viernes, 28 de febrero de 2014

Tecnología que mitiga la soledad


Las nuevas tecnologías están condicionando el desenvolvimiento social y los hábitos de las personas que vivimos la jungla de asfalto. Hoy es sencillo ocupar el tiempo en un sinnúmero de actividades que no necesariamente implican la interacción entre la gente, pues a través de una computadora se pueden lo mismo hacer las actividades laborales que ver una película, leer una novela o comunicarse con personas que estén ubicadas a kilométricas distancia. La actualidad nos dice que el aislamiento del hombre es una práctica común.

Sin embargo, en muchas ocasiones el ocuparse de tal o cual cosa, con la compañía únicamente de un ordenador, no es más que el encubrimiento de un entorno de soledad, de una realidad maquillada gracias a los avances científico-tecnológicos que, bien que mal, menguan la sensación de vacío que puede uno llegar a experimentar en la vida diaria.

Sobre esta concepción del hombre moderno, tengo en la mente esa cinta a la que muy frecuentemente termino remitiéndome, Shame (Steve McQueen, 2011), un relato fílmico que nos hablaba de cómo un hombre adicto al sexo (Michael Fassbender) mitigaba desde su ordenador algunos deseos y fantasías eróticas, experimentando la imposibilidad de interactuar en términos sexuales y afectivos con personas de carne y hueso.

Ella

Quizá el tema del aislamiento social a partir del desarrollo de las tecnologías no sea propiamente un tópico que se inscriba en la ciencia ficción, pues es hoy en día es una realidad. Sin embargo, el cineasta estadounidense Spike Jonze (Donde viven los monstruos, 2009) va más allá de lo que hoy conocemos como realidad virtual y nos sumerge con Ella (Her, 2013) en un mundo no tan alejado del presente, pero sí con aires de futurismo en todos los niveles.


La película se centra en el personaje de Theodore (Joaquin Phoenix), un hombre recientemente separado de su esposa (Rooney Mara), un tipo que se dedica a escribir cartas para personas que no son capaces de expresar sus emociones a través de las letras. Theodore vive en soledad hasta que, un buen día, adquiere un sistema operativo que es capaz de relacionarse con las personas, a través de una voz por computadora, que se adapta a las necesidades y gustos de quien lo maneja. Es entonces que Theodore irá aumentando su dependencia y relación con aquella voz de nombre Samantha (Scarlett Johansson).

La gran virtud de Ella es que nos habla de muchos temas con gran sensibilidad, en un tono tranquilo, moviéndose entre lo melancólico y lo tierno. La cinta lo mismo hace referencia a lo terrible que puede llegar a ser la soledad, esa muchas veces horrible sensación de irte a la cama sin compañía, valiéndote sólo de recuerdos que en determinado momento te pueden apaciguar, así como también hablarnos de la evolución tecnológica, refiriéndose directamente a lo inquietante que puede ser el hecho de tener que lidiar con la inteligencia artificial, muy en el registro de los dilemas planteados por Isaac Asimov en sus relatos de Yo, robot (1950) y, por supuesto, en la misma lógica de esa obra capital de la cinematografía llamada 2001: Una odisea del espacio (Stanley Kubrick, 1968), en donde una súper computadora, «HAL 9000», comenzaba a tomar decisiones autónomas en una misión espacial. Jonze explora con Ella también terrenos que tienen que ver con la seducción, el hecho de que una computadora, a través de algoritmos, pueda conjugar las palabras y los tonos de voz adecuados para poder satisfacer las necesidades de quien la ocupa.


Avance cinematográfico de Ella

Otro de los aciertos de Spike Jonze con Ella es su excelente selección del reparto, así como el trabajo que realizó en materia de dirección de actores. Por principio de cuentas, creo que propicia el que Joaquin Phoenix nos dé la actuación más notable de su carrera desde La noche es nuestra (James Gray, 2007), encarnando a un personaje que si bien comunica el vacío y su sufrimiento contenido, jamás se pasa de la raya como para quedar en la posición de víctima, siendo Phoenix además un actor muy proclive a la explosividad y a la sobreactuación (recuérdese The Master, de Paul Thomas Anderson). También, es muy meritorio que Jonze nos revele el lado más sensual de una actriz como Scarlett Johansson sin tener que mostrarnos su físico en pantalla, simplemente utilizando su voz. Qué decir de una Amy Adams que hace de amiga de Theodore, que pone su hombro como paño de lágrimas, con una naturalidad que enamora. Y la inquietante Rooney Mara, haciéndola de mujer problemática, aunque mostrándonos con su breve pero magnética presencia el por qué le es difícil a nuestro protagonista olvidarla.

En términos generales, Spike Jonze no es de mis directores favoritos. Tiene una película que agrada moderadamente, El ladrón de orquídeas (Adaptation, 2002), en donde se explota el tema de la falta de creatividad, además de que se hace un enredijo a nivel narrativo entre ficción y realidad, de una manera más que entretenida. Por otro lado, también tiene títulos que destilan «rareza» como ¿Quieres ser John Malkovich? (Being John Malkovich, 1999), con una trama tan particular como que una persona descubre en un edificio una puerta que lo lleva a habitar la mente del actor John Malkovich; una historia ciertamente fresca y novedosa, que puede tender a múltiples lecturas, pero que en su peculiaridad, tanto formal como de fondo, termina por no engancharme. 

Ella es una película que está plagada de colorido que en ningún momento satura, que va muy bien con el tono de lo que se cuenta. Es una cinta nostálgica pero que en ningún momento te destroza. Definitivamente, es lo mejor que le he visto a Spike Jonze, una cinta entrañable por donde se le vea.

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