viernes, 16 de mayo de 2014

Una decente ópera prima


Disponerse a ver una ópera prima del cine mexicano supone toda una decisión. Uno asume que si la cinta ya está teniendo su corrida comercial en todo el país, algo significativo debe llevar consigo. Aunque este hecho no te asegura ni siquiera un trabajo de digna manufactura, pues directores «nóveles» como Eugenio Derbez y Gary Alazraki rompieron el año pasado los récords de entradas en el cine mexicano con sus muy importantes tonterías tituladas No se aceptan devoluciones y Nosotros los Nobles (y me atrevo a emplear un calificativo negativo con la de Derbez aún sin haberla visto).

También ocurre que las cintas dirigidas por novatos del cine traen todo un antecedente tras haber conseguido cosas importantes en festivales nacionales o internacionales, pero esto tampoco te garantiza un mínimo de calidad. La más reciente película que vi con estas características se llamó No quiero dormir sola (2012), dirigida por Natalia Beristáin, un título que en su momento llegó a la cartelera comercial luego de haber obtenido el máximo premio en el Festival de Cine de Morelia. El filme, sin ser un desperdicio, me fue totalmente indiferente, con una historia que contar, una técnica depurada pero una narrativa fílmica ausente de toda eficacia.

Los insólitos peces gato

Llegó a cines nacionales la película mexicana Los insólitos peces gato, ópera prima de la directora Claudia Sainte-Luce, misma que trae como antecedente nada menos que haber ganado un premio especial de la crítica en el pasado Festival de Cine de Toronto, uno de los más importantes a nivel mundial.


Los insólitos peces gato nos cuenta la historia de una joven solitaria llamada Claudia (Ximena Ayala), con una vida decadente que se reparte entre la nada y trabajar como demostradora de productos en un supermercado. Una noche cae en el hospital producto de una apendicitis. Ahí conoce a Martha (Lisa Owen) y a sus cinco hijos. Por azares de la vida, Claudia termina en casa de la familia de Martha, descubriendo que esta última padece de SIDA, entablándose así una relación afectiva muy profunda entre las antes desconocidas.

Ante todo debo decir que Los insólitos peces gato es una cinta bien rodada, que posee una técnica cinematográfica de calidad, sin ningún temor a sacar planos de alto grado de dificultad. Incluso vemos un plano secuencia de varios minutos, cuando Claudia llega a la casa de Martha, en un recurso cinematográfico que, pese a lo ostentoso que puede parecer por parte de los directores de cine, acá funciona a la perfección, exaltando la caótica realidad que vive la familia en torno a una enferma con inmunodeficiencia.

A nivel narrativo, la película se tambalea, a ratos sosa y por momentos entrañable, filmada en clave de realismo, consolidándose como una obra inscrita en la comedia dramática.


Ximena Ayala (izquierda) con Lisa Owen

Punto flaco también en el rubro interpretativo.Si bien Lisa Owen (El segundo aire. Fernando Sariñana, 2001) destaca del resto del reparto, bordando su personaje con un oficio que para mí era desconocido, dotando de un escalofriante realismo a ese padecimiento devastador que es el SIDA, aunque también impregnándole una acertada gracia a su papel, su contraparte protagónica luce fallida; Ximena Ayala, en el rol de mujer solitaria y torturada, para nada se muestra empática con uno como espectador, dándome lo mismo lo que pueda ocurrir con su destino. También están los que hacen de hijos de Martha, en calidad de secundarios, una de ellas con cierta gracia pero el resto sin las suficientes tablas como para posar enfrente de una cámara de cine de manera solvente .

La debutante Claudia Sainte-Luce parece haber apostado por formas cinematográficas realistas que se han vuelto recurrentes durante la última década en cierto cine mexicano, aunque con resultados disímiles; desde el nervio cinematográfico magistral de Carlos Reygadas (Luz silenciosa, 2007), hasta la notable inconsistencia de Fernando Eimbcke (Temporada de patos, 2004), pasando por el paulatinamente mejorado discurso fílmico del laureado Amat Escalante (Heli, 2013). Si bien el resultado de Los insólitos peces gato no alcanza la calidad de aquella maravillosa ópera prima documental que filmó la también mexicana Yulene Olaizola, Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo (2008), quizá sí podamos equipararla con otra buena película en términos generales, Norteado (Rigoberto Pérezcano, 2009), filmes que coinciden en tener desniveles notorios, intenciones difusas, una buena escuela en la técnica cinematográfica y un discurso a nivel formal y narrativo que seguramente irá mejorando con el tiempo, pareciéndome en el último de los casos que la película de Sainte-Luce es más digna de verse que la mitad de la cartelera comercial y sus consabidos productos desechables.

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