No pude esperar hasta que la
cartelera comercial mexicana se dignara a proyectar en sus pantallas la
película que supone el último protagónico de ese gigante de la interpretación
cinematográfica, el hoy difunto Philip Seymour Hoffman (1967-2014). Ya antes había
abordado la carrera de este inmenso histrión oriundo de los Estados Unidos, un
sujeto que proyectaba poderío y magnetismo frente a las cámaras, condición
profesional que escondía un hondo dolor que le orilló a quitarse la vida.
Seymour Hoffman, al margen
de la calidad de los proyectos fílmicos en los que estuviera involucrado,
siempre resaltaba por la eficacia de su trabajo, era —como pocos— garantía de
las más altas cotas de interpretativas. Esto le valió el reconocimiento total
de aquellos que de alguna u otra forma estamos involucrados en el mundo
cinematográfico (realizadores, espectadores, críticos, compañeros actores).
Personalmente, veo como el pináculo de su carrera a aquel monumental personaje
que interpretó en la que —cabe decir— fue la última cinta que dirigió Sidney
Lumet, Antes que el diablo sepa que has
muerto (2007), en donde bordó un papel humanamente inescrupuloso.
El
hombre más buscado
Aunque la última película en
la que participó Philip Seymour Hoffman es la tercera entrega de la saga de Los juegos del hambre, fue en la cinta El hombre más buscado (A Most Wanted Man, 2014) en la que
ejecutó su última actuación estelar. Y qué actuación…
El
hombre más buscado es un thriller británico dirigido por Anton
Corbijn (El ocaso de un asesino, 2010),
connotado fotógrafo y realizador de videos musicales (muy relacionado con la
banda Depeche Mode) que en esta ocasión filma la novela homónima escrita por
ese amante del mundo de la intriga y del espionaje político llamado John le
Carré.
La trama de El hombre más buscado se centra en el
trabajo de contrainteligencia encabezado por un agente alemán al que encarna Seymour
Hoffman, quien es el encargado de realizar investigaciones sobre terroristas en
potencia, principalmente yihadistas islámicos, en un entorno de psicosis
internacional posterior a los atentados del 11 de septiembre de 2001 en Estados
Unidos. El protagonista le sigue la pista a un checheno sospechoso que llega a
Hamburgo, sobre el cual el gobierno alemán y sus aliados estadounidenses, a
través de la CIA, tienen interés por desenmascarar.
La película se mantiene en
interés al margen de cualquier consideración relativa a giros narrativos, a
sorpresas o vueltas de tuerca; se consolida desde una fuerte atmósfera que
omite hacer divisiones entre buenos y malos, que progresa transmitiendo cierta
desesperación contenida, tanto en persecutores como en perseguidos, todo
contado con el pulso del mejor narrador.
Resalta desde luego el
inconmensurable Seymour Hoffman, quien borda uno de los más grandes papeles de
su carrera, dando vida a un agente que proyecta nostalgia y coraje por su
pasado, que ya no sabe lo que es correcto, que en el tabaco y el alcohol
encuentra cierto alivio. Y a Hoffman le acompaña un reparto que es un verdadero
lujo: las mejores versiones de Willem Dafoe, Rachel McAdams, Homayoun Ershadi y
Nina Hoss, junto con la tan deslumbrante como hermosa Robin Wright (soy un
eterno enamorado de esta mujer), quienes dotan al filme de grandeza.

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