Disponerse a ver una ópera
prima del cine mexicano supone toda una decisión. Uno asume que si la cinta ya
está teniendo su corrida comercial en todo el país, algo significativo debe
llevar consigo. Aunque este hecho no te asegura ni siquiera un trabajo de digna
manufactura, pues directores «nóveles» como Eugenio Derbez y Gary Alazraki
rompieron el año pasado los récords de entradas en el cine mexicano con sus muy
importantes tonterías tituladas No se
aceptan devoluciones y Nosotros los
Nobles (y me atrevo a emplear un calificativo negativo con la de Derbez aún
sin haberla visto).
También ocurre que las
cintas dirigidas por novatos del cine traen todo un antecedente tras haber conseguido
cosas importantes en festivales nacionales o internacionales, pero esto tampoco te
garantiza un mínimo de calidad. La más reciente película que vi con estas
características se llamó No quiero dormir
sola (2012), dirigida por Natalia Beristáin, un título que en su momento
llegó a la cartelera comercial luego de haber obtenido el máximo premio en el
Festival de Cine de Morelia. El filme, sin ser un desperdicio, me fue
totalmente indiferente, con una historia que contar, una técnica depurada pero
una narrativa fílmica ausente de toda eficacia.
Los insólitos peces gato
Llegó a cines nacionales la
película mexicana Los insólitos peces
gato, ópera prima de la directora Claudia Sainte-Luce, misma que trae como
antecedente nada menos que haber ganado un premio especial de la crítica en el
pasado Festival de Cine de Toronto, uno de los más importantes a nivel mundial.
Los
insólitos peces gato nos cuenta la historia de una joven
solitaria llamada Claudia (Ximena Ayala), con una vida decadente que se reparte
entre la nada y trabajar como demostradora de productos en un supermercado. Una
noche cae en el hospital producto de una apendicitis. Ahí conoce a Martha (Lisa
Owen) y a sus cinco hijos. Por azares de la vida, Claudia termina en casa de la
familia de Martha, descubriendo que esta última padece de SIDA, entablándose
así una relación afectiva muy profunda entre las antes desconocidas.
Ante todo debo decir que Los insólitos peces gato es una cinta
bien rodada, que posee una técnica cinematográfica de calidad, sin ningún temor
a sacar planos de alto grado de dificultad. Incluso vemos un plano secuencia de
varios minutos, cuando Claudia llega a la casa de Martha, en un recurso
cinematográfico que, pese a lo ostentoso que puede parecer por parte de los
directores de cine, acá funciona a la perfección, exaltando la caótica realidad
que vive la familia en torno a una enferma con inmunodeficiencia.
A nivel narrativo, la
película se tambalea, a ratos sosa y por momentos entrañable, filmada en clave
de realismo, consolidándose como una obra inscrita en la comedia dramática.
Ximena Ayala (izquierda) con Lisa Owen
Punto flaco también en el
rubro interpretativo.Si bien Lisa Owen (El
segundo aire. Fernando Sariñana, 2001) destaca del resto del reparto,
bordando su personaje con un oficio que para mí era desconocido, dotando de un
escalofriante realismo a ese padecimiento devastador que es el SIDA, aunque también
impregnándole una acertada gracia a su papel, su contraparte protagónica luce
fallida; Ximena Ayala, en el rol de mujer solitaria y torturada, para
nada se muestra empática con uno como espectador, dándome lo mismo lo que pueda
ocurrir con su destino. También están los que hacen de hijos de Martha, en
calidad de secundarios, una de ellas con cierta gracia pero el resto sin las
suficientes tablas como para posar enfrente de una cámara de cine de manera solvente .
La debutante Claudia
Sainte-Luce parece haber apostado por formas cinematográficas realistas que se
han vuelto recurrentes durante la última década en cierto cine mexicano, aunque
con resultados disímiles; desde el nervio cinematográfico magistral de Carlos Reygadas
(Luz silenciosa, 2007), hasta la
notable inconsistencia de Fernando Eimbcke (Temporada
de patos, 2004), pasando por el paulatinamente mejorado discurso fílmico
del laureado Amat Escalante (Heli,
2013). Si bien el resultado de Los
insólitos peces gato no alcanza la calidad de aquella maravillosa ópera
prima documental que filmó la también mexicana Yulene Olaizola, Intimidades de Shakespeare y Víctor Hugo
(2008), quizá sí podamos equipararla con otra buena película en términos
generales, Norteado (Rigoberto
Pérezcano, 2009), filmes que coinciden en tener desniveles notorios,
intenciones difusas, una buena escuela en la técnica cinematográfica y un
discurso a nivel formal y narrativo que seguramente irá mejorando con el
tiempo, pareciéndome en el último de los casos que la película de Sainte-Luce es
más digna de verse que la mitad de la cartelera comercial y sus consabidos
productos desechables.



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