En el cine actual, pocas
filmografías puedo identificar como más consistentes que la de los hermanos Jean-Pierre
Dardenne y Luc Dardenne, creadores que no cesan en exponer en sus cintas la
misma temática de fondo, las mismas formas narrativas y el mismo mínimo de eficacia
cinematográfica. Eso sí, bien cabe acotar que de estos directores belgas sólo
he visto cuatro largometrajes y un corto (éste último con el que participaron
en el compendio Cada quien su cine;
2007), en una carrera que contempla una docena de películas.
Las cintas de los Dardenne
sí o sí están inscritas en el drama social, siempre filmadas con cámara en
mano, todo en clave de realismo, retratando las vicisitudes de personas que
simplemente se tienen que enfrentar a las complejas situaciones cotidianamente
presentes en las urbes.
No en vano estos directores
son habituales concursantes en la sección oficial del Festival de Cine de
Cannes (por lo menos en los últimos 15 años), certamen en el que han ganado la
Palma de Oro en un par de ocasiones, de la mano de dos películas tan sentidas
como inmejorablemente contadas: Rosetta
(1999), en la que hacen un retrato de la dolorosa supervivencia experimentada por
una joven (interpretada asombrosamente por Émilie Dequenne) en los bajos mundos
europeos; y El niño (2005), complejo filme
que sigue a una pareja apenas veinteañera que tiene que lidiar con el
nacimiento de su hijo y las sublevadas condiciones socioeconómicas que los
asfixian.
Dos
días, una noche
Este año los Dardenne presentaron
en Cannes la cinta Dos días, una noche
(Deux jours, une nuit, 2014),
película protagonizada por esa muy eficaz actriz que es Marion Cotillard (La vida en rosa, 2007), quien da vida a
Sandra, mujer de la clase trabajadora que en un fin de semana tiene que
convencer a sus compañeros de trabajo a que renuncien a una parte de su salario
para que ella pueda conservar su empleo. De esta forma, la protagonista acude a
ver a sus colegas en horas de descanso, tratando de hacerles notar que ella es
la menos culpable de la realidad suscitada, recibiendo respuestas de todo tipo.
Como en anteriores filmes,
lo que los Dardenne nos muestran son las distintas aristas en la lucha por
sobrevivir acontecida en las urbes europeas, ese intento permanente por no descender
aún más en el escalafón económico. Los directores son fríos al exponer su
retrato, pues las decisiones que cada uno de los personajes va tomando en torno
al conflicto propuesto, más que dilemas morales, responden a circunstancias
prácticas; a algunos de ellos se les escucha decir cosas como «me gustaría
ayudarte, pero necesito el dinero para subsistir».
No obstante la hora y media
de metraje de Dos días, una noche, ésta
se pasa volando, pues la película es interesante de principio a fin. Sin
embargo, a diferencia de los anteriores trabajos de los Dardenne, me parece que
acá hay algún déficit en términos de la empatía que uno asume con la
protagonista, que ciertamente está bien conducida por Cotillard, pero que en
sus permanentes achaques (todo el tiempo le duele algo; incluso en un momento
intenta suicidarse) no logra conmoverme, y me parece que esta característica
viene fallida desde el papel (el guión).
Dos
días, una noche no supone una decepción, pero tampoco
alcanza las cotas de los anteriores filmes que les he visto a los Dardenne,
suponiendo la cinta en cuestión acaso un eslabón conformante de un todo
homogéneo, en este caso la filmografía de los nombrados directores, con todos
los elementos que implican cada una de sus películas, hablándonos de temas
socialmente sentidos, poniendo la lupa en los dramas intrínsecos de lo
cotidiano.

No hay comentarios:
Publicar un comentario