Los tiempos actuales han orillado a que sea el cine documental el que
aborde la temática del espionaje cinematográfico, un género propio de aquellas épocas
de algidez política, retomado en títulos que, desde la ficción, plasmaban parte
de las implicaciones que supusieron las tensiones mundiales. Particularmente,
el Hollywood clásico se empeñó en subrayar los episodios del nazismo y de la
Guerra Fría para bordar las historias que serían proyectadas en pantalla.
Dado a que el espionaje está casi hermanado con el suspenso,
inevitablemente que el gran maestro del género, Alfred Hitchcock, tomó los
lineamientos de ese cine, hilvanando películas de disímil alcance pero con su
sello intacto. Recuerdo Encadenados (1946), en donde los
maravillosos Cary Grant e Ingrid Bergman participaban en una deliciosa intriga
ambientada en Brasil, buscando desenmascarar al nazismo resurgido y
encarnado en un excelso Claude Rains, esto tras la Segunda Guerra Mundial, en
un juego de sospechas harto satisfactorio. También me viene a la cabeza Cortina
rasgada (1966), otra joya del suspense «hitchcockiano»
protagonizada por el gran Paul Newman, quien hacía de científico infiltrado en
la Alemania socialista, buscando descifrar algún plan soviético para la
construcción de un arma poderosa, siguiendo una narrativa francamente maniquea
aunque, eso sí, muy entretenida.
Más recientemente, desde tierras europeas, el cineasta Florian Henckel
von Donnersmarck retomó nuevamente la temática del espionaje en La vida
de los otros (2006), con una subyugante trama que nos ponía del lado
de un escucha en la Alemania del este (años 80), con un agente que atendía en
secreto las conversaciones de una pareja presuntamente conspiradora,
evolucionando el texto fílmico desde los códigos clásicos del género hasta
encaramarse como un turbador drama existencial.
Citizenfour
Cargando el premio Oscar de este año al mejor largometraje documental, Citizenfour (2014)
da seguimiento a la aparición del hoy ex agente de la CIA Edward Snowden,
a mediados de 2013, quien le reveló a la documentalista Laura Poitras y a los
periodistas Glenn Greenwald y Ewen MacAskill sobre una serie de programas
ilegales de espionaje de la estadounidense Agencia de Seguridad Nacional
(NSA, por sus siglas en inglés), develamientos que dejaron al descubierto la
injerencia gubernamental en las comunicaciones privadas de prácticamente todo
el mundo, paulatinamente descubriéndose que, incluso, altos mandatarios fueron
víctimas de la amplia red de espionaje norteamericana.
Concretamente, la directora Poitras registra los momentos clave en la
difícil empresa de Snowden, desde su resuelta lucha por dejar al descubierto
las maquiavélicas prácticas del gobierno de Estados Unidos, hasta su perturbada
realidad al tener que dejar su país de origen para esconderse en un hotel de
Hong Kong, otorgando entrevistas, conversando sobre los alcances del programa
de espionaje y planeando cómo evitar su extradición y posible aprehensión en
territorio estadounidense.
Citizenfour posee un ritmo soberbio, en donde lo que se nos cuenta nunca decae
en interés, no obstante que aquellos que seguimos las noticias ya nos sabíamos
la historia, aunque lo atractivo del asunto es esa atmósfera de cine clásico de
intriga a través de la cual Laura Poitras nos va descubriendo a un personaje
que se encarama como un nuevo héroe en tiempos en los que los héroes han dejado
de existir, en una era de tecnologías ante la cual Snowden hace frente, se
compromete y alerta a la humanidad sobre la nula privacidad a la que nos
atenemos al utilizar equipos informáticos, algo que muchos ya sospechábamos
aunque no teníamos idea de sus tremendos alcances.
Lo que vi en Citizenfour parecía ser un relato de
intriga y espionaje propio de los años de la Guerra Fría, sucesos que parecían
haber quedado atrás pero que la realidad los vuelve a traer a la primera línea
del discurso fílmico.
Como en La vida de los otros, Citizenfour se
consolida como un drama existencial cuasi filosófico, en donde términos como
ética, libertad, ilegalidad y compromiso giran en torno a la vida de un Edward
Snowden que optó por salir de la zona de confort, poniendo incluso la
salvaguarda de su persona en riesgo, dejando al descubierto las prácticas del
hipócrita gobierno de los Estados Unidos que se dice garante de las libertades
pero que, de manera latente, las quebranta sin que nadie le ponga un alto.

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