martes, 10 de noviembre de 2015

Efectiva y hasta gozosa comedia


Cada vez estoy más convencido de que el género de la comedia es uno de los más difíciles al momento de hacer cine, esto dados los matices que tiene implícitos, pues resulta harto complicado el que estructuras cómicas puedan universalizarse y estandarizarse dada la heterogeneidad de los espectadores en sus gustos humorísticos.

En particular, tengo a tres directores clave sin cuya existencia me sería imposible decirme seguidor de la comedia. Cronológicamente hablando, desde luego que he de mencionar al mítico actor, guionista y director británico Charles Chaplin (El chico, 1921), poseedor de una inventiva visual que -de paso- se concentraba en crear dramas sociales que inmiscuían a su icónico personaje de vagabundo. También identifico al genio austriaco/estadounidense Billy Wilder (El apartamento, 1960), un cineasta que si bien no antepuso de forma permanente su vis cómica en el total de las obras que componen su filmografía, era evidente su gusto por hacer frecuente la inclusión de su muy fino y particular humor negro en cada una de sus películas, así se tratase de cintas más allegadas al film noir como ‘Perdición’ (1944). Y el tercer grande de la comedia que identifico es el todavía activo intérprete, escritor y director neoyorkino Woody Allen (Annie Hall, 1977), un tipo que desdobló todo un universo personal en torno a su muy singular registro cómico, tendiente a la ironía intelectual y a una cáustica autocrítica existencial.
Apelando a las cintas producidas en México, sin duda el esplendor del género se consiguió (como casi en todos los casos) en la etapa de oro del cine nacional (1936-1960), con títulos de diverso registro que iban desde lo más autoral (Ensayo de un crimen. Luis Buñuel, 1955) hasta lo más popular y comercial (Dos tipos de cuidado. Ismael Rodríguez, 1953), pasando por rarezas –en el mejor sentido del término- poseedoras de relatos muy retorcidos (El esqueleto de la señora Morales.  Rogelio A. González, 1959). Sin temor a equivocarme, creo que las más altas cotas de humor se volvieron a dar de manera un tanto sistémica a partir de la obra de Luis Estrada (La ley de Herodes, 1999), quien a través de su sátira política ha logrado un considerable éxito en el panorama cinematográfico contemporáneo.

Eddie Reynolds y los Ángeles de Acero

Luego de ser estrenada de manera oficial en el Festival de Cine de Morelia de 2014, este año llegó a las salas comerciales el filme Eddie Reynolds y los Ángeles de Acero, segundo largometraje del cineasta mexicano Gustavo Moheno.

El filme nos cuenta la historia de un grupo de roqueros trasnochados que vieron las efímeras mieles del éxito durante los años ochenta, una formación llamada Los Ángeles de Acero que era comandada por el vocalista de apodo “Eddie” (Damián Alcázar), quien en el tiempo presente, junto con sus colegas bajista (Jorge Zárate) y baterista (Álvaro Guerrero), tratará de retomar el camino musical luego de que por casualidad el líder de la banda U2, Bono (Pavel Sfera), manifestara cierto interés por producir alguna de sus canciones. Sin embargo, será necesario que encuentren y convenzan a su ex compañero guitarrista (Arturo Ríos), quien habrá de desencadenar un camino plagado de adversidades, siendo la principal el antagonismo manifiesto entre Eddie y el propio guitarrista.

La cinta básicamente es una comedia plagada de albures, dobles sentidos, chistes ácidos y referencias del rock más popular, resaltando desde la línea genérica un ánimo romántico, vista esta condición en una serie de subtramas que se develan ya avanzado el relato, con problemas de pareja que el personaje de Eddie tiene con su novia (Paulina Gaytán), además de un triángulo amoroso con alguna de las parejas de la propia banda. Y es esta condición la que, de manera paulatina, juega en contra de la narración, pues lo que en un inicio se nos presenta como un aluvión de humor negro, se va desvaneciendo justo cuando aparecen los melodramas que dotan a la película más de lugares comunes que de alguna frescura cómica.

Eso sí, pese a los altibajos de Eddie Reynolds y los Ángeles de Acero, en términos generales puedo decir que es un filme a lo peor entretenido, soportado principalmente por el trabajo de los intérpretes, reluciendo de manera efectiva sus dotes histriónicos, un grupo de actores que parecen haberse divertido durante el rodaje y que lograron transmitir esa misma sensación a través de la pantalla.

El director Gustavo Moheno sin duda supera lo presentado en su ópera prima Hasta el viento tiene miedo (2007), filme en el que de manera desalmada abordaba el género del terror, filmando fallidamente un refrito de una cinta clásica del cine mexicano, consolidándose en el caso de Eddie Reynolds y los Ángeles de Acero como un creador que sabe del lenguaje fílmico, que se desmarca de otras cintas que pretenden irse por la vía fácil del cine comercial pero que no logran ni siquiera cuajar su estructura narrativa, más allá de que en el tema de la taquilla sean títulos mucho muy rentables (pienso en Nosotros los nobles. Gary Alazraki, 2013).

A mi juicio, Eddie Reynolds y los Ángeles de Acero es un producto comercial que supera la media del cine nacional, un relato que se deja ver bastante bien, que entretiene de manera ligera aunque alejado de cualquier dejo de estupidez.

Pues bien por el cine mexicano que de manera casi azarosa nos presenta una cinta bastante digna, con un humor que se goza.

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