lunes, 9 de noviembre de 2015

Verdadera joya del cine


Quizás la ciencia ficción cinematográfica sea el género que más se preste a grandilocuencias audiovisuales y de producción. Y es que grandes despliegues de la técnica fílmica han aparecido de la mano de cintas en las que se va más allá de los avances científicos contemporáneos a las respectivas películas.

Hay variados ejemplos sobre lo que representa la ciencia ficción en términos del desarrollo de los recursos cinematográficos. Desde luego que es pertinente iniciar con la cinta seminal del género por excelencia, Viaje a laluna (Georges Méliès, 1902), misma que fungió como premonitoria de los alcances de la especie humana en tanto a su aventura espacial, bebiendo de la literatura de Julio Verne y H. G. Wells para consolidar una trama que, en términos de la historia de la cinematografía, es trascendental gracias a la experimentación ejercida por su director; efectos visuales cuasi inéditos para la época (aparición y desaparición de elementos en pantalla) que le permitieron a Georges Méliès transitar por los lares más fantasiosos de la cinematografía. La segunda gran cinta de lo científico-ficticio fue concebida en Alemania, cunado el cineasta germano Fritz Lang dirigió Metrópolis (1927), mega producción que hizo adulto al género en cuestión, desde el despliegue creativo hasta la convocatoria de un amplísimo casting, utilizando además un relato distópico para hablar temas tan vigentes como la división de clases o los límites del desarrollo científico. Quizás el siguiente par de filmes que representaron el último gran paso para la evolución cinematográfica de la ciencia ficción hayan sido el mediometraje La jetée (Chris Marker, 1962) y la obra maestra de Stanley Kubrick 2001: Una odisea del espacio (1968); la primera, dotando de seriedad y connotaciones filosóficas al género, y la segunda, sumando profundidad reflexiva y temática, puso en un sitio supremo a los efectos especiales en el cine, marcando pautas ambos filmes para el posterior desarrollo del propio arte de la imagen en movimiento.

Progresivamente, el cine ha tratado los cimientos de la ciencia ficción de formas diversas, entrecruzándose incluso con géneros como el cine negro (BladeRunner. Ridley Scott, 1982) o el drama romántico (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Michel Gondry, 2004).

The Man from Earth

Pese a todos los adelantos digitales que han propiciado la creación de películas harto complejas desde un punto de vista técnico (revísese Avatar. James Cameron, 2009), en 2007 el cineasta Richard Schenkman le dio la vuelta al género, adaptando el relato The Man from Earth (Jerome Bixby's The Man fromEarth), nacido de la pluma del escritor norteamericano Jerome Bixby (1923-1998).

The Man from Earth tiene un argumento tremendamente básico: un profesor de universidad (David Lee Smith) les revela a sus de colegas catedráticos la posibilidad de que lleva habitando el planeta Tierra desde hace más de 14 mil años, gracias a una capacidad orgánica de regeneración celular. A partir de ahí, todo son especulaciones, preguntas capciosas, cuestionamientos por parte de un grupo de académicos con diversas especialidades (antropología, arqueología, biología, teología y psiquiatría) que buscan develar la autenticidad de la declaración expuesta por el personaje central.

Si la idea base a partir de la cual se desarrolla el relato es hasta cierto punto “simple”, la manera en la que el director Schenkman la conduce es aún más escueta: toda la película se desarrolla al interior de una casa de campo, sin el empleo de efectos especiales ni grandes acciones retratadas por la cámara. Es la mesura en la cámara, además de un correcto casting (John Billingsley, Ellen Crawford, William Katt, Annika Peterson, Richard Riehle) y un guión muy creativo (sobre todo en referencias histórico-científicas) lo que hace que The Man from Earth contagie a uno como espectador cierto ímpetu por adentrarse en aquellas tesis que se salen de la lógica racional, apuntando a grandes alcances humanos que estimulan y emocionan, todo transmitido a partir de la sugestión argumentativa, dando consecución a una serie de diálogos que invitan a la apreciación participante y a la reflexión posterior. No es que uno de pronto quiera trasladar verdades desde la ficción de The Man from Earth a la realidad, simplemente que el producto –en su totalidad— al ser tan simple en su manufactura y potente en su contenido, termina por envolver de manera hipnótica.


Avance cinematográfico de la cinta The Man from Earth

Seguramente al relato de Jerome Bixby (habitual guionista para la televisión, particularmente recordado por su participación en la genial serie Ladimensión desconocida [1959]) poco había que modificarle para ser trasladado de forma efectiva al arte cinematográfico, aunque es de destacar la sobriedad del director para mantenerse al margen de cualquier efectismo de cámara, dejando simple y llanamente que la superlativa génesis literaria se fuera desenvolviendo.

Al margen de que The Man from Earth ya se encuentre inscrita dentro del grupo de películas independientes de culto del siglo XXI, he de recurrir a ella con cierta regularidad toda vez que cumple con las máximas a través de las cuales defino al mejor cine: que me entretenga, que me emocione, que me haga reflexionar y que se me quede en la retina. Además, gana en adeptos al  revirar la dinámica de la ciencia ficción, alentadora de que se ejerzan en su nombre grandísimos presupuestos, dándole la vuelta de tuerca la cinta en cuestión al optimizar al extremo los recursos fílmicos. Sólo para darnos una idea, Interstellar (2014) de Christopher Nolan tuvo un presupuesto de 165 millones de dólares, mientras que The Man from Earth se llevó a cabo tan solo con 56 mil dólares; siendo la primera una muy buena cinta, me quedo con la segunda, una verdadera joya del cine.

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