Cada vez estoy más
convencido de que el género de la comedia es uno de los más difíciles al
momento de hacer cine, esto dados los matices que tiene implícitos, pues
resulta harto complicado el que estructuras cómicas puedan universalizarse y
estandarizarse dada la heterogeneidad de los espectadores en sus gustos
humorísticos.
En particular, tengo a tres
directores clave sin cuya existencia me sería imposible decirme seguidor de la
comedia. Cronológicamente hablando, desde luego que he de mencionar al mítico
actor, guionista y director británico Charles Chaplin (El chico, 1921), poseedor de una inventiva visual que -de paso- se
concentraba en crear dramas sociales que inmiscuían a su icónico personaje de vagabundo.
También identifico al genio austriaco/estadounidense Billy Wilder (El apartamento, 1960), un cineasta que
si bien no antepuso de forma permanente su vis cómica en el total de las obras
que componen su filmografía, era evidente su gusto por hacer frecuente la
inclusión de su muy fino y particular humor negro en cada una de sus películas,
así se tratase de cintas más allegadas al film
noir como ‘Perdición’ (1944). Y el
tercer grande de la comedia que identifico es el todavía activo intérprete,
escritor y director neoyorkino Woody Allen (Annie
Hall, 1977), un tipo que desdobló todo un universo personal en torno a su muy
singular registro cómico, tendiente a la ironía intelectual y a una cáustica autocrítica
existencial.
Eddie
Reynolds y los Ángeles de Acero
Luego de ser estrenada de
manera oficial en el Festival de Cine de Morelia de 2014, este año llegó a las salas
comerciales el filme Eddie Reynolds y los
Ángeles de Acero, segundo largometraje del cineasta mexicano Gustavo Moheno.
El filme nos cuenta la
historia de un grupo de roqueros trasnochados que vieron las efímeras mieles
del éxito durante los años ochenta, una formación llamada Los Ángeles de Acero
que era comandada por el vocalista de apodo “Eddie” (Damián Alcázar), quien en
el tiempo presente, junto con sus colegas bajista (Jorge Zárate) y baterista
(Álvaro Guerrero), tratará de retomar el camino musical luego de que por
casualidad el líder de la banda U2, Bono (Pavel Sfera), manifestara cierto
interés por producir alguna de sus canciones. Sin embargo, será necesario que
encuentren y convenzan a su ex compañero guitarrista (Arturo Ríos), quien habrá
de desencadenar un camino plagado de adversidades, siendo la principal el
antagonismo manifiesto entre Eddie y el propio guitarrista.
La cinta básicamente es una
comedia plagada de albures, dobles sentidos, chistes ácidos y referencias del
rock más popular, resaltando desde la línea genérica un ánimo romántico, vista
esta condición en una serie de subtramas que se develan ya avanzado el relato, con
problemas de pareja que el personaje de Eddie tiene con su novia (Paulina
Gaytán), además de un triángulo amoroso con alguna de las parejas de la propia
banda. Y es esta condición la que, de manera paulatina, juega en contra de la
narración, pues lo que en un inicio se nos presenta como un aluvión de humor
negro, se va desvaneciendo justo cuando aparecen los melodramas que dotan a la
película más de lugares comunes que de alguna frescura cómica.
Eso
sí, pese a los altibajos de Eddie
Reynolds y los Ángeles de Acero, en términos generales puedo decir que es
un filme a lo peor entretenido, soportado principalmente por el trabajo de los intérpretes,
reluciendo de manera efectiva sus dotes histriónicos, un grupo de actores que
parecen haberse divertido durante el rodaje y que lograron transmitir esa misma
sensación a través de la pantalla.
El
director Gustavo Moheno sin duda supera lo presentado en su ópera prima Hasta el viento tiene miedo (2007),
filme en el que de manera desalmada abordaba el género del terror, filmando
fallidamente un refrito de una cinta clásica del cine mexicano, consolidándose
en el caso de Eddie Reynolds y los
Ángeles de Acero como un creador que sabe del lenguaje fílmico, que se
desmarca de otras cintas que pretenden irse por la vía fácil del cine comercial
pero que no logran ni siquiera cuajar su estructura narrativa, más allá de que
en el tema de la taquilla sean títulos mucho muy rentables (pienso en Nosotros los nobles. Gary Alazraki,
2013).
A mi
juicio, Eddie Reynolds y los Ángeles de
Acero es un producto comercial que supera la media del cine nacional, un
relato que se deja ver bastante bien, que entretiene de manera ligera aunque
alejado de cualquier dejo de estupidez.
Pues bien por el cine
mexicano que de manera casi azarosa nos presenta una cinta bastante digna, con
un humor que se goza.

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