viernes, 1 de mayo de 2015

Directores excelsos y actrices apabullantes


Pensar en el nombre de Liv Ullmann invariablemente me invita a rememorar a esa figura que considero la quintaesencia del cine, Ingmar Bergman, cineasta sueco que le dio proyección como actriz y que, de paso, sostuvo con ella una tan entrañable como tortuosa relación afectiva por décadas. Pero pensar en Ullmann también me hace remitir a la mejor actriz que ha dado el cine en más de 120 años de existencia, con papeles protagónicos inconmensurables en títulos como Persona (1966), Secretos de un matrimonio (1973) o Cara a cara (1976).

Quizás la faceta menos conocida de la musa de Bergman sea su desempeño como directora de cine. Particularmente, sólo he revisado dos de los cinco largometrajes que lleva realizados en un lapso de 23 años, siendo Infiel (2000) el primero de ellos, poniendo en pantalla un drama romántico todo complejidad, que disecciona las embrollosas raíces del adulterio, contado esto a través de una atmósfera lo mismo densa que hipnótica, dando Ullmann vastas muestras de hechuras detrás de la lente, adaptando —dicho sea— un guión del propio Ingmar Bergman; de hecho, si antes de leer los créditos del filme me hubieran dicho que el cineasta sueco era su director, lo hubiera creído, pues todo el universo «bergmaniano» está latente en esa muy buena cinta.

La señorita Julia

El año pasado, Liv Ullmann presentó en el Festival de Cine de Valladolid la quinta película en la que funge como directora, La señorita Julia (Miss Julie, 2014), adaptación del texto dramático homónimo escrito en 1888 por August Strindberg.

El filme nos traslada a la Europa de finales del siglo XIX, a una casona aristócrata en la que Julie (Jessica Chastain), joven torturada existencialmente, decide acercarse a uno de sus lacayos, John (Colin Farrell), con quien se manifiesta una mutua atracción. Sin embargo, John tiene un compromiso sentimental con la cocinera Kathleen (Samantha Morton), configurándose así un sinuoso triángulo amoroso que durará lo mismo que una noche.

Como ocurriera con Infiel, Ullmann vuelve a demostrar sus grandes dotes de cineasta en La señorita Julia, destacando primeramente la construcción de una narrativa teatral (en el mejor de los sentidos) que a ratos también es poética, suprimiendo prácticamente cualquier elipsis temporal y concentrándose en extraer lo mejor de los personajes a cuadro.

Esta adaptación de Strindberg es compuesta por Ullmann básicamente para el lucimiento de los actores, resaltando sobre todo la figura de una Jessica Chastain que devora la pantalla, gracias a un personaje rico en matices, expresando desde cierta inocencia hasta la más profunda melancolía, pasando por momentos de locura que le permiten a la intérprete sacar todo su arsenal histriónico, en un papel que, me atrevo a decir, es el mejor de su carrera cinematográfica hasta el momento. Colin Farrell, por su parte, estando bien al encarnar a John, es claro que queda eclipsado por sus compañeras de reparto, pues aparte de que Chastain se manda una actuación soberbia, Samantha Morton también traza un papel de reparto de altos niveles, llenando al personaje de Kathleen de un raro aspecto de demencia acogida bajo un halo religioso.

Con  La señorita Julia, Liv Ullmann parece dar un paso al costado a las esencias del cine de Ingmar Bergman que le han marcado durante toda su carrera cinematográfica, componiendo una narrativa propia, en donde el quehacer dramático de sus intérpretes salta por encima de la autorreflexión más contenida que se aprecia en el cine de Bergman.

En un ejercicio de ociosidad crítica, creo que a la cinta en cuestión le sobran algunos diálogos, prolongando su metraje por más de dos horas, característica que, para el espectador medio, pudiera resultar extenuante aunque,  si te enganchas a plenitud con los personajes —como fue mi caso—, bien puedes soslayar algún punto flaco detectado en la película.
En síntesis, diría que La señorita Julia es un regalo que la mejor actriz que ha dado el cine (Ullmann) le dio a la mejor actriz de la actualidad (Chastain), en un drama pasional altamente conmovedor, excelsamente dirigido y apabullantemente interpretado.


Sólo me restaría pedirle a la señora Ullmann que nos privilegie a sus fieles seguidores con más muchas películas, ya sea que las dirija o que las actúe, pues es una virtuosa completa del arte de la imagen en movimiento.

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