miércoles, 6 de agosto de 2014

El deber y el amor… una combinación dolorosa


No encontré cosa mejor qué hacer en una tarde lluviosa y fresca que dirigirme a mi filmoteca personal y seleccionar uno de los clásicos con letras mayúsculas de la historia del cine: Casablanca (1942).

Dirigida por Michael Curtiz en plena Segunda Guerra Mundial, la cinta está basada en un texto dramático que nunca llegó a montarse, titulado Everybody comes to Rick’s (Murray Burnett y Joan Alison), escrito para cine por los hermanos Julius J. Epstein y Philip G. Epstein (Arsénico por compasión. Frank Capra, 1944), junto con Howard Koch (Carta de una desconocida. Max Ophüls, 1948), filme que desde su primera exhibición tuvo un recibimiento favorable, alabado tanto por la crítica como por el público en general, obteniendo nada menos que tres Oscar como mejor película, mejor director y mejor guión adaptado pero, más importante aún, consiguiendo de inmediato el título de «clásico del cine», convirtiéndose lo mismo en una película de culto que en una cinta alabada por las masas.
Es importante destacar que para el año 42 Michael Curtiz (cineasta exiliado en los Estados Unidos) ya tenía una vasta filmografía como director del cine silente en su natal Hungría, por ahí de la segunda década del siglo XX, rodando posteriormente en Austria y en Alemania (ya  entrando a la etapa sonora), viajando de Europa hacia América a principios de los años 30 (coincidiendo con la irrupción del nacismo), habiendo filmado en su etapa hollywoodense, previa a Casablanca, títulos como Las aventuras de Robin Hood (1938) o El halcón del mar (1940), obras que lo colocaban como un director eficaz del cine de género, un artesano de obras comerciales.

Casablanca

La anécdota de Casablanca nos habla del reencuentro de un par de enamorados, Rick (Humphrey Bogart) e Ilsa (Ingrid Bergman), en la ciudad marroquí epónima de la película, quienes se conocieron y se declararon su amor en París, pero que la invasión de las tropas alemanas en suelo francés durante la Segunda Guerra Mundial  los separó, al tiempo que la mujer ya estaba comprometida con el activista político checoslovaco de La Resistencia, Victor Laszlo (Paul Henreid), girando así la trama en un triángulo amoroso en el cual, primero, la dama habrá de debatirse entre sus dos amores y, después, los caballeros experimentarán la disyuntiva de dar rienda suelta a sus sentimientos o valorar el momento socio-histórico en el cual se encuentran inmersos, decidiéndose a realizar actos íntimos de heroicidad que abonarán por rescatar al mundo del conflicto bélico, en detrimento de sus pulsiones más personales.

La ciudad de Casablanca que se propone en la cinta es un sitio en el que confluyen exiliados europeos del nacismo, un lugar que presenta dificultades para salir pues la Gestapo lo tiene controlado, con policías corruptos que se relacionan con personajes que tampoco se presentan como los moralmente más puros. Así, por ejemplo, la dinámica de relaciones que se nos presenta con Rick, estadounidense dueño del bar Rick’s Café (en el cual confluye lo mismo gente de a pie y criminales que policías y activistas políticos) es de bajas connotaciones, interactuando el norteamericano con el agente del orden Renault (Claude Rains), tipo al que soborna con tal de que su garito continúe operando no obstante las actividades ilegales que ahí se practican (como el juego). También vemos a Rick relacionarse con gente como el señor Ferrari (Sydney Greenstreet), quien también posee un bar y que, como negocio turbio, tramita ilegalmente salvoconductos para los inmigrantes que quieren dejar Casablanca; de la misma forma, Rick entabla cierta amistad seca con el ladrón de poca monta Ugarte (Peter Lorre). Y no se puede dejar de lado al eterno amigo de nuestro protagonista, el pianista Sam (Dooley Wilson), tipo que, cual fiel escudero, ha acompañado a Rick en los momentos malos y en los peores.

Casablanca es una obra clara en su estructura narrativa pero compleja en su espíritu, con una composición de personajes y de diálogos notables, llena de momentos estrictamente fílmicos que se quedan grabados en el imaginario. Y es que, desde la lectura más superflua, podríamos por comenzar por enaltecer la maestría de Curtiz al presentarnos a la Bergman de la manera en la que lo hizo, con un rostro diáfanamente expuesto, irradiando pureza, con incontestables  primeros planos de una belleza cinematográfica de primer orden. Asimismo, Bogart se hace completamente de un personaje irrepetible, el cínico perfecto desencantado de la sociedad por excelencia, roto por dentro pero también con cierta compasión por los demás, trazando a un hombre de formas cuestionables pero que es todo legalidad, un tipo que al preguntarle su nacionalidad responde «soy un borracho», alguien a quien el capitán Renault describe como «el hombre del que yo me enamoraría si fuera mujer».

Por supuesto que Casablanca es una película llena de momentos potentes, como aquel reencuentro entre Rick e Ilsa, con la canción As times goes by de fondo (interpretada por Sam), en una mezcla de sorpresa, felicidad y dolor, una reunión de dimensiones antológicas. O el desenlace (no leer esta parte de la crítica si no se ha visto la película en cuestión), con una tercia de inconmensurables actores (Bogart, Bergman y Henreid) parados en una pista de aterrizaje/despegue, en medio de la niebla, con una  aeronave que espera por ser abordada; los tres con sombrero a la cabeza entendiendo que el destino de Ilsa en mucho determinará el camino que habrá de tomar la lucha contra los nazis: si se queda con Bogart, aparentemente el verdadero amor de su vida, destruirá a su marido, Lazlo, un personaje clave para el rumbo que tomará el conflicto bélico mundial… finalmente Rick se despide de Ilsa con un «siempre tendremos París», frase que simbolizará la vida de un amor a través del recuerdo.

Casablanca es de esas películas que necesariamente debo ver un par de veces al año, es una obra que me supone oxígeno puro, filme de múltiples lecturas que hace referencia a una manera de hacer cine como lo fue el Hollywood clásico, rodando en estudios, con verdaderos profesionales de oficio (dirección, fotografía, guión, decorados), cinta que discursivamente nos habla de seres universales que ponen en la balanza sus sentimientos y el deber social que les ha correspondido asumir.

En Casablanca todo es perfecto, es una de las cuatro o cinco películas de mi vida.

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