Hace tiempo que el cine de
animación dejó de ser sinónimo de “cine para niños”, con temáticas lo mismo
conmovedoras (La tumba de las luciérnagas.
Isao Takahata, 1988) como retratistas de periodos socio históricos concretos (Persépolis. Marjane Satrapi, Vincent
Paronnaud; 2007), pasando incluso por un acercamiento al surrealismo metafórico
(El castillo ambulante. Hayao
Miyazaki, 2004). Asimismo, hay cierto tipo de películas que en estética y signos
narrativos aparentemente responden a una superficialidad y a códigos de fácil
captación para públicos de edades menores, que pueden llegar a consolidarse al
final como relatos universales desde todos sus componentes; esta última
conceptualización tendríamos que asignársela casi que por completo a los filmes
creados por los genios del estudio cinematográfico Pixar.
Y es que a Pixar le debemos
joyas ya no del cine de animación sino del cine contemporáneo en términos
generales, pulcras en su concepción y de inmenso goce en su apreciación: ahí
están maravillas como la -hasta ahora- trilogía de Toy Story (John Lasseter, Ash Brannon, Lee Unkrich; 1995, 1999 y
2010), WALL•E (Andrew Stanton, 2008)
o Up (Pete Docter, Bob Peterson; 2009),
cintas que rebasan el simple calificativo de “buenas” y que, por momentos,
llegan a ser magistrales (recordar la primera media hora de WALL•E; cine silente de primera
categoría).
Intensa-mente
Este año, el Festival de
Cannes alojó la premier de Intensa-mente
(Pete Docter, Ronaldo Del Carmen; 2015), película recibida por la crítica con
ovaciones prácticamente de manera unánime.
En Intensa-mente seguimos la vida infantil de Riley, desde que nace y
hasta los 11 años, momento en el que su idílica existencia con papá, mamá y amigos
se ve quebrantada al mudarse con su familia de Minnesota a San Francisco, dándose
un giro radical en la armonía vital que hasta el momento había experimentado
nuestra protagonista. Sin embargo, la trama real ocurre al interior de Riley,
en donde vemos manifestarse a las cinco emociones que determinarán la conducta
de la chica: Alegría, Tristeza, Temor, Desagrado y Furia. Pero estas emociones
son en realidad personajes, con capacidad de razonar y de determinar qué es lo
más conveniente para el ser al que habitan. Así, el cambio de vida de Riley
pondrá en predicamentos la grata y simple dinámica a la que las emociones
estaban habituadas, particularmente retratándose un antagonismo entre Alegría y
Tristeza.
En clave de comedia, los
creadores de Intensa-mente han tocado
fibras de las más profundas en los seres humanos, exponiendo la forma de
acometer los distintos cambios en la vida que, en gran medida, van determinando
la evolución de las personas: desde dejar en el olvido los juegos de la niñez,
tan ridículos como divertidos, hasta tener las primeras discusiones con los
progenitores, resolviendo magistralmente ciertos conflictos morales planteados,
sin tentarnos a los espectadores a aceptar la felicidad como único modo de
sobrevivir, considerando la valía de los momentos melancólicos en el andar
existencial.
Destacadas y prodigiosas
la inventiva e inteligencia al momento de trazar los distintos gags que dan empaque a una narración
sencillamente soberbia. Los creativos de Pixar volvieron a la carga y en plan
grande. Intensa-mente tiene todo lo
que le pido al mejor cine: que me entretenga, que me conmueva, que me invite a
la reflexión, que se me quede grabado en la retina, que me den ganas de verlo
una y otra vez.

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