viernes, 1 de mayo de 2015

Cinta correcta aunque poco empática


Cualquier película que esté firmada por J.C. Chandor siempre habrá de llamar mi atención, no obstante que las temáticas que aborda el cineasta estadounidense son ciertamente heterogéneas.

Habitual participante del Festival de Cine de Sundance, Chandor irrumpió en el universo fílmico con su ópera prima Margin Call (2011), drama circunscrito en el mundo de las finanzas en el que se estira la liga de la moral hasta las más altas tensiones, sitiando en un maremágnum de especulación a un grupo de inversionistas, en el marco de la crisis financiera suscitada en el año 2008, con un tono turbador y realista en el que las presencias de Kevin Spacey y Jeremy Irons dotan de las mayores dosis de emoción a un relato bueno por consistente.

Su siguiente filme, Cuando todo está perdido (2013), representó un avance para el cineasta en términos narrativos: quizás en Margin Call todos los elementos estaban dispuestos para contar un buen drama, sin embargo, la empatía con las situaciones era prácticamente nula; en otras palabras, aquella cinta se me hizo adecuada pero sin conmover. En cambio, Cuando todo está perdido supone un involucramiento inmediato con su protagonista, un Robert Redford que encarna a un navegante solitario, alguien que en un viaje que realiza por el Océano Índico verá comprometida su vida luego de averiarse el bote que conduce. Y la cinta transcurre prácticamente sin diálogos, únicamente valiéndose de los propios sonidos incidentales, manifestándose un halo permanente de nerviosismo sostenido a partir del ímpetu que muestra el personaje buscando sobrevivir al naufragio, suponiéndome el desenlace su punto más flojo, en una suerte de redención narrativa que hubiera alcanzado algo de maestría de haberse omitido los elementos concluyentes (el “se salva o no se salva”).

El año más violento

El tercer largometraje de Chandor, El año más violento (A Most Violent Year, 2014), nos sitúa en la ciudad de Nueva York, en el año 1981, en donde un inmigrante latino (Oscar Isaac) se encuentra en franco ascenso con su compañía transportadora de hidrocarburos. Sin embargo, una ola criminal en la metrópoli comienza a obstaculizar su progreso, sumándose a ello presiones gubernamentales fundamentadas en simples sospechas. El protagonista se encuentra rodeado de tentaciones que le invitan a tomar las vías prohibidas para conseguir sus objetivos, desenvolviéndose en permanentes dilemas de integridad, teniendo que valorar la defensa de su familia y de sus trabajadores en una balanza en la que lo legal le traerá más problemas que lo ilícito.

El año más violento es un thriller que tiene su primera falencia en lo tardío de su arranque; si bien está filmado con mucho oficio, vuelve a mostrarme cierto hermetismo que ya en Margin Call su director había expuesto. De acuerdo, lo que veo en pantalla tiene atmósfera, se antoja seguir mirándolo, pero la empatía con los personajes llega ya muy avanzada la proyección. Creo que, en gran medida, la ausencia de participación afectiva de uno como espectador responde a la muy templada interpretación de Oscar Isaac, alguien al que le recuerdo un papel apenas correcto en la cinta de los hermanos Coen Balada de un hombre común (2013), lo cual me invita a pensar que este intérprete les da algo a los directores que a mí como público no me proyecta. Y la figura de Isaac se queda todavía más relegada cuando aparece a cuadro la colosal Jessica Chastain, intérprete que siempre está excelente en pantalla, que en el filme en cuestión la hace de esposa un tanto maliciosa, potenciando los alcances dramáticos de un relato que, a final de cuentas, me deja un buen sabor de boca.

Tengo claro que J.C. Chandor se sabe el teje y maneje de la composición audiovisual, demuestra una caligrafía fílmica precisa, creadora de ambientes lo mismo sugerentes que envolventes, con filmes que cuajan, que son redondos pero que, a ratos, lucen ausentes de empuje.


Pese a que El año más violento me parece la cinta más floja de las tres que hasta el momento ha filmado Chandor, sigo firme con mi intención de ver todo aquello que lleve la firma de este buen director, alguien que —algo me dice— se encuentra en el preámbulo de comenzar a filmar obras mayores. Al tiempo.

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