Quizás la ciencia ficción
cinematográfica sea el género que más se preste a grandilocuencias
audiovisuales y de producción. Y es que grandes despliegues de la técnica
fílmica han aparecido de la mano de cintas en las que se va más allá de los
avances científicos contemporáneos a las respectivas películas.
Hay variados ejemplos sobre
lo que representa la ciencia ficción en términos del desarrollo de los recursos
cinematográficos. Desde luego que es pertinente iniciar con la cinta seminal
del género por excelencia, Viaje a laluna (Georges Méliès, 1902), misma que fungió como premonitoria de los
alcances de la especie humana en tanto a su aventura espacial, bebiendo de la
literatura de Julio Verne y H. G. Wells para consolidar una trama que, en
términos de la historia de la cinematografía, es trascendental gracias a la
experimentación ejercida por su director; efectos visuales cuasi inéditos para
la época (aparición y desaparición de elementos en pantalla) que le permitieron
a Georges Méliès transitar por los lares más fantasiosos de la cinematografía. La
segunda gran cinta de lo científico-ficticio fue concebida en Alemania, cunado
el cineasta germano Fritz Lang dirigió Metrópolis
(1927), mega producción que hizo adulto al género en cuestión, desde el
despliegue creativo hasta la convocatoria de un amplísimo casting, utilizando
además un relato distópico para hablar temas tan vigentes como la división de
clases o los límites del desarrollo científico. Quizás el siguiente par de
filmes que representaron el último gran paso para la evolución cinematográfica
de la ciencia ficción hayan sido el mediometraje La jetée (Chris Marker, 1962) y la obra maestra de Stanley Kubrick 2001: Una odisea del espacio (1968); la
primera, dotando de seriedad y connotaciones filosóficas al género, y la
segunda, sumando profundidad reflexiva y temática, puso en un sitio supremo a los
efectos especiales en el cine, marcando pautas ambos filmes para el posterior
desarrollo del propio arte de la imagen en movimiento.
Progresivamente, el cine ha tratado los cimientos de la ciencia ficción de formas diversas, entrecruzándose incluso con géneros como el cine negro (BladeRunner. Ridley Scott, 1982) o el drama romántico (Eterno resplandor de una mente sin recuerdos. Michel Gondry, 2004).
The
Man from Earth
Pese a todos los adelantos
digitales que han propiciado la creación de películas harto complejas desde un
punto de vista técnico (revísese Avatar.
James Cameron, 2009), en 2007 el cineasta Richard Schenkman le dio la vuelta al
género, adaptando el relato The Man from
Earth (Jerome Bixby's The Man fromEarth), nacido de la pluma del escritor norteamericano Jerome Bixby (1923-1998).
The
Man from Earth tiene un argumento tremendamente básico: un
profesor de universidad (David Lee Smith) les revela a sus de colegas catedráticos
la posibilidad de que lleva habitando el planeta Tierra desde hace más de 14
mil años, gracias a una capacidad orgánica de regeneración celular. A partir de
ahí, todo son especulaciones, preguntas capciosas, cuestionamientos por parte
de un grupo de académicos con diversas especialidades (antropología,
arqueología, biología, teología y psiquiatría) que buscan develar la
autenticidad de la declaración expuesta por el personaje central.
Si la idea base a partir de
la cual se desarrolla el relato es hasta cierto punto “simple”, la manera en la
que el director Schenkman la conduce es aún más escueta: toda la película se
desarrolla al interior de una casa de campo, sin el empleo de efectos
especiales ni grandes acciones retratadas por la cámara. Es la mesura en la
cámara, además de un correcto casting (John Billingsley, Ellen Crawford,
William Katt, Annika Peterson, Richard Riehle) y un guión muy creativo (sobre
todo en referencias histórico-científicas) lo que hace que The Man from Earth contagie a uno como espectador cierto ímpetu por
adentrarse en aquellas tesis que se salen de la lógica racional, apuntando a grandes
alcances humanos que estimulan y emocionan, todo transmitido a partir de la
sugestión argumentativa, dando consecución a una serie de diálogos que invitan
a la apreciación participante y a la reflexión posterior. No es que uno de
pronto quiera trasladar verdades desde la ficción de The Man from Earth a la realidad, simplemente que el producto –en
su totalidad— al ser tan simple en su manufactura y potente en su contenido,
termina por envolver de manera hipnótica.
Avance cinematográfico de la cinta The Man from Earth
Seguramente al relato de Jerome
Bixby (habitual guionista para la televisión, particularmente recordado por su
participación en la genial serie Ladimensión desconocida [1959]) poco había que modificarle para ser
trasladado de forma efectiva al arte cinematográfico, aunque es de destacar la
sobriedad del director para mantenerse al margen de cualquier efectismo de
cámara, dejando simple y llanamente que la superlativa génesis literaria se
fuera desenvolviendo.

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