Desde que poseo cierta
conciencia cinematográfica he tenido a bien en revisar los elencos y equipos de
producción que conforman tal o cual película, hecho que me ha permitido, en
muchos casos, encontrarme con maravillas cinematográficas o, de menos, evitar
comprar una entrada de cine para visualizar un fiasco.
Este ejercicio de selección
fílmica escrupulosa lo ocupé nuevamente para decidirme a entrar a ver la cinta Juntos… pero no tanto (And So It Goes, 2014), toda vez que la
simple sinopsis no me decía mucho. Únicamente me bastó observar que era una
cinta dirigida por Rob Reiner y protagonizada por Michael Douglas y Diane
Keaton para optar por observarla.
De Reiner tengo una opinión
limitadamente buena, pues casi todas las películas que he visto de él muestran
un oficio en la dirección que difícilmente las hace caer estrepitosamente
aunque, sin duda, tampoco ha conseguido pasar de una simple calificación
aprobatoria en sus buenas películas. Me parece que su punto más alto lo encontró
con el drama sicológico Misery
(1990), adaptación de la novela homónima de Stephen King en la que aparece una
soberbia Kathy Bates haciendo el papel de una obsesiva mujer que tiene auténticamente
secuestrado a su escritor favorito, el también extraordinario James Caan, en un
filme que alcanza importantes dosis de tensión gracias a la buena disposición
técnica de Reiner, en conjugación con el atingente reparto. Al cineasta
estadounidense también se le deben películas solventes y de buena manufactura
como la icónica comedia romántica de finales de los ochenta Cuando Harry conoció a Sally (1989), además
de aquel buen drama judicial Cuestión de
honor (1992) o ese melodrama pasado de sentimentalismo titulado Antes de partir (2007).
En el lado interpretativo, siempre
he tenido la mejor impresión tanto de Diane Keaton como de Michael Douglas,
ambas figuras coincidentemente subvaloradas para mi gusto, pues han hecho menos
buenas películas de lo que su propia calidad demandaría. Keaton fue durante
algunos años la musa de uno de mis más queridos cineastas, Woody Allen, o sea
que le guardo cierta veneración, particularmente por sus protagónicos en esas
obras maestras tituladas Annie Hall
(1977), Interiores (1978) y Manhattan (1979), destacando también sus
papeles de reparto en la saga de El
Padrino (Francis Ford Coppola. 1972, 1974 y 1990) o en aquel buen filme que
fue Rojos (1981), junto a Warren
Beatty, quedando injustamente un vacío de calidad fílmica en su carrera,
particularmente en la décadas del 90 y del 2000. De Michael Douglas más o menos
se podría decir lo mismo: un excelente actor al que le podemos contar con los
dedos de una sola mano las grandes películas en las que ha participado,
comenzando con aquella cinta que le dio el Oscar en 1987, Wall Street (Oliver Stone), año en el que también filmaría otro
clásico dentro de su filmografía, Atracción
fatal (Adrian Lyne), al lado de una inquietante Glenn Close, saltándonos
hasta la década del 90 con la cinta Bajos
instintos (Paul Verhoeven, 1995), actuando con la deslumbrante Sharon Stone,
posteriormente trabajando bajo las órdenes del genial David Fincher en la
inexplicablemente olvidada The game
(1997), encumbrando su carrera de la mano del notable director Steven
Soderbergh en Traffic (2000), siendo
ésta la última película grande que le recuerde al intérprete.
JUNTOS… PERO NO TANTO
Dados los elementos
anteriormente descritos, deduje que Juntos…
pero no tanto de menos iba a ser una película aceptable. Y lo fue.
La historia relata el
encuentro de un par de sesentones (Douglas y Keaton), mismos que han quedado
viudos y que comparten vecindad. El personaje que interpreta Douglas es un
exitoso agente inmobiliario en vías del retiro, a quien un buen día su hijo malcriado
(Austin Lysy) le da a cuidar a su desconocida nieta (Sterling Jerins), pues
este segundo está por ir a la cárcel. La nieta de nuestro protagonista será el
eslabón que lo acerque al personaje que interpreta Keaton, conjugándose así un
romance que, desde luego, tendrá sus obstáculos.
Juntos…
pero no tanto es básicamente una comedia romántica
sentimental, que tiene sus gags y su punto reflexivo, elementos sobrellevados
eficazmente por un Rob Reiner que nunca pretende pasarse de la raya, en una
cinta soportada por unos tan encantadores como empáticos Diane Keaton y Michael
Douglas, destilando gracia y buena presencia.
Aunque ciertamente
peca de burda y edulcorada, sin llegar a ser cargante, en términos generales Juntos… pero no tanto es una película
que simplemente se deja ver y que, en una de esas, te puede hacer pasar un rato
agradable. No más.

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