viernes, 3 de abril de 2015

Catástrofe natural que rompe con lo intangible


La baraja de cineastas suecos que llegan a las pantallas mexicanas de cine no me parece que sea amplia en cantidad aunque sí que grande en calidad.

Exceptuando a la deidad más apreciable, el inmenso Ingmar Bergman (El séptimo sello, 1957), no existe otro nombre de peso sustantivo en el mundo de los directores de cine oriundos de Suecia, plenamente identificables y con recorridos filmográficos extensos. Acaso ese creador de atmósferas raras que es Roy Andersson (Canciones del segundo piso, 2000) pueda ser el siguiente en la lista de cineastas contemporáneos de aquel país escandinavo reconocibles por el orbe fílmico, sin llegar a poseer un carácter icónico. Y luego vienen algunos nombres de quienes he visto una o dos películas, con carreras cinematográficas ciertamente consolidadas, cuya distribución y/o exhibición llega a cuentagotas hasta esta parte del mundo. Pienso en cineastas como Lukas Moodysson (Lilya forever, 2002)  Tomas Alfredson (Déjame entrar, 2008) o Niels Arden Oplev (Millennium 1: Los hombres que no amaban a las mujeres, 2009), cuyos filmes han abierto en recientes años algunos espacios dadas las frescas y eficaces propuestas cinematográficas que han desarrollado. Y a estos últimos nombres sumaría el de Ruben Östlund.
Fuerza mayor

A Ruben Östlund me acerqué hace unos tres años con la cinta Play (2011), un drama adolescente desarrollado en la Suecia contemporánea, en donde se muestra el hostigamiento entre adolescentes so pretexto de conflictos raciales y condiciones socioeconómicas, todo en clave de realismo, pareciéndome una película acertada en su narrativa cuasi documental, así como por sus intrincadas disyuntivas y los complejos conflictos latentes.

En el Festival de Cannes de 2014, Östlund presentó el que es su cuarto largometraje, Fuerza mayor (Turist / Force Majeure), mismo que fue recibido de manera positiva por la crítica especializada, incluso mereciéndole alguna distinción del jurado en el encuentro fílmico referido, así como varios laureles en otras premiaciones mundiales.

Con Fuerza mayor seguimos a una familia en sus vacaciones que tienen como escenario los nevados Alpes europeos. Mamá (Lisa Loven Kongsli), papá (Johannes Kuhnke), hijo (Vincent Wettergren) e hija (Clara Wettergren) se dedican a esquiar y a convivir en armonía. Sin embargo, un punto de quiebra a su idílica dinámica recreativa se da cuando una avalancha, aparentemente controlada, amenaza a los vacacionistas, viendo comprometida su integridad por unos segundos; pero, de facto, el incidente no pasa a mayores, sólo fue una falsa alarma. Sin embargo, es la reacción del papá protagonista la que desconcierta a los familiares pues, mientras la mamá instintivamente protege la integridad de sus hijos, al hombre en cuestión no se le ocurre otra cosa que echarse a correr, en un acto que irá desencadenando una serie de cambios en las relaciones familiares de nuestros personajes.

De entrada, he de decir que esos planos de la avalancha me parecieron brillantes, dotándolos de un realismo que llega a su punto máximo de expresión en ese instante de suspensión en el que ni uno como espectador ni los personajes de la ficción tenemos claro en qué terminará el hecho, remitiéndome inevitablemente a la que quizá sea la secuencia del cine de desastres mejor rodada en la historia, aquel inicio del filme Más allá de la vida (Clint Eastwood, 2010), en donde atestiguamos el terror producido por un tsunami, tanto por el espanto de lo inesperado como por la dimensión de la catástrofe.

Lo que Östlund propone en Fuerza mayor, más que las distintas maneras que tenemos los seres humanos de acometer las variables que en la vida irremediablemente se han de presentar, es la manera en la que se asume el pesar suscitado tras el quebranto de la imagen que se tiene de una persona, ese sentimiento de decepción producido porque alguien no hace lo que le corresponde; en el relato en cuestión, hay una presuposición que nos invita a pensar que el padre de familia (por convención social) es el primero que debe salvaguardar la integridad de sus allegados, quedando así desmoronada la figura del patriarca tras la huida que emprendió en la situación límite propuesta. Y hay un pesar muy profundo principalmente en la madre, pues le resulta tremendamente angustiante ver al marido como lo hacía en el pasado, teniendo ahora el referente de la cobardía como principal definición de su pareja.

Östlund acierta en la narrativa realista y en la sugerencia como arma para ir desenredando los sentimientos de los protagonistas, algo que por cierto ya había demostrado convenientemente en Play,  encaramándose finalmente una comedia dramática  familiar (negra entre lo blanco de los paisajes), misma que ha de tocar las fibras más profundas e incómodas del ser humano. Quizá la prolongación del filme y alguna acción sobrante sean las principales fallas de una cinta que requiere más de un visionado pues invita a la permanente reflexión.

Concluyo demandando a las exhibidoras mexicanas más películas suecas de gran calidad como Fuerza mayor

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