El tema del internet, de lo
virtual o de lo informático tendrá como mucho tres décadas de estarse
explorando en el terreno cinematográfico; desde aquel viaje al interior de las
computadoras que supuso el relato fantástico inscrito en el “cyberpunk” de Tron (Steven Lisberger, 1982), hasta la
premonición futurista inmediata de convivir más con máquinas que con seres
humanos que representó Her (Spike Jonze,
2013), pasando por el postulado platónico paradigmático de realidades alternas que
encumbró al filme Matrix (Andy
Wachowski / Lana Wachowski, 1999).
Sin embargo, los dos
primeros ejercicios cinematográficos que me vienen a la cabeza desmarcados de consideraciones
típicas de la ciencia ficción, inscribiéndose más en corrientes genéricas como
el thriller o el drama, usando al mundo del internet como punto central de la
intríngulis de su narrativa, fueron Pérdida
de la inocencia (David Schwimmer, 2010) y Desconexión (Henry Alex Rubin, 2012), el primero resultando un
drama sobre aquellos peligros a los que están expuestos los menores que interactúan
con adultos a través de la red, mientras que el segundo entremezclaba varias
historias en las que se iban interconectando situaciones de suspenso, todas
ellas afectadas para bien y para mal por las redes sociales.
Eliminar
amigo
No fue sino hasta estos días
que el mundo del cine se llevó una suerte de sacudida en términos de recursos y
de narrativa, con la llegada a cartelera de la cinta Eliminar amigo (Unfriended.
Levan Gabriadze, 2014).
Y es que la película en
cuestión representa un antes y un después en la manera de contar historias de
terror a través del lenguaje fílmico, como en su momento sucedió con el filme El proyecto de la bruja de Blair (Daniel
Myrick / Eduardo Sánchez, 1999), mismo que sorprendió al mundo por su frescura
de empaque en la que aparentemente estábamos observando metraje encontrado de
un grupo de jóvenes victimizados, siempre en clave de falso documental, todo el
tiempo con cámara en mano, en una estructura reiterada hasta el cansancio por
cintas posteriores.
En Eliminar amigo nos posicionamos permanentemente en el escritorio de
la computadora de una joven (Shelley Hennig), quien se comunica con su novio (Moses
Jacob Storm) y otros tres amigos, haciendo uso de distintas redes sociales (Youtube,
Skype, Facebook, Instagram, Spotify, mensajería instantánea y la que se me
escape), advirtiendo la presencia de un invitado desconocido que parece ser una
especie de entidad vengadora de una chica (Heather Sossaman) que, víctima del “ciberbullying”,
se habría suicidado justo un año antes. Así, el texto fílmico pasa del simple
misterio a la clásica estructura del subgénero de terror slasher, en donde un grupo de amigos va cayendo uno tras otro, víctimas
de algún monstruo o espectro maligno que los asecha.
La relevancia de Eliminar amigo se sustenta a través de
dos vías: la primera y más importante es que a través de su composición espacio/temporal
nos muestra un relato poco convencional -por no decir inédito-, pues lo que
estamos viendo es lo que vería la protagonista en su propia pantalla de
computadora, prácticamente durante todo el metraje, sumado a que la historia nos
es contada en tiempo real, utilizando prácticamente todas las herramientas a
las que tienen acceso aquellos usuarios medios de las redes sociales; la
segunda vía que dota de importancia a la película sería que, en esencia, la historia
está bien contada, pues nunca decae en interés para uno como espectador, al
tiempo que se nos invita a la reflexión sobre los extremos a los que se puede
llegar tanto en el rol de víctima como de victimario en el tema del acoso
virtual, al margen de las consideraciones metafísicas que el propio filme
propone.
No es que considere a Eliminar amigo la quintaesencia del cine
de terror, ni mucho menos, simplemente reconozco la frescura e inventiva
alejada de cualquier dejo pretencioso mostrada por el para mí desconocido cineasta
georgiano-estadounidense Levan Gabriadze quien, junto con su guionista Nelson
Greaves, dan un paso adelante en la relación internet/cine, contando una
historia mínima pero efectiva, que nos recuerda aquella máxima aplicable a casi
todo ámbito de la expresión humana: eso de que “menos es más”.
Con una inversión de
un millón de dólares, Eliminar amigo
había recaudado -al 29 de agosto de 2015- más de 54 millones de billetes con la
imagen de George Washington, lo que representa una perfecta alegoría de los
alcances y fundamentos de una cinta tan trascendente como correctamente realizada.

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