Hay ciertos signos que
sirven de preámbulo para hacerse de juicios sobre tal o cual película,
previendo que la cinta a visualizarse tenga cierto rango de calidad. Algunos de
esos signos pueden ser ajenos a los propios elementos conformantes de los
filmes (director, actores, guión, etc.), aunque ciertamente lucen como
indicativos de lo que se verá en pantalla.
Antes de entrar de lleno a
la crítica de la cinta Cantinflas (Sebastián
del Amo, 2014), he de referirme a mi
experiencia previa a observarla, pronunciándome puntualmente a las bajas
expectativas que tuve sobre el filme en cuestión toda vez que antes de que
fuera proyectado me fumé los avances cinematográficos de dos películas
mexicanas en concreto: un drama sobre la cantante Gloria Trevi y una comedia
que retoma al detestable personaje que se popularizó en el país en los años 70,
la India María. Ese par de avances me dieron una idea sólida y negativamente prejuiciosa
sobre lo que sería Cantinflas, fortaleciéndose
la misma tras observar el gráfico de “Televisa presenta”, luego de su comienzo.
Cantinflas
Cantinflas es
un drama biográfico que retoma los inicios y consolidación artística del
célebre actor mexicano Mario Moreno “Cantinflas”, interpretado por el español
Óscar Jaenada (Noviembre, 2003),
exponiendo sus primeras actuaciones en el teatro de carpa, pasando por su
relación amorosa hasta llegar a su etapa como ícono del cine mexicano.
Paralelamente, se retratan las labores del productor Mike Todd (Michael
Imperioli) quien se dispone a filmar la película que, a su decir, será la más
ambiciosa jamás filmada en la historia del cine: La vuelta al mundo en 80 días (Michael Anderson, 1956).
De entrada, casi me desmayo
al ver en pantalla al perturbador Christopher Moltisanti (Imperioli) de Los Soprano (David Chase, 1999) haciendo
de Todd, que no se desenvuelve incorrectamente pero que me causó cierta
decepción en detrimento del propio intérprete (demasiada calidad actoral para
tan mediocre proyecto).
En lo estrictamente relativo
a la cinta, Cantinflas me pareció un biopic bastante limitado, presentándose
una visión plana del personaje central, sin establecerse contrapunto alguno,
todo mostrado desde una visión complaciente de una estrella de cine que en la
actualidad se concibe casi como símbolo patrio. Me pareció estar ante una serie
de viñetas edulcoradas sobre lo que fue la existencia del llamado “mimo de
México”, desenvolviéndose lo anterior desde un guión que demanda excesiva
complicidad por parte de un espectador que, idealmente, tendría que estar
dispuesto a reír ante un aluvión de chistes cuanto más blandos y ramplones, que
se desencadenan uno tras otro, incluso cayendo a ratos en insinuaciones moralistas.
Otro defecto de
connotaciones cargantes en Cantinflas
fue la aparición de algunas figuras del cine clásico, tanto estadounidense como
mexicano, que en la vida real tuvieron cierta convivencia con Mario Moreno,
resultándome casi ofensivas las caricaturizaciones de verdaderos portentos que fueron
en vida Charles Chaplin, Marlon Brando, Elizabeth Taylor, Marlene Dietrich,
Dolores del Río o Gabriel Figueroa (entre muchos otros), intentándose hacer
referencia a esa misma característica que fallidamente había sido expuesta
en la propia La vuelta al mundo en 80 días (de la cual fue protagonista el mismo
Cantinflas).
Sobre el polémico (¿?)
nombramiento del intérprete europeo Jaenada, calificaría su actuación como correcta
aunque muy restringida desde el propio trazo del personaje, terminando por hacer
una excelente imitación aunque no pudiendo ir más allá del propio acto de emular
acento, posturas y códigos característicos de una figura demasiado vista para
los aficionados al cine.
En resumen, se necesita ser
muy acrítico o un tozudo seguidor de Cantinflas para gozar de la película,
quedándonos a los que no nos enamora la figura del mito cómico la desgracia de
contemplar un filme a ratos irritante.
No me sorprendería que Cantinflas pudiera recibir más de una
condecoración, toda vez que manifiesta un impulso de vanagloriar las industrias
cinematográficas estadounidense y mexicana, siendo esta característica más
propia de una estrategia de mercadotecnia que un elemento de conjugación en favor
de la narración fílmica.
Sin ser una película
vomitiva, Cantinflas es ciertamente
muy floja, un título que abona al perpetuo estado de crisis que experimenta el
cine nacional.

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