martes, 18 de noviembre de 2014

Otro necesario drama social de los Dardenne


En el cine actual, pocas filmografías puedo identificar como más consistentes que la de los hermanos Jean-Pierre Dardenne y Luc Dardenne, creadores que no cesan en exponer en sus cintas la misma temática de fondo, las mismas formas narrativas y el mismo mínimo de eficacia cinematográfica. Eso sí, bien cabe acotar que de estos directores belgas sólo he visto cuatro largometrajes y un corto (éste último con el que participaron en el compendio Cada quien su cine; 2007), en una carrera que contempla una docena de películas.

Las cintas de los Dardenne sí o sí están inscritas en el drama social, siempre filmadas con cámara en mano, todo en clave de realismo, retratando las vicisitudes de personas que simplemente se tienen que enfrentar a las complejas situaciones cotidianamente presentes en las urbes.
No en vano estos directores son habituales concursantes en la sección oficial del Festival de Cine de Cannes (por lo menos en los últimos 15 años), certamen en el que han ganado la Palma de Oro en un par de ocasiones, de la mano de dos películas tan sentidas como inmejorablemente contadas: Rosetta (1999), en la que hacen un retrato de la dolorosa supervivencia experimentada por una joven (interpretada asombrosamente por Émilie Dequenne) en los bajos mundos europeos; y El niño (2005), complejo filme que sigue a una pareja apenas veinteañera que tiene que lidiar con el nacimiento de su hijo y las sublevadas condiciones socioeconómicas que los asfixian.

Dos días, una noche

Este año los Dardenne presentaron en Cannes la cinta Dos días, una noche (Deux jours, une nuit, 2014), película protagonizada por esa muy eficaz actriz que es Marion Cotillard (La vida en rosa, 2007), quien da vida a Sandra, mujer de la clase trabajadora que en un fin de semana tiene que convencer a sus compañeros de trabajo a que renuncien a una parte de su salario para que ella pueda conservar su empleo. De esta forma, la protagonista acude a ver a sus colegas en horas de descanso, tratando de hacerles notar que ella es la menos culpable de la realidad suscitada, recibiendo respuestas de todo tipo.

Como en anteriores filmes, lo que los Dardenne nos muestran son las distintas aristas en la lucha por sobrevivir acontecida en las urbes europeas, ese intento permanente por no descender aún más en el escalafón económico. Los directores son fríos al exponer su retrato, pues las decisiones que cada uno de los personajes va tomando en torno al conflicto propuesto, más que dilemas morales, responden a circunstancias prácticas; a algunos de ellos se les escucha decir cosas como «me gustaría ayudarte, pero necesito el dinero para subsistir».

No obstante la hora y media de metraje de Dos días, una noche, ésta se pasa volando, pues la película es interesante de principio a fin. Sin embargo, a diferencia de los anteriores trabajos de los Dardenne, me parece que acá hay algún déficit en términos de la empatía que uno asume con la protagonista, que ciertamente está bien conducida por Cotillard, pero que en sus permanentes achaques (todo el tiempo le duele algo; incluso en un momento intenta suicidarse) no logra conmoverme, y me parece que esta característica viene fallida desde el papel (el guión).

Dos días, una noche no supone una decepción, pero tampoco alcanza las cotas de los anteriores filmes que les he visto a los Dardenne, suponiendo la cinta en cuestión acaso un eslabón conformante de un todo homogéneo, en este caso la filmografía de los nombrados directores, con todos los elementos que implican cada una de sus películas, hablándonos de temas socialmente sentidos, poniendo la lupa en los dramas intrínsecos de lo cotidiano.

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