Hace unas semanas escribí
una crítica a propósito del 25 aniversario del estreno de ‘Cinema Paradiso’ (Giuseppe
Tornatore, 1989), una obra que sin duda ha trascendido a nivel histórico-
cinematográfico, a tal grado que fue reestrenada en pantallas de cine comercial
este año. Sin embargo, hay otra película que también cumple un cuarto de siglo
de haber sido presentada al público, un título que quizá no llegó a tener la
popularidad del citado filme italiano, pero que a mi entender es una obra más
redonda y profunda: Sexo, mentiras y
video (Sex, Lies, and Videotape.
Steven Soderbergh, 1989).
Irrumpiendo de la nada, el
cineasta estadounidense Steven Soderbergh escribió un guión en una semana, rodó
en un mes su ópera prima y ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes, al
igual que el Premio del Público del Festival Sundance, entrando como muy pocos
en la esfera del cine mundial de gran relevancia.
Steven Soderbergh es un
director polifacético. En general sus películas no tienen una temática que le
obsesione o alguna correspondencia en las formas que utiliza para contar los
relatos. Es un profesional del cine que lo mismo hace obras tan personales como
aquel proyecto titulado Eros (2004),
en donde al lado de inmortales del cine como Michelangelo Antonioni y Wong
Kar-Wai rueda uno de tres mediometrajes en torno al tema del erotismo, como proyectos
de la industria comercial tan banales estilo Ocean's Eleven (2001); incluso rodando obras de carácter histórico-revolucionario
como Che: El argentino (2008). Eso
sí, siempre mostrando un gran nervio de conocedor del arte de la imagen en
movimiento, sabiendo cómo narrar historias en diferentes claves, para
diferentes públicos y con diferentes objetivos.
Sexo,
mentiras y video
Pese a que la filmografía de
Steven Soderbergh contempla una treintena de títulos a lo largo de 25 años, es
preciso indicar que ninguno de sus posteriores filmes a Sexo, mentiras y video ha alcanzado tal grado de maestría, si bien
ha rodado muchas películas laureadas y de buena manufactura como Traffic (2000) o Erin Brockovich (2000).
Con Sexo, mentiras y video nos presenta la historia de cuatro personas
que, en sus interrelaciones, verán cómo se desmorona aquello que conocen como
realidad cotidiana, entrando a un estado de conciencia tan hondo como
revelador. Ann (Andie MacDowell) es un ama de casa de mediana edad que vive
bajo muchos patrones de recato al lado de su esposo, John (Peter Gallagher), un
exitoso abogado que engaña a su mujer con su propia cuñada, Cinthia (Laura San
Giacomo), una joven extrovertida ninfómana, la antítesis de su hermana. Cierto
día, John invita a un viejo amigo de la universidad, Graham (James Spader),
solitario errante que sufre de impotencia y que encuentra el placer sexual al
ver videos en los que mujeres revelan secretos sobre sus vidas íntimas. Graham
será pues el detonante de este rectángulo pasional en donde saldrán a flote lo
mismo deseos latentes que recuerdos dolorosos, así como afecciones psicológicas
y desenmascaramientos de aquellos que aparentemente llevan una vida recta.
La película es perfecta
desde todo punto de vista. Como toda cinta independiente estadounidense los
recursos de producción son escasos, recayendo la eficacia del filme en las
aptitudes narrativas del cineasta, un Steven Soderbergh que en este caso
demuestra, tanto en su faceta de guionista como de director, una gran capacidad
para utilizar recursos de una narrativa moderna pero sin dejar de pisar el
terreno de lo fundamental, aquello que ha tenido el buen cine desde su
nacimiento: una trama bien cimentada. Esto se ve reflejado desde el inicio de
la película, cuando Ann habla con su psicoanalista sobre sus problemas
conyugales, cifrado su discurso en una fijación mental que tiene por la basura,
al tiempo que sus alocuciones pasan a voz en off mientras los espectadores
observamos imágenes de la infidelidad de su esposo, mezcladas con la llegada
del viajero Graham, en una suerte de prólogo que resultará determinante en la
consecución del filme. Asimismo, la resolución de la historia tiene una serie
de saltos en el tiempo manejados con gran atingencia narrativa, mezclando
imágenes del presente y del pasado con grabaciones hechas en la propia
diégesis.
En el rubro interpretativo,
el cuarteto protagónico da los mejores papeles que les he visto a cada uno en
sus respectivas carreras, exaltando esto la gran habilidad y sapiencia de Soderbergh
para explotar lo mejor de los actores que dirige, un hecho que será constante
en toda su filmografía.
Me parece Sexo, mentiras y video es una bocanada
de aire fresco, una cinta que cumple con todas las exigencias del buen cine,
que tiene momentos en los que se pudiera caer en una honda melancolía pero que
el pulso del director te enmarca en una atmósfera de comedia dramática
inimitable, hipnótica de principio a fin, con unos diálogos exquisitos y una
cámara en permanente precisión.



No hay comentarios:
Publicar un comentario