viernes, 26 de septiembre de 2014

El memorable adiós de Charlot


Continúa mi estado de éxtasis al seguir disfrutando en pantalla de cine los clásicos del maestro Charles Chaplin. Esta vez tocó el turno de revisar acaso su película más aplaudida, aquella que los especialistas cinematográficos encuentran como su obra maestra: Tiempos modernos (Modern Times, 1936).
Para el año 38, Chaplin ya había cumplido más de 20 años interpretando al personaje de Charlot, aquel vagabundo de bombín, bigote tipo Hitler y pies planos, por lo que decidió entonces poner un «hasta aquí» a una de las figuras icónicas del cine, quizá la más representativa de la etapa silente. Con Charlot se quedan los mejores recuerdos de la comedia, un humanismo matizado por la ingenuidad, la bondad, la pillería, la rebeldía y la constante lucha por sobrevivir dentro de una sociedad que permanentemente propicia escenarios de adversidad.
Al final, Chaplin decidió retirar a Charlot de una manera inusitada…

Tiempos modernos

En Tiempos modernos le seguimos la pista a Charlot (Chaplin), quien trabaja de forma frenética en una fábrica de componentes acereros. Es tal la dedicación de nuestro protagonista que llega virtualmente a la locura, inclusive visitando el frenopático, posteriormente inmiscuyéndose de forma más que circunstancial en una manifestación en pro de la justicia laboral (enmarcado en años de plena depresión económica), siendo confundido por la policía que lo considera el cabecilla de la revuelta, llevándolo esta situación a la cárcel, sitio que dejará también de manera fortuita. Al salir de prisión, Charlot se encuentra con una joven pobre y huérfana (Paulette Goddard), una dama que por cualquier medio busca saciar sus necesidades básicas, incluso transgrediendo la ley. De esta forma, ambos emprenden la difícil tarea de sobrevivir, dentro y en contra de una sociedad en decadencia, alzándose en medio de ambos un halo de romanticismo.

El arranque de Tiempos modernos es memorable; Charlot trabajando como loco, apretando una y mil veces las tuercas dentro de una línea de producción que, a la postre, acabará estropeando. Igualmente, es gloriosa la secuencia en la que el vagabundo, dentro de la cárcel, ingiere cocaína, poniéndose un subidón que desemboca en una de las secuencias más graciosas que le recuerde.

La película está llena (cuándo no) de gags que se quedan en el recuerdo, pero también es de notable relevancia el espíritu crítico que expone Chaplin, de la manera más álgida y puntual, presentándonos una realidad que no es muy distinta a la que en muchos países vivimos actualmente: ahí está la explotación laboral, el problema del desempleo, las manifestaciones que claman por justicia, la represión de las fuerzas de seguridad del estado o la dignidad de los desahuciados a pesar de los pesares.

Al margen del incansable prodigio de Chaplin, destacaría también la incursión de una tan encantadora como bien llevada Paulette Goddard, quien con su personaje demuestra grandes matices, lo mismo dramáticos que cómicos, encaramándose su interpretación como un estandarte de digna subversión, de ánimo libertario y de amor incondicional; realmente portentosa.

Y, a manera de colofón, Chaplin despide al eterno enmudecido Charlot nada menos que con un número musical en el que lo hace cantar, un acto que muestra las dotes de genio artístico que el actor y director británico se encargó de verter por las pantallas cinematográficas durante más de cinco décadas.

He de decir que, en estricto rigor, en el más reciente visionado que hice de Tiempos modernos me quedé con una impresión de que es una película narrativamente inconsistente, con reductos a nivel de la trama que suponen rompimientos dentro de la misma historia (ejemplo de ello, la escena un tanto edulcorada dentro de una tienda departamental), aunque nunca ensuciando esta condición el innegable calificativo de «obra maestra» que siempre pronunciaré al referirme a esta película.

Tiempos modernos fue el adiós del vagabundo más entrañable de la historia del cine, yéndose por la puerta grande, en una cinta de ineludible visionado.

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