viernes, 4 de julio de 2014

La obra maestra de Steven Soderbergh


Hace unas semanas escribí una crítica a propósito del 25 aniversario del estreno de ‘Cinema Paradiso’ (Giuseppe Tornatore, 1989), una obra que sin duda ha trascendido a nivel histórico- cinematográfico, a tal grado que fue reestrenada en pantallas de cine comercial este año. Sin embargo, hay otra película que también cumple un cuarto de siglo de haber sido presentada al público, un título que quizá no llegó a tener la popularidad del citado filme italiano, pero que a mi entender es una obra más redonda y profunda: Sexo, mentiras y video (Sex, Lies, and Videotape. Steven Soderbergh, 1989).

Irrumpiendo de la nada, el cineasta estadounidense Steven Soderbergh escribió un guión en una semana, rodó en un mes su ópera prima y ganó la Palma de Oro del Festival de Cannes, al igual que el Premio del Público del Festival Sundance, entrando como muy pocos en la esfera del cine mundial de gran relevancia.
Steven Soderbergh es un director polifacético. En general sus películas no tienen una temática que le obsesione o alguna correspondencia en las formas que utiliza para contar los relatos. Es un profesional del cine que lo mismo hace obras tan personales como aquel proyecto titulado Eros (2004), en donde al lado de inmortales del cine como Michelangelo Antonioni y Wong Kar-Wai rueda uno de tres mediometrajes en torno al tema del erotismo, como proyectos de la industria comercial tan banales estilo Ocean's Eleven (2001); incluso rodando obras de carácter histórico-revolucionario como Che: El argentino (2008). Eso sí, siempre mostrando un gran nervio de conocedor del arte de la imagen en movimiento, sabiendo cómo narrar historias en diferentes claves, para diferentes públicos y con diferentes objetivos.

Sexo, mentiras y video

Pese a que la filmografía de Steven Soderbergh contempla una treintena de títulos a lo largo de 25 años, es preciso indicar que ninguno de sus posteriores filmes a Sexo, mentiras y video ha alcanzado tal grado de maestría, si bien ha rodado muchas películas laureadas y de buena manufactura como Traffic (2000) o Erin Brockovich (2000).


Con Sexo, mentiras y video nos presenta la historia de cuatro personas que, en sus interrelaciones, verán cómo se desmorona aquello que conocen como realidad cotidiana, entrando a un estado de conciencia tan hondo como revelador. Ann (Andie MacDowell) es un ama de casa de mediana edad que vive bajo muchos patrones de recato al lado de su esposo, John (Peter Gallagher), un exitoso abogado que engaña a su mujer con su propia cuñada, Cinthia (Laura San Giacomo), una joven extrovertida ninfómana, la antítesis de su hermana. Cierto día, John invita a un viejo amigo de la universidad, Graham (James Spader), solitario errante que sufre de impotencia y que encuentra el placer sexual al ver videos en los que mujeres revelan secretos sobre sus vidas íntimas. Graham será pues el detonante de este rectángulo pasional en donde saldrán a flote lo mismo deseos latentes que recuerdos dolorosos, así como afecciones psicológicas y desenmascaramientos de aquellos que aparentemente llevan una vida recta.

La película es perfecta desde todo punto de vista. Como toda cinta independiente estadounidense los recursos de producción son escasos, recayendo la eficacia del filme en las aptitudes narrativas del cineasta, un Steven Soderbergh que en este caso demuestra, tanto en su faceta de guionista como de director, una gran capacidad para utilizar recursos de una narrativa moderna pero sin dejar de pisar el terreno de lo fundamental, aquello que ha tenido el buen cine desde su nacimiento: una trama bien cimentada. Esto se ve reflejado desde el inicio de la película, cuando Ann habla con su psicoanalista sobre sus problemas conyugales, cifrado su discurso en una fijación mental que tiene por la basura, al tiempo que sus alocuciones pasan a voz en off mientras los espectadores observamos imágenes de la infidelidad de su esposo, mezcladas con la llegada del viajero Graham, en una suerte de prólogo que resultará determinante en la consecución del filme. Asimismo, la resolución de la historia tiene una serie de saltos en el tiempo manejados con gran atingencia narrativa, mezclando imágenes del presente y del pasado con grabaciones hechas en la propia diégesis.


En el rubro interpretativo, el cuarteto protagónico da los mejores papeles que les he visto a cada uno en sus respectivas carreras, exaltando esto la gran habilidad y sapiencia de Soderbergh para explotar lo mejor de los actores que dirige, un hecho que será constante en toda su filmografía.


Me parece Sexo, mentiras y video es una bocanada de aire fresco, una cinta que cumple con todas las exigencias del buen cine, que tiene momentos en los que se pudiera caer en una honda melancolía pero que el pulso del director te enmarca en una atmósfera de comedia dramática inimitable, hipnótica de principio a fin, con unos diálogos exquisitos y una cámara en permanente precisión.

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