Para un seguidor acérrimo de ese gran maestro de la cinematografía
mundial que fue el sueco Ingmar Bergman (1918-2007), la oferta de un nuevo
trabajo que hable sobre cualquier circunstancia de su vida u obra es un buen
pretexto para sacar su figura del baúl de los recuerdos más gratos que se
puedan tener. Si al tema «Bergman» le añadimos la presencia de la gran musa
escandinava llamada Liv Ullmann, luce irresistible el visionado del documental Liv
& Ingmar (2012), realizado por el inédito cineasta indio Dheeraj Akolkar.
Akolkar cumplió uno de los deseos que cualquier amante del universo «bergmaniano»
más añora: el poder platicar con ese portento de actriz y, por lo que se ve,
persona tan sencilla, lúcida y encantadora como lo es la Ullmann.
Liv & Ingmar nos proyecta una radiografía de lo que fue la
relación que sostuvieron por más de cuarenta años director y actriz, desde sus
facetas profesionales hasta el lado más íntimo, en una relación que lo mismo
estuvo llena de amor que de desasosiego.
El documental está dividido en seis partes o en seis sentimientos que
progresivamente se instalaron en el seno de la pareja: amor, soledad, ira,
dolor, anhelo y amistad. La narración va transcurriendo a partir de un recuento
cronológico que Liv Ullmann hace sobre su relación con Bergman, desde el
momento en el que comenzaron a trabajar juntos, pasando por esos años en los
que se correspondieron de manera amorosa (incluso procreando a una hija), los
tiempos en los que la cólera estalló desembocando en una áspera separación y,
finalmente, la reconciliación de dos seres ya en la madurez plena. Intercalado
con lo que nos va contando Ullmann, también se muestra alguna correspondencia
firmada por el propio Bergman, en donde principalmente se aprecia cierta
devoción que el cineasta tenía por una de sus actrices fetiche. En
yuxtaposición con las planos de Ullmann hablando a la cámara, vemos imágenes de
archivo en donde se muestran fragmentos de películas en las que participó la
actriz con el cineasta, así como fotografías y metraje en donde los mencionados
aparecen detrás de cámaras, principalmente en aquellos años en los que filmaron
en la isla de Fårö, Suecia, películas como Vergüenza (1968) o La
hora del lobo (1968), lugar que vio su último encuentro personal y
sitio en donde, además, falleció el propio Bergman en soledad.
Cualquiera que haya dado seguimiento a la filmografía de Ingmar Bergman
y que esté enterado por lo menos un poco de lo que fue su vida privada al lado
de Ullmann, se hace una idea del carácter y las circunstancias implícitas
dentro de su relación. En otras palabras, para nadie es un secreto que aquel
académico de nombre Johan (interpretado por el gran actor que fue Erland
Josephson) y la abogada llamada Marianne (encarnada por la propia Ullmann) que
aparecían en las cintas Secretos de un matrimonio (1973) y Saraband (2003),
dirigidas por el mismo Bergman, eran simplemente proyecciones de lo que fue en
realidad la unión de las vidas de la actriz y el director, iniciando de forma
idílica y, paulatinamente, desnudándose los problemas conyugales, al grado de
irse a las manos, de maldecirse y de separarse para, en una etapa final,
llevarse como los mejores amigos, con una pureza harto compleja. Es desde este
punto de vista desde el cual digo que Liv & Ingmar no me
mostró nada nuevo, que todo aquello que tentativamente pudo haber fungido como
revelación paradójicamente estaba más que codificado desde la propia ficción.
Pese a lo anterior, Liv & Ingmar tiene sus
principales virtudes en las formas: la hora y media de metraje se pasa volando
pues las imágenes que se nos muestran son bellas y están dispuestas con pulso
narrativo acertado; desde luego que también el ver y escuchar a Liv Ullmann es
un deleite per se; igualmente, resulta interesante el hecho de que aún sin la
figura física de Bergman su presencia es permanentemente palpable (desde la
evocación que hace la propia Ullmann), generándome una sensación parecida a lo
que ocurría con aquella película Alfred Hitchcock titulada Rebeca (1940),
con un personaje principal ausente pero que prácticamente carga con el peso
narrativo del relato.
Me resulta imposible hacer un juicio negativo sobre este documental pues
me está hablando de dos de las figuras que prácticamente me descubrieron el
amor por el arte de la imagen en movimiento, que me acercaron a ver el cine
desde una perspectiva más profunda que el simple divertimento. Sospecho que Liv
& Ingmar ha sido realizado simplemente para el goce de los
incondicionales amantes de sus protagonistas, temiéndome que al espectador
desvinculado de la pareja en cuestión pueda parecerle un trabajo poco
interesante pues no muestra nada que particularmente resalte y, por otro lado,
si no se está consciente de la grandeza y relevancia cinematográfica de Bergman
y Ullmann es posible que se pueda pensar que lo contado es propio de cualquier
relación humana.
Por mi parte terminé de ver la proyección con una sonrisa, observando y
escuchando a una de mis heroínas hablar sobre uno de mis héroes.

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