Las nuevas tecnologías están
condicionando el desenvolvimiento social y los hábitos de las personas que vivimos
la jungla de asfalto. Hoy es sencillo ocupar el tiempo en un sinnúmero de
actividades que no necesariamente implican la interacción entre la gente, pues
a través de una computadora se pueden lo mismo hacer las actividades laborales
que ver una película, leer una novela o comunicarse con personas que estén
ubicadas a kilométricas distancia. La actualidad nos dice que el aislamiento
del hombre es una práctica común.
Sin embargo, en muchas
ocasiones el ocuparse de tal o cual cosa, con la compañía únicamente de un
ordenador, no es más que el encubrimiento de un entorno de soledad, de una
realidad maquillada gracias a los avances científico-tecnológicos que, bien que
mal, menguan la sensación de vacío que puede uno llegar a experimentar en la
vida diaria.
Sobre esta concepción del hombre
moderno, tengo en la mente esa cinta a la que muy frecuentemente termino
remitiéndome, Shame (Steve McQueen,
2011), un relato fílmico que nos hablaba de cómo un hombre adicto al sexo (Michael
Fassbender) mitigaba desde su ordenador algunos deseos y fantasías eróticas,
experimentando la imposibilidad de interactuar en términos sexuales y afectivos
con personas de carne y hueso.
Ella
Quizá el tema del
aislamiento social a partir del desarrollo de las tecnologías no sea
propiamente un tópico que se inscriba en la ciencia ficción, pues es hoy en día
es una realidad. Sin embargo, el cineasta estadounidense Spike Jonze (Donde viven los monstruos, 2009) va más
allá de lo que hoy conocemos como realidad virtual y nos sumerge con Ella (Her, 2013) en un mundo no tan alejado del presente, pero sí con
aires de futurismo en todos los niveles.
La película se centra en el
personaje de Theodore (Joaquin Phoenix), un hombre recientemente separado de su
esposa (Rooney Mara), un tipo que se dedica a escribir cartas para personas que
no son capaces de expresar sus emociones a través de las letras. Theodore vive
en soledad hasta que, un buen día, adquiere un sistema operativo que es capaz
de relacionarse con las personas, a través de una voz por computadora, que se
adapta a las necesidades y gustos de quien lo maneja. Es entonces que Theodore
irá aumentando su dependencia y relación con aquella voz de nombre Samantha
(Scarlett Johansson).
La gran virtud de Ella es que nos habla de muchos temas
con gran sensibilidad, en un tono tranquilo, moviéndose entre lo melancólico y
lo tierno. La cinta lo mismo hace referencia a lo terrible que puede llegar a
ser la soledad, esa muchas veces horrible sensación de irte a la cama sin
compañía, valiéndote sólo de recuerdos que en determinado momento te pueden
apaciguar, así como también hablarnos de la evolución tecnológica, refiriéndose
directamente a lo inquietante que puede ser el hecho de tener que lidiar con la
inteligencia artificial, muy en el registro de los dilemas planteados por Isaac
Asimov en sus relatos de Yo, robot
(1950) y, por supuesto, en la misma lógica de esa obra capital de la
cinematografía llamada 2001: Una odisea
del espacio (Stanley Kubrick, 1968), en donde una súper computadora, «HAL
9000», comenzaba a tomar decisiones autónomas en una misión espacial. Jonze
explora con Ella también terrenos que
tienen que ver con la seducción, el hecho de que una computadora, a través de
algoritmos, pueda conjugar las palabras y los tonos de voz adecuados para poder
satisfacer las necesidades de quien la ocupa.
Avance cinematográfico de Ella
Otro de los aciertos de
Spike Jonze con Ella es su excelente
selección del reparto, así como el trabajo que realizó en materia de dirección
de actores. Por principio de cuentas, creo que propicia el que Joaquin Phoenix
nos dé la actuación más notable de su carrera desde La noche es nuestra (James Gray, 2007), encarnando a un personaje
que si bien comunica el vacío y su sufrimiento contenido, jamás se pasa de la
raya como para quedar en la posición de víctima, siendo Phoenix además un actor
muy proclive a la explosividad y a la sobreactuación (recuérdese The Master, de Paul Thomas Anderson).
También, es muy meritorio que Jonze nos revele el lado más sensual de una
actriz como Scarlett Johansson sin tener que mostrarnos su físico en pantalla,
simplemente utilizando su voz. Qué decir de una Amy Adams que hace de amiga de
Theodore, que pone su hombro como paño de lágrimas, con una naturalidad que
enamora. Y la inquietante Rooney Mara, haciéndola de mujer problemática, aunque
mostrándonos con su breve pero magnética presencia el por qué le es difícil a nuestro
protagonista olvidarla.
En términos generales, Spike
Jonze no es de mis directores favoritos. Tiene una película que agrada
moderadamente, El ladrón de orquídeas
(Adaptation, 2002), en donde se explota
el tema de la falta de creatividad, además de que se hace un enredijo a nivel
narrativo entre ficción y realidad, de una manera más que entretenida. Por otro
lado, también tiene títulos que destilan «rareza» como ¿Quieres ser John Malkovich? (Being
John Malkovich, 1999), con una trama tan particular como que una persona
descubre en un edificio una puerta que lo lleva a habitar la mente del actor
John Malkovich; una historia ciertamente fresca y novedosa, que puede tender a
múltiples lecturas, pero que en su peculiaridad, tanto formal como de fondo,
termina por no engancharme.
Ella es
una película que está plagada de colorido que en ningún momento satura, que va
muy bien con el tono de lo que se cuenta. Es una cinta nostálgica pero que en
ningún momento te destroza. Definitivamente, es lo mejor que le he visto a Spike
Jonze, una cinta entrañable por donde se le vea.


No hay comentarios:
Publicar un comentario