viernes, 11 de septiembre de 2015

Maravillosa y profunda inventiva fílmica


Hace tiempo que el cine de animación dejó de ser sinónimo de “cine para niños”, con temáticas lo mismo conmovedoras (La tumba de las luciérnagas. Isao Takahata, 1988) como retratistas de periodos socio históricos concretos (Persépolis. Marjane Satrapi, Vincent Paronnaud; 2007), pasando incluso por un acercamiento al surrealismo metafórico (El castillo ambulante. Hayao Miyazaki, 2004). Asimismo, hay cierto tipo de películas que en estética y signos narrativos aparentemente responden a una superficialidad y a códigos de fácil captación para públicos de edades menores, que pueden llegar a consolidarse al final como relatos universales desde todos sus componentes; esta última conceptualización tendríamos que asignársela casi que por completo a los filmes creados por los genios del estudio cinematográfico Pixar.

Y es que a Pixar le debemos joyas ya no del cine de animación sino del cine contemporáneo en términos generales, pulcras en su concepción y de inmenso goce en su apreciación: ahí están maravillas como la -hasta ahora- trilogía de Toy Story (John Lasseter, Ash Brannon, Lee Unkrich; 1995, 1999 y 2010), WALL•E (Andrew Stanton, 2008) o Up (Pete Docter, Bob Peterson; 2009), cintas que rebasan el simple calificativo de “buenas” y que, por momentos, llegan a ser magistrales (recordar la primera media hora de WALL•E; cine silente de primera categoría).

Intensa-mente

Este año, el Festival de Cannes alojó la premier de Intensa-mente (Pete Docter, Ronaldo Del Carmen; 2015), película recibida por la crítica con ovaciones prácticamente de manera unánime.

En Intensa-mente seguimos la vida infantil de Riley, desde que nace y hasta los 11 años, momento en el que su idílica existencia con papá, mamá y amigos se ve quebrantada al mudarse con su familia de Minnesota a San Francisco, dándose un giro radical en la armonía vital que hasta el momento había experimentado nuestra protagonista. Sin embargo, la trama real ocurre al interior de Riley, en donde vemos manifestarse a las cinco emociones que determinarán la conducta de la chica: Alegría, Tristeza, Temor, Desagrado y Furia. Pero estas emociones son en realidad personajes, con capacidad de razonar y de determinar qué es lo más conveniente para el ser al que habitan. Así, el cambio de vida de Riley pondrá en predicamentos la grata y simple dinámica a la que las emociones estaban habituadas, particularmente retratándose un antagonismo entre Alegría y Tristeza.

En clave de comedia, los creadores de Intensa-mente han tocado fibras de las más profundas en los seres humanos, exponiendo la forma de acometer los distintos cambios en la vida que, en gran medida, van determinando la evolución de las personas: desde dejar en el olvido los juegos de la niñez, tan ridículos como divertidos, hasta tener las primeras discusiones con los progenitores, resolviendo magistralmente ciertos conflictos morales planteados, sin tentarnos a los espectadores a aceptar la felicidad como único modo de sobrevivir, considerando la valía de los momentos melancólicos en el andar existencial.


Destacadas y prodigiosas la inventiva e inteligencia al momento de trazar los distintos gags que dan empaque a una narración sencillamente soberbia. Los creativos de Pixar volvieron a la carga y en plan grande. Intensa-mente tiene todo lo que le pido al mejor cine: que me entretenga, que me conmueva, que me invite a la reflexión, que se me quede grabado en la retina, que me den ganas de verlo una y otra vez.


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