Hace más de un mes tuve la
oportunidad de ver Ninfomanía Vol. 1,
primera parte de la película sobre la cual versa la presente crítica, Ninfomanía Vol. 2 (Nymphomaniac. Volume 2, 2013), en lo que comprende el más reciente
trabajo del cineasta danés Lars von Trier.
Ya antes había expresado un
panorama general de lo que me parece el cine de von Trier, considerando que el
director posee talento, tiene dominio de los elementos cinematográficos, pero
que sus deseos de permanente transgresión en muchas ocasiones lo llevan a entregar
trabajos más bien pedantes. En cuanto a lo mejor que ha hecho el cineasta,
desatacaría una de sus cintas más recientes, Melancolía (2011), obra principalmente angustiante, ligando una
realidad apocalíptica con el complejo resquebrajamiento de una recién casada (Kirsten
Dunst). Si hablamos de lo peor que ha rodado el director, sin duda habría que
citar el título Los idiotas (1998), cinta
que literalmente es una apología a la estupidez, con un grupo de personas que
viven haciendo tontería y media, todo filmado bajo el precepto del Dogma 95, corriente fílmica que, junto
con su connacional Thomas Vinterberg (La
caza, 2012), intentó impulsar, acentuando bases de rodaje y producción más
bien austeras (sin luz artificial, en escenarios reales y con cámara en mano,
por mencionar).
Ninfomanía
Vol. 2
En Ninfomanía Vol. 2 retomamos la historia de Joe (Charlotte
Gainsbourg), quien le cuenta al viejo Seligman (Stellan Skarsgård) la historia
de su vida, particularmente los aspectos relevantes que han tenido injerencia
en su desarrollo como una ninfómana confesa.
La parte uno de la Ninfomanía de von Trier nos hablaba de
los inicios sexuales de una mujer, desde su infancia hasta su juventud,
presentándose en medio la relación de la chica con su padre, al tiempo que se
hacían una serie de metáforas sobre las relaciones sexuales, la pesca y la
música (algo que me pareció un gran desacierto por parte del director),
transitando la narración parajes sicológico/dramáticos, con hechuras más
allegadas a la fanfarronería y a la bobería que a la pretendida reflexión
intelectual desobediente.
Ninfomanía
Vol. 2 continúa con las narraciones de Joe, dividiéndolas en
tres capítulos (‘La Iglesia oriental y
occidental - El pato mudo’, 'El
espejo' y 'La pistola'), viajando
la trama, a manera de flashbacks, a través situaciones de la vida de nuestra
ninfómana, empezando con un momento de insensibilidad sexual, andando hacia la
experimentación del gusto por lo violento y desembocando en una suerte de
sentir de exclusión social, convirtiéndose la protagonista en una fuera de la
ley, una extorsionadora profesional que terminará por forjar a una joven (Mia
Goth), a quien transmitirá su sapiencia erótica.
En un inicio entendí que en
realidad el proyecto Ninfomanía era
una película dividida en dos partes, principalmente por su tiempo de duración
(cuatro horas en total), sin embargo, sí que encuentro notables diferencias entre
las dos entregas, siendo la primera una especie de retrato entre broma y broma
de un drama sicológico, encontrándome con una segunda parte más tendiente a la
contención narrativa, aunque todavía transpirando ese aire de ironía fallida,
propiciado en gran medida por el personaje cerebral de Stellan Skarsgård, que
se intenta contrastar desde metáforas culturales con la protagonista.
Hago la acotación de que vi
dos veces Ninfomanía Vol. 2: mi
primer visionado lo hice un par de días después de haber visto la primera
entrega, gustándome sobremanera lo que veía en pantalla, en resumidas cuentas
encontrando que aquello que lucía como defecto en la parte uno en la dos había
desaparecido, pareciéndome la última entrega una cinta mucho más consistente,
hablándome de la ninfomanía más desde sus circunstancias de aislamiento social que
desde la perspectiva del simple trastorno; sin embargo, ahora que he vuelto a
visionar Ninfomanía Vol. 2 en su
corrida comercial, me pareció una película espesa, interesante en su planteamiento
y en registro pero desalmada; sí con alguna secuencia dotada de realismo
efectivo (sobre todo en la flagelación que sufre la protagonista) pero, en
términos generales, más tendiente a la sosería, no dejando de lado que en esta
última revisión volví a sentir esa pedantería marca registrada de Lars von
Trier.
Eso sí, la presencia de Charlotte
Gainsbourg me parece magnética, la veo como una actriz que irradia complejidad,
morbo e inteligencia, provocando en gran medida que la narración no decaiga,
sometiéndose para la cinta en cuestión a muchos matices dramáticos que no
cualquier actor puede conseguir.
Finalmente me gustaría rescatar la conclusión de la película que, aunque no develaré, sí comento que me parece por parte del director un gran acierto, recordándonos la importancia que tiene el sonido en este arte de la imagen en movimiento.

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