martes, 26 de enero de 2016

Comedia dramática que daba para más


Son innumerables las películas sobre las cuales uno llega a pensar que sus resultados hubieran podido ser mayores de haber tomado tal o cual camino en su desarrollo.

Esto me ha ocurrido generalmente cuando advierto que se trata de embonar alguna historia interesante en estructuras más cercanas a la complacencia con el espectador; es decir, cuando una película posee una propuesta interesante pero que, para ajustarse a los estándares del público de masas, se apela a utilizar fórmulas funcionales que terminan por cargarse parcial o totalmente al filme en su conjunto.

El primer ejemplo que se me viene a la cabeza de lo anterior lo retomo de la película Whiplash (Damien Chazelle, 2014), en donde un argumento sugestivo en el que un joven demuestra cierta obsesión con la ejecución de las percusiones pudo haberse conducido por derroteros más tendientes a la complejidad del personaje central, pero que, a final de cuentas, termina manchándose el relato con aires de superación personal, muy a la manera de los más dúctiles dramas deportivos estadounidenses, quedándose la cinta a muy corta en cuanto a los alcances que desde mi visión pudo haber conseguido.

Mientras seamos jóvenes

Este 2015 llegó a las salas de cine el octavo largometraje de ficción del cineasta neoyorkino Noah Baumbach, bajo el título Mientras seamos jóvenes (While We're Young. Estados Unidos, 2014).

La cinta cuenta la historia de una pareja entrada en los 40 años de edad, protagonizada por Ben Stiller y Naomi Watts, quienes demuestran una suerte de desadaptación existencial, desde el rubro profesional hasta en sus propias implicaciones personales, acentuándose esto último principalmente porque sus allegados coetáneos demuestran preocupaciones ligadas directamente a la crianza de sus bebés, lo cual sugiere una suerte de desvinculación pues ellos no tienen hijos. Sin embargo, durante una cátedra de cine que imparte el personaje de Stiller, una joven pareja (compuesta por Adam Driver y Amanda Seyfried) comienza a adentrarse en sus vidas, suponiendo una especie de revitalización para los protagonistas. La cercanía entre ambas parejas es tal que deciden emprender juntos el rodaje de un documental. Sin embargo, será el propio personaje de Stiller el que comenzará a sospechar sobre un posible trasfondo que pudiera haber en el interés mostrado por los jóvenes para con él y su mujer.



Avance cinematográfico de la cinta Mientras seamos jóvenes

Mientras seamos jóvenes tiene virtudes y fallas muy acentuadas. En el aspecto que recojo como “positivo”, se encuentran rasgos de lo que llamaría un “humor fino”, que apela más a diálogos y circunstancias ingeniosas; igualmente, se hacen planteamientos sobre la ética al realizar filmes documentales, planteándose en oposición un par ideas morales, mismas que básicamente tienen que ver con el conseguir el éxito por encima de todo o sustentarlo a partir de prácticas legítimas. En tanto, los aspectos “negativos” de la película tienen que ver con irrupciones de humor más tendiente a lo visual y escatológico, incluida alguna secuencia en la que varios de los personajes se la pasan vomitando durante 10 minutos –literalmente.

Aunque el filme en cuestión me dejó en términos generales buenas sensaciones, también he de señalar como el principal “grano en el arroz” la selección en el casting de la muy buena actriz que es Naomi Watts, en este caso en un papel en el que muchas veces llegó a lucir hasta ridícula, desaprovechándose su virtuosismo y disposición para la comedia que años atrás había demostrado de la mano del genio Woody Allen en la cinta Conocerás al hombre de tus sueños (2010), en aquel caso con una actitud más tendiente al melodrama, circunscrita al género cómico a partir del contexto en el que se desenvolvía, sin apelar al gag visual como ocurre en Mientras seamos jóvenes. En contraparte, la película parece estar más hecha a la medida de Ben Stiller, aproximándose la disposición del relato más a las virtudes de este intérprete, haciéndome recordar la mejor versión que le recuerdo: aquella primera media hora de la cinta La familia de mi novia (2000), haciéndose en este caso más gozosas sus intervenciones a partir de un documental que se encuentra postproduciendo, del que sólo él entiende su significado.

Noah Baumbach es un cineasta que me había arrancado las máximas alabanzas con la cinta Una historia de Brooklyn (2005), en la cual resaltaban sus buenas hechuras como narrador, su capacidad para embonar el melodrama con la comedia y, en aquel caso, cierta gracia sutil que funcionaba bastante bien. Mientras seamos jóvenes representa una confirmación del realizador en tanto a su capacidad para contar historias de manera solvente –que no es poca cosa—, aunque también supone un retroceso dadas las múltiples secuencias de comedia que buscan hacer reír al público a través de estructuras fáciles, dejando intermitentemente elementos de construcción humorística que apelan más a la inteligencia (del propio director/guionista y del público).

Pese a todo, el cine de Noah Baumbach, como el de Alexander Payne (Los descendientes, 2011), cineasta de su generación, siempre será digno de verse, principalmente por su atingencia narrativa y por los constantes dejos de virtuosismo en la construcción de la comedia dramática.

Tampoco podría decir que Mientras seamos jóvenes sea una película fallida, simplemente es de esos filmes que, dado su planteamiento y ciertos momentos de grandeza que se advierten, pudo dar para mucho más. Quizá hubiera convenido que Baumbach se dejara guiar estrictamente por su vis creativa, dejando de lado las múltiples consideraciones que tuvo con el público.


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