viernes, 1 de agosto de 2014

20 años de Chungking Express


En el pasado Festival de Cannes se hizo una retrospectiva sobre la película que en 1994 ganó la Palma de Oro, Tiempos violentos (Pulp Fiction), cinta que catapultó al cineasta Quentin Tarantino y que lo convirtió en el favorito de los apologistas de la modernidad, obra ciertamente rupturista que opacó en buena medida a otros títulos que, en mi parecer, son de igual o mejor calidad, como Balas sobre Broadway (Woody Allen), Sueño de fuga (Frank Darabont) o Exótica (Atom Egoyan).

Este 2014 también cumplió 20 años una de mis películas consentidas, Chungking Express, obra representativa de uno de mis directores predilectos del cine contemporáneo, Wong Kar-Wai.
La filmografía de Wong Kar-Wai contempla títulos únicos, siendo el director realmente más original que ha visto el cine en las últimas dos décadas, creador de atmósferas inigualables, de un sentido melancólico propio, un verdadero poeta de los elementos cotidianos. Al cineasta chino le debemos títulos tan cadenciosos como originales de la talla de Happy Together (1997), Deseando amar (2000) o 2046 (2004), filmes que diseccionan inmejorablemente las circunstancias y procesos de desamor, la imposibilidad de alcanzar la plenitud en pareja, la melancólica autodestrucción interior tras ver frustrados los deseos humanos, todo esto apoyado de una fotografía, diseño de arte, selección de casting y banda sonora que se sincronizan en un andamiaje lírico que sólo es capaz de conjugar un artista en toda proporción.

Dos relatos sobre el amor/desamor

«0.01 cm. de distancia, es lo más cerca que estuvimos. 57 horas más tarde, me enamoré de esta mujer»

Con uno de los arranques más potentes e hipnóticos en la historia del cine da inicio Chungking Express. La película nos cuenta dos relatos sobre el amor/desamor acontecidos en las entrañas de Hong Kong. En el primero de ellos seguimos al agente 223 (Takeshi Kaneshiro), un guardián de la ley solitario, rechazado por todas las mujeres, a punto de cumplir 24 años. Por azares del destino, se encuentra con una misteriosa traficante de drogas rubia (Brigitte Lin), mujer traicionada por quienes fueran sus secuaces, un personaje que lleva todo el tiempo gafas oscuras, en caso de que salga el sol, y un impermeable, para prevenirse de las lluvias. El agente y la dama misteriosa apenas entablarán plática, pero generarán una empatía muy particular, de un enamoramiento contenido. En la segunda historia seguimos al policía 663 (Tony Leung Chiu Wai), quien recientemente fue abandonado por su novia. Un buen día conoce a Faye (Faye Wong), una joven que atiende una cafetería a la cual el agente acude con regularidad. Faye queda enganchada secretamente del policía, mismo que vive en permanente ensoñación, recordando al amor pretérito.

«La gente cambia. Le puede gustar la piña hoy y algo diferente al día siguiente»

Chungking Express no se parece a ninguna otra película. Está cargada de diálogos inteligentes, sentidos y hasta con humor, conjuntando dos historias contrastadas, la primera en clave de fatalidad y la segunda casi rayando en lo cursi, aunque ambas ligadas en el fondo con una sensación de deseo romántico no saciado, todo el tiempo latente.

Wong Kar-Wai borda en Chungking Express una exposición emocional a dos bandas en tono cómico-dramático-melancólico, haciéndose para ello de recursos técnicos y artísticos que envuelven al filme en un universo hipnótico; ahí está la maravillosa música que lo mismo ocupa sintetizadores que emiten sonidos tradicionales chinos potentes, como también la popular canción de los 60 California Dreamin’; igualmente, el trabajo fotográfico de Christopher Doyle dota de una armonía fastuosa a elementos ciertamente cotidianos, que van desde latas de piña hasta las calles hongkonesas llenas de comerciantes, añadido lo anterior a experimentos visuales dispuestos por el director en los que ralentiza las imágenes, generando una estética y una narrativa descomunal.

«Cada vez que sufro de desamor salgo a correr. El footing ayuda a evaporar el agua del cuerpo, así no queda nada para las lágrimas»

La leyenda cuenta que Chungking Express fue rodada en 15 días, luego de un severo periodo de estrés que padecía Wong Kar-Wai, tras la demandante filmación de la épica Ashes of Time (1994), para lo cual el cineasta juntó a sus colaboradores cercanos y escribió sólo algunas líneas que servirían para dar forma a la cinta en cuestión, propiciando este hecho el que los actores improvisaran sus registros de manera permanente, resultando este ejercicio histriónico como una muestra excelsa al momento generar emociones a través de la contención actoral.

«Por un motivo u otro todo tiene fecha de caducidad. (…) Si el recuerdo se puede enlatar, espero que nunca caduque. Si hubiera que ponerle una fecha espero que sea dentro de 10 mil años»


Chungking Express es una película imperfecta desde el punto de vista de la composición dramática, quizá con altibajos desde lo que se cuenta pero, como dijera el cineasta y crítico francés François Truffaut, una película puede ser la mejor desde sus imperfecciones y otra película puede resultar peor aunque esté muy bien hecha. Por mi parte procuro revisar por lo menos dos veces al año esta cinta que, dicho sea, fue la que le dio fama mundial a Wong Kar-Wai a mediados de los noventa, un título que el propio Tarantino distribuyó por Europa y América quedando maravillado tras visualizarla.

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