martes, 18 de noviembre de 2014

Simple y ramplón biopic


Hay ciertos signos que sirven de preámbulo para hacerse de juicios sobre tal o cual película, previendo que la cinta a visualizarse tenga cierto rango de calidad. Algunos de esos signos pueden ser ajenos a los propios elementos conformantes de los filmes (director, actores, guión, etc.), aunque ciertamente lucen como indicativos de lo que se verá en pantalla.

Antes de entrar de lleno a la crítica de la cinta Cantinflas (Sebastián del Amo, 2014),  he de referirme a mi experiencia previa a observarla, pronunciándome puntualmente a las bajas expectativas que tuve sobre el filme en cuestión toda vez que antes de que fuera proyectado me fumé los avances cinematográficos de dos películas mexicanas en concreto: un drama sobre la cantante Gloria Trevi y una comedia que retoma al detestable personaje que se popularizó en el país en los años 70, la India María. Ese par de avances me dieron una idea sólida y negativamente prejuiciosa sobre lo que sería Cantinflas, fortaleciéndose la misma tras observar el gráfico de “Televisa presenta”, luego de su comienzo.

Cantinflas

Cantinflas es un drama biográfico que retoma los inicios y consolidación artística del célebre actor mexicano Mario Moreno “Cantinflas”, interpretado por el español Óscar Jaenada (Noviembre, 2003), exponiendo sus primeras actuaciones en el teatro de carpa, pasando por su relación amorosa hasta llegar a su etapa como ícono del cine mexicano. Paralelamente, se retratan las labores del productor Mike Todd (Michael Imperioli) quien se dispone a filmar la película que, a su decir, será la más ambiciosa jamás filmada en la historia del cine: La vuelta al mundo en 80 días (Michael Anderson, 1956).

De entrada, casi me desmayo al ver en pantalla al perturbador Christopher Moltisanti (Imperioli) de Los Soprano (David Chase, 1999) haciendo de Todd, que no se desenvuelve incorrectamente pero que me causó cierta decepción en detrimento del propio intérprete (demasiada calidad actoral para tan mediocre proyecto).

En lo estrictamente relativo a la cinta, Cantinflas me pareció un biopic bastante limitado, presentándose una visión plana del personaje central, sin establecerse contrapunto alguno, todo mostrado desde una visión complaciente de una estrella de cine que en la actualidad se concibe casi como símbolo patrio. Me pareció estar ante una serie de viñetas edulcoradas sobre lo que fue la existencia del llamado “mimo de México”, desenvolviéndose lo anterior desde un guión que demanda excesiva complicidad por parte de un espectador que, idealmente, tendría que estar dispuesto a reír ante un aluvión de chistes cuanto más blandos y ramplones, que se desencadenan uno tras otro, incluso cayendo a ratos en insinuaciones moralistas.

Otro defecto de connotaciones cargantes en Cantinflas fue la aparición de algunas figuras del cine clásico, tanto estadounidense como mexicano, que en la vida real tuvieron cierta convivencia con Mario Moreno, resultándome casi ofensivas las caricaturizaciones de verdaderos portentos que fueron en vida Charles Chaplin, Marlon Brando, Elizabeth Taylor, Marlene Dietrich, Dolores del Río o Gabriel Figueroa (entre muchos otros), intentándose hacer referencia a esa misma característica que fallidamente había sido expuesta en  la propia La vuelta al mundo en 80 días (de la cual fue protagonista el mismo Cantinflas).

Sobre el polémico (¿?) nombramiento del intérprete europeo Jaenada, calificaría su actuación como correcta aunque muy restringida desde el propio trazo del personaje, terminando por hacer una excelente imitación aunque no pudiendo ir más allá del propio acto de emular acento, posturas y códigos característicos de una figura demasiado vista para los aficionados al cine.
En resumen, se necesita ser muy acrítico o un tozudo seguidor de Cantinflas para gozar de la película, quedándonos a los que no nos enamora la figura del mito cómico la desgracia de contemplar un filme a ratos irritante.

No me sorprendería que Cantinflas pudiera recibir más de una condecoración, toda vez que manifiesta un impulso de vanagloriar las industrias cinematográficas estadounidense y mexicana, siendo esta característica más propia de una estrategia de mercadotecnia que un elemento de conjugación en favor de la narración fílmica.

Sin ser una película vomitiva, Cantinflas es ciertamente muy floja, un título que abona al perpetuo estado de crisis que experimenta el cine nacional.

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