viernes, 18 de julio de 2014

Las inconsistencias de Lars von Trier


Es imposible desasociar el nombre de Lars von Trier con el calificativo de «provocador». De los cineastas actuales, el danés debe ser el favorito de los cinéfilos transgresores. El director es el enfant terrible de la baraja de creadores cinematográficos mundiales, un tanto por su personalidad pero también por la composición su obra.

Tengo muy claro que Lars von Trier es capaz de lo sublime y de lo más petulante, de la mayor profundidad y del sopor más agudo. Sin duda es un creador competente muchas veces rebasado por sus ideas rupturistas. Ha sido capaz de crear dramas tan sentidos como Rompiendo las olas (1996) y Bailar en la oscuridad (2000), pero también experimentos tan raros y molestos del calibre de Epidemic (1987) y Los idiotas (1998). Más recientemente me pareció que la obra de von Trier alcanzaba una madurez plena, filmando dos obras mayores tituladas Anticristo (2009), un verdadero tratado sobre la maldad, con imágenes potentísimas, y Melancolía (2011), drama apocalíptico lleno de profundidad y de belleza formal. Por ello, mi expectativa al ver su más reciente trabajo, Ninfomanía Vol. 1 (Nymphomaniac. Volume 1, 2013), era grande, no obstante que las críticas en torno a esta cinta tendían a polarizarse.

Ninfomanía Vol. 1

A manera de prólogo, sintetizo la experiencia que tuve al momento de ir a recoger mi entrada del cine. Y es que uno de los clientes que se disponía a comprar su boleto preguntó a la persona de la taquilla «¿qué tal está Ninfomanía», contestando literalmente el empleado de la exhibidora de películas, sin dudarlo, «muy fuerte, muy, muy fuerte», con lo cual uno como espectador podría esperarse algo muy grande, más allá de lo bueno o de lo malo que pudiera ser el producto, toda vez —repito— que las dos más recientes experiencias que había tenido con von Trier habían sido ciertamente impactantes.

Cabe aclarar que Ninfomanía Vol. 1 es la primera parte de un proyecto general completado por Ninfomanía Vol. 2, digamos que es una película que debería durar cuatro horas totales pero que fue dividida por consigna del director y de los productores.

En Ninfomanía Vol. 1 seguimos la historia de una ninfómana (Charlotte Gainsbourg) que una noche es encontrada en la calle, tirada y golpeada, por un solitario profesor de origen judío (Stellan Skarsgård), quien le dará asilo en su casa, lugar en donde la mujer le contará parte de la historia de su vida, particularmente desde el lado sexual, mezclándose la conversación con analogías sobre la pesca, la música y la naturaleza (entre otras cosas). Así, a manera de flashbacks, vemos como el personaje de Gainsbourg se va descubriendo sexualmente, desde muy niña, pasando por la adolescencia y hasta la juventud (etapa de su vida interpretada por la sorprendentemente talentosa Stacy Martin), en un pasado donde toma gran importancia la relación que llevó con su padre, con su mejor amiga, con sus compañeros de cama y con quien fue el primer amor de su vida (Shia LaBeouf). Los recuerdos de Gainsbourg se dividen en cinco capítulos.

Con Ninfomanía Vol. 1 creo que estamos ante un  resumen de lo que ha sido la filmografía de Lars von Trier: momentos de gran cine, episodios dramáticos muy sentidos, secuencias burdas, algunas imágenes con cierto poderío y una línea narrativa que rompe con cualquier estructura preconcebida. Todo lo anterior se puede traducir en una secuencia en la que el personaje de Stacy Martin compite con una amiga para ver quién de las dos tiene más sexo con los hombres que viajan a bordo de un tren, jugando en este caso las miradas y planos cortos, perfectos para exhibir razones, deseos y acciones de los protagonistas, aunque esas mismas imágenes son despojadas de su maestría cuando el director las dota de humor negro, que termina posicionándose en algo más bien de lo cómico absurdo, fallando posteriormente con el uso de gráficos (números superpuestos a los fotogramas, por ejemplo), pareciendo a final de cuentas un conjunto de planos bien ideados —de fondo— aunque puerilmente ejecutados.

La película también tiene elementos rupturistas como algunos cambios de ritmo abruptos, reflejado esto desde el inicio del filme cuando, en medio una secuencia aparentemente calma nos meten música de rock heavy; igualmente, el director nos muestra por varios minutos fotografías de penes de todos los colores y proporciones; asimismo, el diálogo que el cineasta nos plantea entre Gainsbourg y Skarsgård por momentos luce delicioso, basto en reflexiones, pero a ratos cae en la bobería, en el querer manejar un humor sutil a todas luces fallido (esa metáfora de la pesca y de las relaciones sexuales me parece medio tonta); hay también una secuencia en donde aparece Uma Thurman en la que, resentida porque su esposo la ha dejado a ella y a sus pequeños hijos por irse con la joven Stacy Martin, les va a hacer una «escenita» en casa de la segunda, luciendo todo gracia en un  principio pero finalmente fatigando, en una buena escena que fue mal resuelta.

Esta vez no encontré nada de lo «fuerte» que algunas voces decían que Ninfomanía Vol. 1 proyectaba, ni siquiera sentí que por lo menos la película hablara en el fondo de la condición de una ninfómana (quizá en la segunda parte lo haga), pareciéndome una película indefinida por donde se le vea, ostentosa de un halo pretensioso durante casi todo el metraje, una verdadera muestra de inconsistencia de un director que parecía haber tomado buen rumbo pero que, a final de cuentas, se ahoga en sus propias ambiciones de transgresión.

Eso sí, al comparar Ninfomanía Vol. 1 con alguna de las películas con las cuales comparte cartelera, como Godzilla (Gareth Edwards), por ejemplo, la obra de von Trier luce casi como una obra maestra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario