedos de las manos,
entre quienes destacan una prostituta, el padre enfermo y adicto del
protagonista masculino, además un niño que fungirá como testigo; y poco más.
Asimismo, se devela un carácter justiciero cuasi inédito en lo que tiene que
ver con la figura del vampiro que, si bien es cierto requiere de sangre para
subsistir, decide alimentarse en este caso de manera selectiva, chupando los
cuerpos de aquellos quienes fungen como opresores, dejando con vida a los
perpetuos mártires de la sociedad.
Avance cinematográfico de la cinta Una chica regresa sola a casa de noche
En el plano estrictamente
formal, Una chica regresa sola a casa de
noche tiene vastos referentes: su protagonista femenina se asemeja mucho en
lo físico a quien fuera la musa de Jean-Luc Godard en la década del 60, Anna
Karina (Banda aparte, 1964), además
de que también le es asignado el rol de femme
fatal protagónica (de quien tomará parte el espectador) a la usanza del
propio cineasta francés; igualmente, Ana Lily Amirpour parece suscribirse a los
seguidores de la “nueva ola francesa” en cuanto al tempo” y feeling de la
narración, emparentándose en la economía fílmica con Jim Jarmusch (Extraños en el paraíso, 1984) y con DavidLynch (Mulholland Drive, 2001) a
partir de los límites del misterio y del surrealismo expuestos. Siguiendo en el
apartado de las hechuras, hay también un halo que remite a ciertas películas
del oeste, muy cercano al subgénero del spaghetti
western (Por un puñado de dólares.
Sergio Leone, 1964), con protagonistas antihéroes de moral difusa que caminan
por pueblos semidesérticos, sosteniendo encuentros violentos con los
respectivos antagonistas; en el caso de la cinta en cuestión, “duelos” que
tienen que ver más con el género del terror (concretamente los vampiros como
ente activo).
Mención aparte a la
fotografía: por un lado, un cuidadísimo blanco y negro que abona en mucho a la
construcción de atmósferas sugestivas, que resaltan momentos de soledad, de
extravío y de temor. Y está también la exhaustiva composición de los planos, en
donde cada imagen proyectada transpira una precisión que nunca salta a los
lares del “cine de diseño”, al contrario, denota una seriedad por parte de la
directora para decirnos qué cosa debe estar iluminada, qué otra debe estar en
foco y cuál ha de ser la intencionalidad de los distintos objetos y personajes
filmados.
Una
chica regresa sola a casa de noche podría definirse como una
película circunscrita en la posmodernidad, pero en el mejor sentido del
término, encaramándose todos sus componentes en una armonía tal que terminan propiciando
una cinta harto disfrutable, lo mismo para sesudos críticos que para
espectadores medios (entre los que me incluyo).
Como acotación, vale
resaltar que hay un juego de nacionalidades explícitas e implícitas en la
configuración del filme. Primeramente, está la manufactura estadounidense que
en su origen tiene la producción, no pudiéndose soslayar –por otra parte— las
esencias iraníes que contiene la propia película (el reparto es oriundo de
Irán; la película está hablada en persa), finalmente emparentándose por sus
atributos rupturistas en términos genéricos –siempre desde el lado formal— con
la ya citada vanguardia francesa (la nouvelle
vague).
Ana Lily Amirpour no
esconde sus referentes fílmicos con Una
chica regresa sola a casa de noche, al contrario, los pone en la primera
línea, destilando a partir de esto un sello propio que, sobre todo, denota
honestidad en la creación de la película, transmitida acertadamente en un filme
que resulta tan diáfano como entretenido.

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