viernes, 1 de agosto de 2014

El complejo despertar sexual


Revisando la filmografía del cineasta francés François Ozon, me doy cuenta de que apenas he visto cinco películas de la veintena de cintas que comprenden el total de su obra.

Los filmes de Ozon no son propiamente reconocibles en un primer vistazo, lo mismo puede rodar con recursos austeros, en cuanto a la puesta en escena, como también puede sobrecargar los decorados y la fotografía de sus cintas.
Mi primer acercamiento con el cineasta se dio a través de la cinta 5X2 (2004), película que retrataba el declive conyugal de una pareja a partir de cinco episodios, con una modesta economía narrativa y un sentido de la temporalidad transgresor, propiedades contrastantes, por ejemplo, con el filme Potiche, mujeres al poder (2010), película ambientada en los años setenta en donde seguimos la pista de una Catherine Deneuve en plan de ricachona, que de pronto debe hacerse cargo de la fábrica de su marido, a la postre convirtiéndose, circunstancialmente, en una activista política, todo en clave de comedia, una película visualmente muy colorida.

Ozon vio el éxito y se hizo popular en el año 2002 con el filme Ocho mujeres, una comedia musical envuelta en un manto de humor negro, en donde un grupo de féminas al interior de una mansión busca dar con el asesino de una persona, convocando el director para este filme a la crema y nata de las actrices francesas, encabezando la lista mi muy admirada, querida e idolatrada Isabelle Huppert, junto con otras grandes intérpretes de la talla de la misma Deneuve, Emmanuelle Béart, Fanny Ardant o Virginie Ledoyen.

No obstante que las películas de François Ozon de menos son «buenas a secas», lo mejor que le he visto al director es el filme titulado En la casa (2012), cinta en la que un chico, influenciado por su profesor de literatura, comienza a escribir una novela en la que los protagonistas son los miembros de la familia de su mejor amigo, entrecruzándose así realidad y ficción, quedando en el centro del relato el enamoramiento en el que cae joven de la madre de su camarada, interpretada por la bella Emmanuelle Seigner, en una comedia dramática tan original como redonda.

Mientras escribo estas líneas y recuerdo las cintas de Ozon, es posible establecer símiles sobre todo en el tono en el que son contados sus relatos, siempre rescatando claves que podrían caer en dramas profundos a partir de cierta ironía y humor contenido, paralelamente escudriñando en temáticas como el amor y la sexualidad, aunque no sean estas condiciones propiamente las que fungen centrales dentro de sus historias.

Joven y bella

Como parte de los rezagos en la cartelera nacional, esta semana llegó a los cines la cinta Joven y bella (Jeune et jolie, 2013), obra presentada en el Festival de Cannes del año pasado, recibida de forma positiva por la crítica aunque sin obtener ningún galardón.

La película está dividida en cuatro capítulos, correspondientes a las cuatro estaciones del año, iniciando en el verano en el que Isabelle (Marine Vacth) cumple 17 años, una joven perteneciente a una familia francesa acomodada que vive con su madre (Géraldine Pailhas), hermano menor (Fantin Ravat) y padrastro (Frédéric Pierrot). Isabelle se encuentra en una época de su vida de iniciación sexual, de descubrimiento corporal, de establecer relaciones carnales con otras personas. Tras el verano llega el otoño, y con él la chica experimenta cierto deseo por tener encuentros sexuales con desconocidos, ejerciendo así la prostitución, con el simple objetivo de saciar sus necesidades eróticas. Sus motivos reales son todo un misterio, en cierto momento explica que no siente ningún placer al hacerlo con desconocidos, pero parece que todo lo que rodea a sus clandestinos encuentros es aquello que la mueve. Sin embargo, ya entrado el invierno, el conflicto dramático aparece, pues su madre se entera de la doble vida que lleva su hija.

El gran mérito de Joven y bella radica en que es un drama adolescente bien contado aunque ligero, con una joven protagonista atractiva, que te envuelve en su misterio, alguien que soporta llevar un relato enteramente con su presencia.

Aunque ciertamente el filme te mantiene entretenido durante su hora y media de duración, es evidente la inconsistencia en cuanto a la composición dramática del relato, sacado de la mejor manera cuando se enfoca en la complejidad moral de su protagonista, pero flaqueando cuando ésta se ve confrontada en su seno familiar, sobre todo con la madre, compaginando el director estas dos situaciones de manera fallida, pudiendo haber quedado como una cinta más redonda si Ozon le hubiera bajado un poco a su habitual tono irónico y si, además, hubiera descartado algunas subtramas que terminan por distraer la propuesta central.

Y sí, es inevitable traer a colación al gran referente cinematográfico que es Bella de día (Belle de jour, 1967), filme argumentalmente muy parecido a  Joven y bella, en donde Luis Buñuel nos muestra a la mismísima Catherine Deneuve como una esposa aristócrata que, por las noches, ejerce la prostitución, en un filme compacto, formalmente clásico pero, en el fondo, totalmente retorcido; una obra maestra.


En términos generales, Joven y bella supone la materialización de pensamientos y pulsiones poco claros en torno al encuentro adolescente con el sexo, en un filme que si bien posee el don de estar contado de manera adecuada, emocionalmente toma distancia del espectador, quedando como una película que parecía conducirse hacia la turbiedad pero estacionándose al final como un simple drama ligero.

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