Es
imposible desasociar el nombre de Lars von Trier con el calificativo de
«provocador». De los cineastas actuales, el danés debe ser el favorito de los
cinéfilos transgresores. El director es el enfant
terrible de la baraja de creadores cinematográficos mundiales, un tanto por
su personalidad pero también por la composición su obra.
Tengo
muy claro que Lars von Trier es capaz de lo sublime y de lo más petulante, de
la mayor profundidad y del sopor más agudo. Sin duda es un creador competente muchas
veces rebasado por sus ideas rupturistas. Ha sido capaz de crear dramas tan
sentidos como Rompiendo las olas
(1996) y Bailar en la oscuridad
(2000), pero también experimentos tan raros y molestos del calibre de Epidemic (1987) y Los idiotas (1998). Más recientemente me pareció que la obra de von
Trier alcanzaba una madurez plena, filmando dos obras mayores tituladas Anticristo (2009), un verdadero tratado
sobre la maldad, con imágenes potentísimas, y Melancolía (2011), drama apocalíptico lleno de profundidad y de
belleza formal. Por ello, mi expectativa al ver su más reciente trabajo, Ninfomanía Vol. 1 (Nymphomaniac. Volume 1, 2013), era grande, no obstante que las
críticas en torno a esta cinta tendían a polarizarse.
Ninfomanía Vol. 1
A
manera de prólogo, sintetizo la experiencia que tuve al momento de ir a recoger
mi entrada del cine. Y es que uno de los clientes que se disponía a comprar su
boleto preguntó a la persona de la taquilla «¿qué tal está Ninfomanía», contestando literalmente el empleado de la exhibidora
de películas, sin dudarlo, «muy fuerte, muy, muy fuerte», con lo cual uno como
espectador podría esperarse algo muy grande, más allá de lo bueno o de lo malo
que pudiera ser el producto, toda vez —repito— que las dos más recientes
experiencias que había tenido con von Trier habían sido ciertamente impactantes.
Cabe
aclarar que Ninfomanía Vol. 1 es la
primera parte de un proyecto general completado por Ninfomanía Vol. 2, digamos que es una película que debería durar
cuatro horas totales pero que fue dividida por consigna del director y de los
productores.
En
Ninfomanía Vol. 1 seguimos la
historia de una ninfómana (Charlotte Gainsbourg) que una noche es encontrada en
la calle, tirada y golpeada, por un solitario profesor de origen judío (Stellan
Skarsgård), quien le dará asilo en su casa, lugar en donde la mujer le contará
parte de la historia de su vida, particularmente desde el lado sexual, mezclándose
la conversación con analogías sobre la pesca, la música y la naturaleza (entre
otras cosas). Así, a manera de flashbacks, vemos como el personaje de
Gainsbourg se va descubriendo sexualmente, desde muy niña, pasando por la
adolescencia y hasta la juventud (etapa de su vida interpretada por la
sorprendentemente talentosa Stacy Martin), en un pasado donde toma gran
importancia la relación que llevó con su padre, con su mejor amiga, con sus
compañeros de cama y con quien fue el primer amor de su vida (Shia LaBeouf). Los
recuerdos de Gainsbourg se dividen en cinco capítulos.
Con
Ninfomanía Vol. 1 creo que estamos
ante un resumen de lo que ha sido la
filmografía de Lars von Trier: momentos de gran cine, episodios dramáticos muy
sentidos, secuencias burdas, algunas imágenes con cierto poderío y una línea
narrativa que rompe con cualquier estructura preconcebida. Todo lo anterior se
puede traducir en una secuencia en la que el personaje de Stacy Martin compite
con una amiga para ver quién de las dos tiene más sexo con los hombres que viajan
a bordo de un tren, jugando en este caso las miradas y planos cortos, perfectos
para exhibir razones, deseos y acciones de los protagonistas, aunque esas
mismas imágenes son despojadas de su maestría cuando el director las dota de
humor negro, que termina posicionándose en algo más bien de lo cómico absurdo, fallando
posteriormente con el uso de gráficos (números superpuestos a los fotogramas,
por ejemplo), pareciendo a final de cuentas un conjunto de planos bien ideados
—de fondo— aunque puerilmente ejecutados.
La
película también tiene elementos rupturistas como algunos cambios de ritmo
abruptos, reflejado esto desde el inicio del filme cuando, en medio una
secuencia aparentemente calma nos meten música de rock heavy; igualmente,
el director nos muestra por varios minutos fotografías de penes de todos los
colores y proporciones; asimismo, el diálogo que el cineasta nos plantea entre
Gainsbourg y Skarsgård por momentos luce delicioso, basto en reflexiones, pero
a ratos cae en la bobería, en el querer manejar un humor sutil a todas luces
fallido (esa metáfora de la pesca y de las relaciones sexuales me parece medio
tonta); hay también una secuencia en donde aparece Uma Thurman en la que,
resentida porque su esposo la ha dejado a ella y a sus pequeños hijos por irse
con la joven Stacy Martin, les va a hacer una «escenita» en casa de la segunda,
luciendo todo gracia en un principio
pero finalmente fatigando, en una buena escena que fue mal resuelta.
Esta
vez no encontré nada de lo «fuerte» que algunas voces decían que Ninfomanía Vol. 1 proyectaba, ni
siquiera sentí que por lo menos la película hablara en el fondo de la condición
de una ninfómana (quizá en la segunda parte lo haga), pareciéndome una película
indefinida por donde se le vea, ostentosa de un halo pretensioso durante casi
todo el metraje, una verdadera muestra de inconsistencia de un director que parecía
haber tomado buen rumbo pero que, a final de cuentas, se ahoga en sus propias
ambiciones de transgresión.
Eso
sí, al comparar Ninfomanía Vol. 1 con
alguna de las películas con las cuales comparte cartelera, como Godzilla (Gareth Edwards), por ejemplo,
la obra de von Trier luce casi como una obra maestra.

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