Son innumerables las
películas sobre las cuales uno llega a pensar que sus resultados hubieran
podido ser mayores de haber tomado tal o cual camino en su desarrollo.
Esto me ha ocurrido
generalmente cuando advierto que se trata de embonar alguna historia
interesante en estructuras más cercanas a la complacencia con el espectador; es
decir, cuando una película posee una propuesta interesante pero que, para
ajustarse a los estándares del público de masas, se apela a utilizar fórmulas
funcionales que terminan por cargarse parcial o totalmente al filme en su
conjunto.
El primer ejemplo que se me
viene a la cabeza de lo anterior lo retomo de la película Whiplash (Damien Chazelle, 2014), en donde un argumento sugestivo
en el que un joven demuestra cierta obsesión con la ejecución de las
percusiones pudo haberse conducido por derroteros más tendientes a la
complejidad del personaje central, pero que, a final de cuentas, termina
manchándose el relato con aires de superación personal, muy a la manera de los más
dúctiles dramas deportivos estadounidenses, quedándose la cinta a muy corta en
cuanto a los alcances que desde mi visión pudo haber conseguido.
Mientras seamos jóvenes
Este 2015 llegó a las salas
de cine el octavo largometraje de ficción del cineasta neoyorkino Noah Baumbach,
bajo el título Mientras seamos jóvenes
(While We're Young. Estados Unidos, 2014).
La cinta cuenta la historia
de una pareja entrada en los 40 años de edad, protagonizada por Ben Stiller y
Naomi Watts, quienes demuestran una suerte de desadaptación existencial, desde
el rubro profesional hasta en sus propias implicaciones personales,
acentuándose esto último principalmente porque sus allegados coetáneos
demuestran preocupaciones ligadas directamente a la crianza de sus bebés, lo
cual sugiere una suerte de desvinculación pues ellos no tienen hijos. Sin
embargo, durante una cátedra de cine que imparte el personaje de Stiller, una
joven pareja (compuesta por Adam Driver y Amanda Seyfried) comienza a
adentrarse en sus vidas, suponiendo una especie de revitalización para los
protagonistas. La cercanía entre ambas parejas es tal que deciden emprender
juntos el rodaje de un documental. Sin embargo, será el propio personaje de
Stiller el que comenzará a sospechar sobre un posible trasfondo que pudiera
haber en el interés mostrado por los jóvenes para con él y su mujer.
Avance cinematográfico de la cinta Mientras seamos jóvenes
Mientras seamos jóvenes tiene virtudes y fallas muy acentuadas. En
el aspecto que recojo como “positivo”, se encuentran rasgos de lo que llamaría
un “humor fino”, que apela más a diálogos y circunstancias ingeniosas;
igualmente, se hacen planteamientos sobre la ética al realizar filmes
documentales, planteándose en oposición un par ideas morales, mismas que
básicamente tienen que ver con el conseguir el éxito por encima de todo o
sustentarlo a partir de prácticas legítimas. En tanto, los aspectos “negativos”
de la película tienen que ver con irrupciones de humor más tendiente a lo visual
y escatológico, incluida alguna secuencia en la que varios de los personajes se
la pasan vomitando durante 10 minutos –literalmente.
Aunque el filme en cuestión
me dejó en términos generales buenas sensaciones, también he de señalar como el
principal “grano en el arroz” la selección en el casting de la muy buena actriz
que es Naomi Watts, en este caso en un papel en el que muchas veces llegó a
lucir hasta ridícula, desaprovechándose su virtuosismo y disposición para la
comedia que años atrás había demostrado de la mano del genio Woody Allen en la
cinta Conocerás al hombre de tus sueños
(2010), en aquel caso con una actitud más tendiente al melodrama, circunscrita
al género cómico a partir del contexto en el que se desenvolvía, sin apelar al
gag visual como ocurre en Mientras seamos
jóvenes. En contraparte, la película parece estar más hecha a la medida de Ben
Stiller, aproximándose la disposición del relato más a las virtudes de este
intérprete, haciéndome recordar la mejor versión que le recuerdo: aquella
primera media hora de la cinta La familia
de mi novia (2000), haciéndose en este caso más gozosas sus intervenciones
a partir de un documental que se encuentra postproduciendo, del que sólo él
entiende su significado.
Noah Baumbach es un cineasta
que me había arrancado las máximas alabanzas con la cinta Una historia de Brooklyn (2005), en la cual resaltaban sus buenas
hechuras como narrador, su capacidad para embonar el melodrama con la comedia
y, en aquel caso, cierta gracia sutil que funcionaba bastante bien. Mientras seamos jóvenes representa una
confirmación del realizador en tanto a su capacidad para contar historias de
manera solvente –que no es poca cosa—, aunque también supone un retroceso dadas
las múltiples secuencias de comedia que buscan hacer reír al público a través
de estructuras fáciles, dejando intermitentemente elementos de construcción
humorística que apelan más a la inteligencia (del propio director/guionista y
del público).
Pese a todo, el cine de Noah
Baumbach, como el de Alexander Payne (Los
descendientes, 2011), cineasta de su generación, siempre será digno de verse,
principalmente por su atingencia narrativa y por los constantes dejos de
virtuosismo en la construcción de la comedia dramática.

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