viernes, 25 de julio de 2014

El tortuoso viaje de los migrantes centroamericanos


Apreciar una película que te hable de la inmigración ilegal casi siempre supone un ejercicio de encuentro con la fatalidad.

De manera tangencial, la cinta A la orilla del cielo (Fatih Akin, 2007) trataba el tema, en un drama coral que vivían algunos turcos afincados en Alemania, una suerte de retrato contemporáneo en donde se visualizan las interrelaciones culturales. También están títulos como Al otro lado (Gustavo Loza, 2005), película que directamente muestra, casi en forma comparativa, los fenómenos migratorios que acontecen en puntos tan distintos como México, Cuba o Marruecos, trama inscrita en un registro melodramático un tanto reduccionista. Igualmente, hay relatos que se concentran en exponer las vicisitudes que representa el hecho de viajar a otro país de manera ilegal, principalmente captando las adversidades de un viaje que más bien resulta un calvario, como en la cinta Sin nombre (Cary Joji Fukunaga, 2009), película que nos subía a los vagones de un tren en donde padre e hija centroamericanos viajaban por México en las peores condiciones posibles, intentando alcanzar el sueño americano.

No hay mucho más que decir sobre el tema de la inmigración: hay fenómenos económicos globales que propician el hecho de que personas de países subdesarrollados busquen un mejor futuro en países desarrollados, estas segundas naciones mostrando reticencia ante la llegada de ciudadanos del tercer mundo, dificultándose así el ingreso e integración de inmigrantes a los idealizados pueblos.

La jaula de oro

El multigalardonado largometraje de ficción La jaula de oro (Diego Quemada-Díez, 2013) no habla más que de los tópicos consabidos aunque no por ello poco sentidos.

La historia se centra en el viaje que emprenden tres amigos adolescentes guatemaltecos con destino a los Estados Unidos, Juan (Brandon López), Sara (Karen Martínez) y Samuel (Carlos Chajón), mismos que al llegar a la frontera con México se juntarán con el indígena tzotzil Chauk (Rodolfo Domínguez), emprendiendo un periplo por demás dificultoso que, entre otras cosas, retrata la negligencia con la que los cuerpos de seguridad mexicana avasallan a los viajeros, mostrando la dificultosa travesía que se tiene que sufrir encima de los vagones de los trenes; nos habla sobre fenómenos de inseguridad latentes en una región sometida por el crimen organizado, además del mayor grado de dificultad que representa para las mujeres el exponerse a un viaje tan riesgoso. También salen a relucir gestos de solidaridad para con los migrantes, la amistad de los viajeros que se agudiza conforme van compartiendo experiencias de toda índole, al igual que el sentido de perseverancia, de continuar no obstante los monumentales obstáculos que se presentan en tan tortuoso camino.

No tenía ningún antecedente sobre el cineasta Diego Quemada-Díez pero, sin duda, muestra un notable oficio al filmar su ópera prima, desarrollando con La jaula de oro un relato que en ningún momento desfallece desde el punto de vista narrativo, que casi desde el inicio te genera empatía con cada uno de los personajes plasmados. Es muy meritorio el hecho de que contándote algo que ya de entrada sabes que tendrá tintes dramáticos e, incluso, tienes noción de qué reductos puede tomar la cinta, aun así lo que se cuenta resulte ser fresco y de permanente interés. La cinta es asertiva en el hecho de que, no obstante está codificada desde el realismo, lleva intrínsecamente un drama bien construido, a ratos tierno pero también desasosegante, casi diría que en la misma medida optimista que pesimista.

El gran acierto de Quemada-Díez es la selección de su reparto, todos actores inexpertos, que gracias a esta propiedad se hacen más creíbles en pantalla, sobre todo empáticos, respaldados por inmigrantes reales que complementan de la mejor manera las presencias de los jóvenes a cuadro.

Veo como punto flaco en La jaula de oro el uso de la poesía visual un  tanto fuera de contexto, particularmente en planos que el director intercala entre el relato realista de los inmigrantes con imágenes de nieve cayendo, elemento que quizá luce como premonitorio sobre el destino de alguno de los personajes, pero que le quita un poco de consistencia a la sucesión de imágenes. Asimismo, veo una carga excesiva en las vivencias que van teniendo los personajes durante su viaje, adicionando situaciones como un triángulo amoroso, la discriminación, la muerte, el secuestro, el alejamiento de algún amigo, y todo lo anterior envuelto en un suspenso permanente, sobre el hecho de si conseguirán o no su objetivo. Quizá hubiera preferido que la cinta acabara un poco antes, con uno de esos finales abiertos.

En términos generales, se nota que el trabajo previo por parte de Diego Quemada-Díez fue tremendamente exhaustivo, delineando cada aspecto del viaje de los inmigrantes centroamericanos por México con un realismo tan asombroso que te llega a aterrorizar, plausiblemente quitando cualquier esencia de victimización vacua a un fenómeno que, por otro lado, te está hablando de víctimas económicas en un contexto global.

No hay comentarios:

Publicar un comentario