lunes, 2 de febrero de 2015

El digno adiós de un coloso del cine


No pude esperar hasta que la cartelera comercial mexicana se dignara a proyectar en sus pantallas la película que supone el último protagónico de ese gigante de la interpretación cinematográfica, el hoy difunto Philip Seymour Hoffman (1967-2014). Ya antes había abordado la carrera de este inmenso histrión oriundo de los Estados Unidos, un sujeto que proyectaba poderío y magnetismo frente a las cámaras, condición profesional que escondía un hondo dolor que le orilló a quitarse la vida.
Seymour Hoffman, al margen de la calidad de los proyectos fílmicos en los que estuviera involucrado, siempre resaltaba por la eficacia de su trabajo, era —como pocos— garantía de las más altas cotas de interpretativas. Esto le valió el reconocimiento total de aquellos que de alguna u otra forma estamos involucrados en el mundo cinematográfico (realizadores, espectadores, críticos, compañeros actores). Personalmente, veo como el pináculo de su carrera a aquel monumental personaje que interpretó en la que —cabe decir— fue la última cinta que dirigió Sidney Lumet, Antes que el diablo sepa que has muerto (2007), en donde bordó un papel humanamente inescrupuloso.

El hombre más buscado

Aunque la última película en la que participó Philip Seymour Hoffman es la tercera entrega de la saga de Los juegos del hambre, fue en la cinta El hombre más buscado (A Most Wanted Man, 2014) en la que ejecutó su última actuación estelar. Y qué actuación…

El hombre más buscado es un thriller británico dirigido por Anton Corbijn (El ocaso de un asesino, 2010), connotado fotógrafo y realizador de videos musicales (muy relacionado con la banda Depeche Mode) que en esta ocasión filma la novela homónima escrita por ese amante del mundo de la intriga y del espionaje político llamado John le Carré.

La trama de El hombre más buscado se centra en el trabajo de contrainteligencia encabezado por un agente alemán al que encarna Seymour Hoffman, quien es el encargado de realizar investigaciones sobre terroristas en potencia, principalmente yihadistas islámicos, en un entorno de psicosis internacional posterior a los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados Unidos. El protagonista le sigue la pista a un checheno sospechoso que llega a Hamburgo, sobre el cual el gobierno alemán y sus aliados estadounidenses, a través de la CIA, tienen interés por desenmascarar.

La película se mantiene en interés al margen de cualquier consideración relativa a giros narrativos, a sorpresas o vueltas de tuerca; se consolida desde una fuerte atmósfera que omite hacer divisiones entre buenos y malos, que progresa transmitiendo cierta desesperación contenida, tanto en persecutores como en perseguidos, todo contado con el pulso del mejor narrador.

Resalta desde luego el inconmensurable Seymour Hoffman, quien borda uno de los más grandes papeles de su carrera, dando vida a un agente que proyecta nostalgia y coraje por su pasado, que ya no sabe lo que es correcto, que en el tabaco y el alcohol encuentra cierto alivio. Y a Hoffman le acompaña un reparto que es un verdadero lujo: las mejores versiones de Willem Dafoe, Rachel McAdams, Homayoun Ershadi y Nina Hoss, junto con la tan deslumbrante como hermosa Robin Wright (soy un eterno enamorado de esta mujer), quienes dotan al filme de grandeza.

A diferencia de lo que representó la narrativamente cansina El topo (Tomas Alfredson, 2011), esta vez el universo de Le Carré se conjugó inmejorablemente, suponiendo una despedida más que digna para ese hombre al que no me cansaré de echar de menos, uno de los mejores actores en la historia del cine, el mejor de los últimos 15 años, literalmente uno de mis ídolos: el fenomenal Philip Seymour Hoffman.

No hay comentarios:

Publicar un comentario