martes, 10 de noviembre de 2015

Un paso adelante en la relación internet/cine


El tema del internet, de lo virtual o de lo informático tendrá como mucho tres décadas de estarse explorando en el terreno cinematográfico; desde aquel viaje al interior de las computadoras que supuso el relato fantástico inscrito en el “cyberpunk” de Tron (Steven Lisberger, 1982), hasta la premonición futurista inmediata de convivir más con máquinas que con seres humanos que representó Her (Spike Jonze, 2013), pasando por el postulado platónico paradigmático de realidades alternas que encumbró al filme Matrix (Andy Wachowski / Lana Wachowski, 1999).

Sin embargo, los dos primeros ejercicios cinematográficos que me vienen a la cabeza desmarcados de consideraciones típicas de la ciencia ficción, inscribiéndose más en corrientes genéricas como el thriller o el drama, usando al mundo del internet como punto central de la intríngulis de su narrativa, fueron Pérdida de la inocencia (David Schwimmer, 2010) y Desconexión (Henry Alex Rubin, 2012), el primero resultando un drama sobre aquellos peligros a los que están expuestos los menores que interactúan con adultos a través de la red, mientras que el segundo entremezclaba varias historias en las que se iban interconectando situaciones de suspenso, todas ellas afectadas para bien y para mal por las redes sociales.

Eliminar amigo

No fue sino hasta estos días que el mundo del cine se llevó una suerte de sacudida en términos de recursos y de narrativa, con la llegada a cartelera de la cinta Eliminar amigo (Unfriended. Levan Gabriadze, 2014).

Y es que la película en cuestión representa un antes y un después en la manera de contar historias de terror a través del lenguaje fílmico, como en su momento sucedió con el filme El proyecto de la bruja de Blair (Daniel Myrick / Eduardo Sánchez, 1999), mismo que sorprendió al mundo por su frescura de empaque en la que aparentemente estábamos observando metraje encontrado de un grupo de jóvenes victimizados, siempre en clave de falso documental, todo el tiempo con cámara en mano, en una estructura reiterada hasta el cansancio por cintas posteriores.

En Eliminar amigo nos posicionamos permanentemente en el escritorio de la computadora de una joven (Shelley Hennig), quien se comunica con su novio (Moses Jacob Storm) y otros tres amigos, haciendo uso de distintas redes sociales (Youtube, Skype, Facebook, Instagram, Spotify, mensajería instantánea y la que se me escape), advirtiendo la presencia de un invitado desconocido que parece ser una especie de entidad vengadora de una chica (Heather Sossaman) que, víctima del “ciberbullying”, se habría suicidado justo un año antes. Así, el texto fílmico pasa del simple misterio a la clásica estructura del subgénero de terror slasher, en donde un grupo de amigos va cayendo uno tras otro, víctimas de algún monstruo o espectro maligno que los asecha.

La relevancia de Eliminar amigo se sustenta a través de dos vías: la primera y más importante es que a través de su composición espacio/temporal nos muestra un relato poco convencional -por no decir inédito-, pues lo que estamos viendo es lo que vería la protagonista en su propia pantalla de computadora, prácticamente durante todo el metraje, sumado a que la historia nos es contada en tiempo real, utilizando prácticamente todas las herramientas a las que tienen acceso aquellos usuarios medios de las redes sociales; la segunda vía que dota de importancia a la película sería que, en esencia, la historia está bien contada, pues nunca decae en interés para uno como espectador, al tiempo que se nos invita a la reflexión sobre los extremos a los que se puede llegar tanto en el rol de víctima como de victimario en el tema del acoso virtual, al margen de las consideraciones metafísicas que el propio filme propone.

No es que considere a Eliminar amigo la quintaesencia del cine de terror, ni mucho menos, simplemente reconozco la frescura e inventiva alejada de cualquier dejo pretencioso mostrada por el para mí desconocido cineasta georgiano-estadounidense Levan Gabriadze quien, junto con su guionista Nelson Greaves, dan un paso adelante en la relación internet/cine, contando una historia mínima pero efectiva, que nos recuerda aquella máxima aplicable a casi todo ámbito de la expresión humana: eso de que “menos es más”.

Con una inversión de un millón de dólares, Eliminar amigo había recaudado -al 29 de agosto de 2015- más de 54 millones de billetes con la imagen de George Washington, lo que representa una perfecta alegoría de los alcances y fundamentos de una cinta tan trascendente como correctamente realizada.

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